LOS TIEMPOS IDOS

     AL DÍA DE HOY. Es de reconocerse el trabajo que se está realizando por parte de las autoridades estatales y municipales para contener el embate de la pandemia. Pero por otro lado, resulta insuficiente el esfuerzo y la dura restricción que se impone a los comerciantes, si tercamente una parte la ciudadanía sigue haciendo caso omiso respecto al uso del cubrebocas y la sana distancia. Mucha gente de plano se niega a protegerse, y lo que es peor, sale de pleito con quienes le piden acate las disposiciones sanitarias. Así cómo vamos a salir adelante. A los pobres comerciantes los traen como se dice coloquialmente, de la cola, les clausuran sus negocios, les hacen que les suba el azúcar y la bilirrubina, y todo para que la gente tan campante siga en la calle como si nada. Nayarit está en semáforo rojo y son muy pocos los que estamos haciendo conciencia del problema de salud, el esfuerzo lo debemos hacer todos. Para colmo de males, los políticos ya andan del tingo al tango posicionando “veladamente” su imagen pública, cuando lo principal debería ser darle propaganda a los cuidados para evitar el covid. Oiga, según lo que he sopesado, para el próximo tiempo de elecciones no tendremos caras distintas en los aspirantes a la gubernatura de Nayarit, lo que augura otro atraso en el desarrollo de la entidad. Vendrán como se ha hecho costumbre, los contubernios, las traiciones, y la falta de identidad de los políticos y partidos, las mentiras y los falsos redentores de la mal llamada democracia mexicana, ésta donde traga más pinole el que tiene más saliva, y ganan los que traen más dinero en el bolsillo… LOS TIEMPOD IDOS. De mi Tepic de antaño tengo muy gratos recuerdos, de cuando los domingos por la tarde acudía con mi familia a cenar a un restaurant ubicado por la avenida México entre las calles Mina y Miñón, muy cerca del Palacio de Gobierno, y a la altura de la Iglesia del Carmen. Eran los famosos Chupamilto; no sé por qué les decían así a los propietarios de este negocio instalado en una casona antigua de adobe, pero lo que sí recuerdo bien eran sus deliciosas comidas mexicanas, los tamales, las tostadas, y el riquísimo pozole de puerco que era la especialidad de la casa. Que apetecibles recuerdos.  Hace treinta y tantos años la mayoría de la gente en nuestro pequeño Tepic, aparte de realizar sus cotidianas tareas, tenía una especial costumbre, llegar a casa por las noches para encender el televisor (de bulbos) y requemarse, por decirlo de algún modo, la telenovela que estaba de moda. Melodramas televisivos que luego al día siguiente eran el comentario en las oficinas, en los negocios y hasta en las escuelas, pues los inquietos muchachos de aquel entonces también estaban acostumbrados a ver las llamativas telenovelas que sus padres disfrutaban, como una forma de distracción nocturna en una ciudad provinciana que no ofrecía muchos espacios de distracción, como no fuera el cine, o las visitas a los parques públicos. En aquellos tiempos las figuras del espectáculo más conocidas eran la señora Verónica Castro, con su telenovela “Los ricos también lloran” y Lucía Méndez con su “Colorina” una telenovela que alcanzó un enorme éxito. Definitivamente los realizadores de la televisión de los años 80s supieron captar la idiosincrasia del pueblo mexicano para plasmar en sus historias las vivencias de la sociedad, de tal modo que cada televidente se sintiera identificado con los personajes que parecían arrancados de la colonia o el poblado donde se vivía. Dicen que el fenómeno de éxito telenovelero, entre otras muchas cosas, sirvió para mantener a la vasta ciudadanía ocupada, mientras la economía mexicana se desmoronaba durante la gestión del gobierno del entonces presidente don José López Portillo. Nadie imaginamos que los villanos políticos de ese nefasto sexenio escribían su propia historia de abuso, una telenovela de terror, pues saquearon a manos llenas a una indefensa nación que tenía muchos problemas con los índices de marginación y pobreza. En los ochentas, Nayarit vivía su propia historia cultural y política con la etapa final del ex gobernador Rogelio Flores Curiel, y la llegada de don Emilio M. González, al Palacio de Gobierno, un sexenio en el que no hubo grandes obras para el estado, pero si una afable cercanía con toda la gente a quien se le ayudó mucho. Desde entonces don Emilio ha sido recordado con respeto y cariño. Volviendo al tema; como le digo, las telenovelas marcaron época en la vida pública de este país, tanto es así, que aquellas figuras artísticas de la televisión, a su avanzada edad, siguen teniendo vigencia en el gusto de la respetable audiencia. Hoy son otros tiempos; la tecnología, la comunicación, el internet y las plataformas digitales, indudablemente indican nuevas maneras de hacer televisión, la vida ha cambiado drásticamente, y así también nuestro Tepic está inmerso en un mundo que se transforma vertiginosamente. Pero, qué bonito es recordar el ayer de la capital de Nervo, un tiempo en el que no había más preocupación que la de llegar en la noche a ver la novela, aunque fuera en la casa de la abuela. robleslaopinion@hotmail.com