Por Sergio Mejía Cano

Ojalá y la ley de amnistía le haga justicia a infinidad de presos de ambos sexos

El 11 de diciembre de 2019, la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Amnistía, y el 20 de abril de 2020, también fue aprobada por el Senado de la República, por lo que varias entidades del país la han estado aprobando; aunque desde luego, con sus especificaciones muy claras, detallando claramente para quién sí y par quién no aplicará esta ley que proporcionará la libertad a posiblemente infinidad de presos que, en realidad, no deberían de estar dentro de un reclusorio.

Ya tiene tiempo que se ha documentado que la mayoría de las cárceles del país han rebasado la cantidad de presos para las que fueron diseñadas, y que, por esto, prácticamente se han convertido en focos de alarma en cuanto de que, en cualquier momento podrían surgir motines a su interior provocando con esto muchos problemas no nada más para los internos, sino para toda la sociedad en general y desde luego, también para los gobiernos de los tres niveles.

Así que ahora los presos que no estén conformes con su estancia dentro de un penal podrán apelar, de acuerdo a esta ley y solicitar así su libertad siempre y cuando cumplan con los requisitos para poder obtener su libertad, casi en forma inmediata en caso de que cubra los requisitos que exige dicha ley de amnistía.

Sin embargo, las autoridades no nada más podrían esperar a que los mismos presos hagan sus solicitudes, porque se entiende que deben de tener archivos que especifiquen por qué está una persona recluida, por lo que, aprovechando que tal vez haya gente en los juzgados o los ministerios públicos que no estén haciendo nada, que los pusieran a revisar los expedientes de los internos; y desde luego también funcionarios públicos que, en determinado momento se den un tiempo para revisar expedientes, para así, agilizar la libertad de los internos y así, despresurizar más rápido los penales que están a reventar, convirtiéndose en barriles de pólvora que, en cualquier momento podrían estallar.

Desde siempre se han escrito novelas y hecho películas que hablan sobre presos que permanecen ilegalmente en las cáceles y, obviamente, también que están dentro por no tener dinero para pagar algún abogado o porque si los defiende un abogado de oficio, muchas de las veces, estos se encargan de exprimir a los familiares exigiéndoles cantidades de dinero supuestamente para aceitar las maquinarias de la libertad, que dizque para el juez, para el agente del ministerio público, que para los custodios, etcétera; sin embargo, ahora gracias al nuevo sistema de justicia penal y oral, se dice que los leguleyos poco a poco se han retirado porque ya no pueden corromperse y corromper como antaño en donde los más afectados eran los mismos presos y sus respectivas familias.

Están también los presos de origen autóctono, indígena que, por no poder hablar con fluidez el idioma español, no se saben ni se pueden defender y que, por lo regular, muchas de las veces no se les hace caso dejándolos en el olvido dentro de las mimas cárceles durante tanto tiempo, que posiblemente haya llegado el día en que ni los mismos presos de las etnias del país, sepan ya por qué están encarcelados.

Y es muy probable que, en los penales del país se pueda aplicar aquello de que “ni están todos los que son ni son todos los que están”, porque podría haber gente que, por robar un mendrugo de pan, unas tortillas o cualquier tipo de robo por hambre y que esté pasando años de reclusión por ello, y que en la calle anden tan campantes personas que han robado millones y ni quien les diga nada; por lo contrario, tal vez hasta se les considere a muchos de estos ladrones como grandes empresarios, inversionistas, excelentes visionarios o políticos emprendedores de altos vuelos, etcétera.

Claro que hay ladrones y rateros que han tomado este oficio como modo de vida, pero no por romanticismo ni nada de eso, lo que sí podría ser posible, es que hoy en día esté gente encerada en una cárcel por haber robado por hambre, por necesidad y desesperación al no tener otra salida para poder alimentar a su familia y no conseguir trabajo ya sea por no haberlo o por no tener la capacitación suficiente o simple y sencillamente por ser discriminado precisamente por pertenecer a una etnia y no poder expresarse con facilidad.

Cuántas veces no se ha documentado que apresaron a una señora o a un señor en una tienda departamental o de conveniencia y que, por eso, pasan varios años encarcelados; siendo que, muchas de las veces, dentro de la cárcel aprenden muchas y mejores mañas.

Sea pues. Vale.