EE.UU; viernes 10 de diciembre del 2021/agencias.- China sigue siendo el país con más periodistas encarcelados, mientras India y México acaparan el récord de reporteros asesinados, señaló ayer el Comité de Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), y advirtió que el clima para la libertad de prensa se deteriora en el mundo.

En total, 24 periodistas fueron asesinados en lo que va de 2021, de acuerdo con un informe del CPJ, que aún investiga otros casos, en particular en México, con lo que la cifra puede crecer.

En números absolutos, India fue el país más peligroso para el ejercicio de la profesión, con cuatro periodistas asesinados por su trabajo, y otro que perdió la vida en una protesta.

Pero México puede arrebatarle ese triste honor si se confirman los seis casos que están bajo investigación y que se sumarían a tres confirmados, subrayó el CPJ.

Al respecto, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) señaló en otro informe que faltando tres semanas para finalizar el año, las muertes de periodistas en el cumplimiento de sus tareas parecían disminuir este año, al registrar 45 comparado con 65 en 2020. Afganistán encabeza la lista con nueve, seguido por México con ocho, todos asesinatos. India contabiliza cuatro y Pakistán tres.

La creciente intolerancia y persecución contra el periodismo independiente ha llevado a la cárcel a 293 informadores, asegura la organización que ubica a China, que se prepara para albergar los Juegos Olímpicos de Invierno 2022, como el mayor carcelero.

Con 50 periodistas tras las rejas, el gigante asiático lidera la lista que integran Myanmar, con 26; Egipto, 25; Vietnam, 23; Bielorrusia,19, y que completan Turquía, Eritrea, Arabia Saudita, Rusia e Irán.

La organización constata que Hong Kong ha entrado por primera vez en esta dudosa lista, con el encarcelamiento del fundador del Apple Daily, Jimmy Lai, quien este año recibió el premio a la libertad de prensa Gwen Ifill que otorga el CPJ.

Y el número sigue aumentando. Etiopía, en plena guerra civil, se ha convertido en el país con más informadores detenidos en África Subsahariana, después de Eritrea.

“Encarcelar a periodistas por informar es el distintivo de un régimen autoritario”, sostiene el director del CPJ, Joel Simon.

“Es el sexto año consecutivo que el Comité documenta una cifra récord de periodistas encarcelados en el mundo”, lo que refleja, a su juicio, dos hechos incuestionables: que los gobiernos están determinados a controlar y dirigir la información, y que cada vez lo hacen de manera más descarada.

El deterioro es generalizado. En Europa, Bielorrusia, que desvió un vuelo comercial para detener al periodista Raman Pratasevich, tiene 19 reporteros detenidos, el mayor número desde que el CPJ empezó a recabar datos en 1992.

En Bruselas, el director de la FIP Anthony Bellanger advirtió que “el mundo debe adquirir conciencia de la violación creciente de los derechos de los periodistas y las libertades de prensa en todas partes”.

La FIP destacó como “suceso positivo inusual” el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a dos periodistas, la filipina María Ressa y el ruso Dmitry Muratov por su lucha por la libertad de expresión en países donde los periodistas sufren ataques persistentes, acoso e incluso asesinatos.

Rusia tiene 12 periodistas presos y en Filipinas mataron a tres.

Ressa, cofundadora de la página de información web Rappler, y Muratov, redactor jefe del diario independiente Novaia Gazeta, recibirán hoy el Nobel de la Paz en Oslo, Noruega, por su lucha “en favor de la libertad de prensa”.

“La libertad de prensa está amenazada”, declaró Ressa cuando se le preguntó si este premio cambiaría la situación en su país, Filipinas, en el puesto 138 de la lista de libertad de prensa que elabora Reporteros Sin Fronteras .

Ressa, de 58 años, evocó a su compatriota Jess Malabanan, corresponsal del Manila Standard asesinado antier de un disparo en la cabeza. Este colaborador, a su vez, de la agencia Reuters, reportaba sobre la guerra contra las drogas.

Muratov, de 60 años, coincidió con las declaraciones de Ressa. “Si tenemos que convertirnos en agentes de los extranjeros por el premio Nobel de la Paz, lo haremos”, ironizó al hacer referencia al calificativo con el que se acusa en Rusia a los medios críticos del Kremlin.