RIGOBERTO GUZMÀN ARCE
DICIEMBRE
Llega al termino de su tiempo inventado por la civilización, un año más, y pronto nuestra mente se pone a recordar como un disco duro, los momentos más intensos que quedarán en nuestra memoria. El año 2021 se termina y sigue la pandemia, pero también deseo escribir de dos situaciones que quedan en mi corazón y en la columna registrada.
Ya está escrito en mi historia, la relación con el equipo Atlas, antes conocida como La Academia, por lo excelso del trato al balón. En mi último libro Pelo Largo cuento mis alegrías y lágrimas por los ” amigos del balón”. Después me trasladé al León, dos años al Atlas y dos al León, luego me encantó el juego rítmico entre Hugo Sánchez y Cabinho y muchos más. Después de 70 años el equipo rojinegro logra ser campeón de nuevo y se cubre una deuda con mi niñez. Me imagino ahorita de 13 años, estuviera llorando toda la noche del domingo y cientos de sollozos de satisfacción en un enredo de años y emociones. Antes del partido y después de quedar en segundo lugar de la tabla y eliminar con autoridad y excelente orden a Monterrey, Pumas y perder con León 3 a 2, existía una atmósfera de júbilo, de destino anunciado. Brotaron más atlistas en mi terruño y me daba gusto, sentirse campeones no es tan sencillo. El Atlas es otra cosa, es mística y pasión, es perder más que los triunfos. Basta ir a presenciar un partido en el Estadio Jalisco para darse cuenta. Es una filosofía popular. El partido intenso y los escalofríos llegaban cuando se terminaba el primer tiempo. Las porras, el teclado que arenga, la furia rojinegra. Quince largos minutos de presagios, intensos, ¿y si no gana el Atlas? Uf, mejor ni pensarlo. Llega el gol, Rocha y el estruendo. Falta otro más. En el escenario de los sueños y pesadillas la división es un segundo, un toque, pero nada. A lo Atlas, a tiempos extras, más dosis de agonía no se bajan ni con sorbos de cerveza. ¡La serie de los penales! En ese instante me detuve para recordar a los aficionados que no vivieron este momento, quedó su camiseta colgada en la ceremonia espiritual, recuerdo a mis amigos, y me encomendé a la zigzagueante suerte. Los nervios a todo volumen. Fusilamientos. Se acierta, se falla, se estrecha más el filtro de la calidad, los porteros en su expresión más solitaria en el campo de fuego. Falla León, sigue el Atlas… Furch y retumba: campeones. En los hogares atlistas emociones a raudales, tantos años acumulados, desvelos, burlas, desdén, desesperación. No se puede creer, pero es cierto. Viendo cómo otros equipos se coronaran, que otros adicionados gritaran con su bandera. No se puede creer, pero es cierto: Atlas campeón. Felicidades de verdad.
Estos días agitados de cuerpo y alma, pocas veces he visto un Ixtlàn de ajetreo, en la Navidad pasada era de confinamiento, pero desde hace una semana se desbordó la ciudad en tráfico y peatonal. Aceras y comercios activos. Estuve filmando Charlas Callejeras con Espíritu Navideño, y entregamos bolos, juguetes y pelotas, después participé en entrega de cenas navideñas para familias que necesitan, de igual manera un grupo de amigos decidimos obsequiarle a don Memo, Guillermo Hernández Venegas, un triciclo nuevo, de trabajo, su herramienta eficaz, debido a la necesidad por reemplazar el que tiene ya en condiciones complicadas. Agradezco a Bertha Jaime, Ramón Cortés, Alejandro Ornelas, Alejandra Hernández Venegas, los hermanos Siordia, Antonio y Pedro, y su servidor. Fue complicado guardar el secreto, para que don Memo no se diera cuenta. Iniciamos con la contribución fuimos a Coppel para encargarlo, el gerente amigo nos descontó el diez por ciento, después recibir el producto, ir por el, armarlo, esconderlo para que el amanecer del 25 fuera de sorpresa, filmarlo en vivo como un homenaje a don Memo por lo servicial que es desde que llegó hace seis años a Ixtlàn. He tenido muchas emociones que hay veces no comprendo cómo aguanto tanto, mi espíritu me pide paz y amor y es la energía que me hace seguir en esta andadura comunitaria. Ya viene los tiempos del año nuevo. Estoy recordando a los que sufren una pérdida en estos días y me conmueven. Sé vivir y sentir la vida de los demás.