POR: RIGOBERTO GUZMÀN ARCE


FINAL Y PRINCIPIO

Último amanecer, mañana, mediodía, tarde y noche de una hoja del calendario que está a punto de romperse. Me ha fascinado y deprimido el paso del tiempo. ¿¡Ya dónde vamos!? Muchos poetas le cantan y lloran, recuerdo a Borges, a Emilio Pacheco. Cada vez cuesta tanto digerirlo, también tengo presente a Neruda. ¿Cuántos años han pasado? Los objetos, los cuerpos en la transformación atómica desde los orígenes y sigue la cuenta en el engranaje universal. Mañana será un año nuevo, pero seguirán las dificultades, los retos, la vida es de resolver problemas. Tiempo de renovación de promesas, lo que se cumplió y no se realizó. Los presagios acechan. Seguimos en peligro de pandemia.
Aquí llevo ya 744 escritos de un diario que inició aquel primero de marzo del 2019 en un viaje a Talpa de Allende, presento el resumen de las semanas y meses, de lo que me duele, de lo que me gusta, de lo que me aqueja, lo que me hace soñar. Tengo melancolía, busco tener paz en esta vorágine, tranquilidad en esta velocidad social. Saldrá mi libro once, precisamente la memoria del año 2000. En el año que termina pude lograr el equilibrio que se requiere, el conocer nuevas sensaciones, saber y sentir el amor en sus enriquecedoras formas. Seres humanos maravillosos en lo cotidiano, la poesía terrenal llena de versos por los besos, de claridades por saber de tu existencia. Es tan mágico y real. Aquí estoy con mi escrito en esta mañana aunque tenga algunos problemas para conciliar profundo el sueño, no me quejo; para los que disfrutan y los que sufren, toma mi mano para que sientas mi corazón. El 2022 viene con toda tu alma. También evocar a los que no llegaron a la cita de la ceremonia del advenimiento de un nuevo año, los recuerdos de nuestros seres queridos, los que amamos con ternura. Les deseo un tiempo de bendiciones que cumplan sus ilusiones y proyectos, de corazón. Resulta lindo que seamos pasajeros, que hayamos sido afortunados de compartir la travesía de la vida juntos.
De niño no estaba ni siquiera en la imaginación, ni en los miedos, vivir en la escalofriante cifra 2022. La vida era una dulzona rutina, los adultos en sus menesteres y nosotros mortificados por el regreso a clases después de la Navidad sencilla y de la ceremonia sin aspavientos del nuevo año, con muchos abrazos. Vernos en la casa de mi abuela Lupe, primos y primos y pocos juguetes. Un año nuevo de aquellos eran de mucho frío y las chamarras de con Las Perlas o La Tienda de los Pobres, recuerdo una negra. Así era el ir y devenir. El tiempo se nos vino encima. Muchos que conocí ya no están, quedan varios y están recluidos en sus casas, los cuidan sus familiares. Hay una generación que les encanta el estruendo, lo dinámico. Compaginar lo viejo y lo nuevo, caminar también entre ellos. Ayer fue primero, un sábado de cielo azul como hoy domingo de claridad. Inicia nuevo calendario y promesas a granel. En los portales y plazas los últimos momentos antes de regresar a la normalidad. La variante Òmicron acecha, estar precavidos. En las dos últimas semanas del 2021 la comunidad quería divertirse. Yo viví en un perfil bajo, buscando la tranquilidad, filmé lo elemental y procuré no acongojarme ni deprimirme. Entender a la sociedad y escuchar a mi corazón. He transformado mi engranaje de vida, busco mi esencia que sea una sentida y bella canción del alma. Equilibrio. Siempre busco que nos vaya bien a todos. Un lindo abrazo para ti, que sigues mis publicaciones: felicidad 2022, el reto de ser felices y amar al prójimo.
Soñador, romántico, aventurero, así me recordé y me vi, de camisas estilo mao y pantalones de pana y mezclilla, pelo largo y poemas en mis manos y en mis ojos, escribiendo un diario, sentir la música y conocer la maravillosa alegría de la mirada verde, cuando estaba transmitiendo en vivo el día de ayer en El Rosario municipio de Amatlán de Cañas. Allí estuve entre mis recuerdos, el chavalo que eligió ser profesor, seguir por el ejemplo de mi madre la maestra Lola. Aprendí a impartir, coordinar a los jóvenes a razonar y tener pasiones como el ajedrez, el teatro. Fueron meses estrujantes, de plenas actividades, allí conocí el amor, la amistad y una trayectoria que me ayudó tanto a construir los cimientos de lo que vendría. Por eso quiero a este pueblo, sus callejones, los personajes, barrios y colonias, los puentes, las estrellas y las noches de melancolía. Se conjugan los tiempos y todo se vuelve relativo. Allí nos juntamos los dos, el incipiente joven y el amoroso de hoy. Nos dimos un abrazo y me fui suspirando despacio en el martes cuatro de enero. Mi mejor regalo del 2022.