EL ESTADO “ADULTO” II

Por Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

Con la aparición de los segundos dientes, las neuronas del cerebro de los pequeños continúan madurando, razón por la cual es cada vez mayor la influencia del razonamiento y del análisis de las situaciones. Ese proceso de maduración continúa hasta la salida de las muelas cordales, que aparecen, aproximadamente entre los dieciocho y los veintiún años de edad. A las muelas cordales también se les llama muelas del juicio. En esa edad concluye el crecimiento del adolescente. Se dice que ya es una persona completa, pues ha dejado de crecer.
Cuenta la leyenda que a las cordales se les llamó muelas del juicio, porque cuando una persona era juzgada por algún delito, la aparición de estas muelas indicaba el rigor con el cual debería ser considerado el caso. Cuando existían estas muelas el acusado era considerado adulto y por lo mismo el rigor de las penas correspondía al rigor que se debía establecer sobre las personas adultas. Si no existían esas muelas, se consideraba que era un adolescente y por lo mismo las penas eran de menor rigor.
Por otra parte, la sabiduría de los siglos ha puesto en evidencia que a partir de los segundos dientes, comienza una nueva etapa de maduración de las actividades cerebrales. Por ejemplo, a partir de esa edad las tradiciones religiosas católicas han convenido en aceptar la celebración de la primera comunión. Esta primera comunión supone la capacidad de los niños de arrepentirse, por los pecados que hayan cometido.
También alrededor de la aparición de los segundos dientes se suele comenzar la enseñanza tanto de la lectura como de las matemáticas. Generalmente en muchos países se comienza en esas edades la etapa escolar de los pequeños.
Alcanzar la plenitud del estado “adulto”, significa que a través de una visión objetiva, se tiene la capacidad de analizar con serenidad la realidad y el entorno de una forma racional y lógica. Esta plenitud incluye las respuestas que emiten quienes la han alcanzado. Las personas maduras siempre se conducen conforme a lo que más les conviene, de acuerdo a sus circunstancias.
Sin embargo cuando un observador avisado analiza las formas de reaccionar de gran cantidad de personas en edad adulta, puede llegar fácilmente a la conclusión de que muchas, están muy lejos de poseer esta plenitud. Por ejemplo, Hay un famoso programa intitulado “Caso Cerrado”, que permite observar las formas de reaccionar de cientos de protagonistas, que proyectan formas de comunicación, muy alejadas de esta plenitud de madurez.
Muchas de las discusiones y discordias entre las personas evidencian formas de conducirse, que se encuentran muy lejos de llegar a actuar conforme a lo que más conviene. Muchas de estas discordias se presentan en personas que por su edad, se podría considerar que deberían actuar con cordura y sensatez. Y sin embargo no lo hacen. Es fácil advertir muchas discusiones y disputas, en las cuales los contendientes se gritan simultáneamente sin escuchar con serenidad los argumentos del interlocutor. Posiblemente gran cantidad de divorcios y de pleitos en donde en ocasiones se ha llegado hasta el homicidio, son consecuencia de este tipo de discusiones irracionalmente irreflexivas.
Se puede generalizar que este tipo de altercados y de griterías evidencian, que quienes se conducen así, se puedan catalogar como personas altamente inmaduras. Esta inmadurez evidencia que obviamente, el estado adulto no gobierna sus acciones.
Lo que suele suceder en gran cantidad de casos, es que tanto el estado “padre”, como el estado “niño” son los que gobiernan la conducta de quienes se gritan mutuamente sin escucharse. Cuando el estado “niño” es el que gobierna, las formas de comunicarse se encuentran cargadas de emociones. En el caso de que el estado “padre” está gobernando, la rigidez de los argumentos evidencia una falta de análisis, razonamiento, y flexibilidad.
El grado de madurez se puede observar, cuando con serenidad, el estado del “yo” que gobierna las intercomunicaciones, es el estado adulto. Es posible advertir que una persona altamente madura, puede llegar a cambiar el estado de excitación, de quien alterca irreflexivamente contra él. La manera sensata de lograrlo es mediante la emisión de preguntas inteligentes, que conducen a que el interlocutor se motive a razonar.
En otras palabras la persona madura emite preguntas inteligentes, que invitan al interlocutor a pensar. Cuando se logra que la otra persona comience a razonar, se facilita que su conducta emocional e irreflexiva comience a cambiar.
Algunos especialistas asocian la plenitud del estado adulto con un procesador de datos. Un robot íntegramente organizado y programado para pensar y actuar de una forma eficiente y ecuánime. Un procesador, que analiza de forma analítica las emociones y el sentir tanto de sí mismo como del interlocutor. La plenitud del “adulto” genera respuestas de medida justa, sin dejarse influir ni contaminar, por los otros estados del “yo” que funcionan de forma paralela, tanto en el protagonista, como en su interlocutor.
En este punto es importante reflexionar que aunque la información contenida en el los estados del “yo” sea incorrecta, no se han eliminado esas grabaciones, que permanecen en el cerebro de los protagonistas. Las grabaciones malas o buenas tanto del estado “padre” como las del estado “niño”, generadas en la primera infancia, permanecen siempre registradas en sus cerebros. Sin embargo la persona madura puede decidir no reproducirlas.
Cuando el “adulto” descubre que algunas de las reacciones que tiene, como producto de grabaciones de su primera infancia no son convenientes, puede tomar la decisión de bloquearlas. También tiene la capacidad de producir nuevas reacciones cuando se presentan nuevos estímulos que las evocan. Producir este tipo de nuevas reacciones es a lo que comúnmente se le denomina “reprogramarse”. Las personas maduras se reprograman.