Por Sergio Mejía Cano
La tauromaquia no es graciosa huida, sino apasionada entrega

La semana pasada apareció en varios medios informativos y portales de internet, que en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México, se había aprobado la iniciativa para prohibir las corridas de toros en dicha ciudad; sin embargo, de inmediato salieron las voces que defienden la tauromaquia, sobre todo de empresarios y desde luego los ganaderos que se dedican a algo que ya debió haber desaparecido desde hace muchos años; aunque el principal pretexto de quienes defienden las corridas de toros, es que se perderían empleos tanto directos como indirectos y, obviamente que qué se haría con los toros de lidia que están en crianza.
Claro que al anteponer la pérdida de empleos es lo que más podría pegar, porque es algo que no se puede negar, pues hay mucha gente que, por varias generaciones ha vivido de la tauromaquia en muchas formas, directa o indirectamente; pero lo toman ya como su patrimonio de casi toda su vida. Sin embargo, esto podría ser algo muy parecido a cuando se defiende a los empresarios e inversionistas de otros rubros que, se aplauden sus inversiones porque “generan empleos”; aunque esos empleos estén fuera de la Ley Federal del Trabajo, y que sus trabajadores sean explotados a un nivel casi de esclavismo, debido a que las autoridades toleran todo esto de que la mayoría de los inversionistas, sobre todo extranjeros, violen las leyes laborales y en ocasiones hasta la misma Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, solamente porque vienen a generar empleos.
O como se ha tolerado a las grandes compañías hoteleras, extranjeras la mayoría que, se les ceden terrenos en donde se construye un emporio turístico expropiándoles sus terrenos a los originales habitantes, en algunos casos dizque por “causa de utilidad pública”; pero que en realidad la utilidad se la llevan esos inversionistas hoteleros y desde luego, las autoridades que otorgaron los permisos de construcción a pesar del daño a la flora y la fauna en que se construyen esos hoteles o espacios de esparcimiento para los turistas; no así para los antiguos propietarios de los terrenos cercanos al Mar, a los que se les dice que se les da prioridad para ser contratados como camareros, meseros y jardineros de los hoteles que ahora están en donde antes esa gente que pasa a ser empleada, sembraba sus parcelas tranquilamente.
Así que el pretexto principal de los que le sacan provecho al asesinato, martirio, burla y tortura de seres inocentes que ningún daño le hacen a la humanidad, es el de que en caso de que se llegaran a prohibir las corridas de todos, mucha gente quedaría desempleada, pero el problema es que posiblemente a los empresarios taurinos y ganaderos eso de que mucha gente quede sin trabajo les tenga sin cuidado, porque lo que defienden en el fondo son sus ganancias, así sea derramando la sangre de seres vivientes a los que ningún humano tiene derecho a quitarles la vida, bajo ninguna circunstancia y claro, alguna vez de uno que otro torero o rejoneador y hasta los pobres caballos que utilizan para el sacrificio de los toros que ninguna culpa tienen por haber nacido toros y que por eso los tengan que martirizar, torturar y asesinar con la complacencia de gente que hasta aplaude la muerte de un ser viviente.
Y a propósito de muerte, se supone que la mayoría de los aficionados a las corridas de todos son creyentes de alguna religión, y en una de ellas, están diez mandamientos que se dice, dichos creyentes están obligados a cumplir dichos mandamientos, y precisamente en el quinto mandamiento se señala claramente el “NO MATARÁS”, así que, para esta gente creyente de determinada religión que les indica que no matarán, entonces ¿en dónde queda este mandamiento para esta gente, y desde luego para los

determinada religión que les indica que no matarán, entonces ¿en dónde queda este mandamiento para esta gente, y desde luego para los toreros y rejoneadores que, se ha visto que se persignan antes de entrar al ruedo?
Cuando se trata este tema con alguien que aprueba la también llamada “fiesta brava”, aduce de inmediato que en los rastros matan a los toros de peor forma que dizque luchando en el ruedo; sin embargo, es esta fiesta no se le dice al toro que lo van a matar cruelmente, y no es que el toro sea asesino ni que embista por naturaleza, no, sino que lo único que hace es defenderse de acuerdo a sus instintos y protección de domino; pero no porque en cuanto vea a una persona se le deje ir nomás porque ya amaneció.
Y por desgracia, hay quien dice que es “un arte” asesinar de esta forma tan cruel a los toros, y que no es graciosa huida, sino apasionada entrega.
Sea pues. Vale.