Por: Carolina Beltrán Mata

La emergencia sanitaria global, así como su subsecuente crisis económica, han exacerbado las ya existentes desigualdades sociales. Para algunos, la pandemia por coronavirus sólo significó un par de cambios en sus planes, un inconveniente incluso. Pero para muchos otros, la situación actual pone en total riesgo su vida.
Centroamérica es una región fuertemente marcada por la violencia y la marginación. En cuestión de un par de décadas, el territorio ha sido origen de un exilio masivo de ciudadanos que buscan a toda costa conseguir una mejor vida. Sin embargo, para llegar hasta Estados Unidos los centroamericanos se enfrentan a incontables adversidades, son víctimas de abusos de toda índole a lo largo de su paso por México.
Tras la llegada de la contingencia sanitaria, ellos han sido afectados significativamente, se dice incluso que ha habido un abandono total por parte de las autoridades, además, el apoyo que recibían en ayuda humanitaria ha sufrido severos retrasos. La mayoría de los albergues en toda la república han sido cerrados, se dedican exclusivamente a brindar alimentos a quienes los necesitan, sólo pudieron dar refugio a quienes tuvieron la suerte de llegar a ellos antes de la pandemia. Incluso, muchos de quienes ya se habían establecido en México y se dedicaban a la actividad informal perdieron sus empleos, algunos de ellos se encuentran en situación de calle.
Más allá de esto, las medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos han hecho aún más difícil la situación, tras el inminente cierre de sus fronteras, se adoptó la política de “Remain in Mexico”, lo que básicamente provocó que cientos de familias tanto de migrantes como de solicitantes de asilo se quedaran varadas en el país. Además, durante los primeros meses del confinamiento, las autoridades norteamericanas comenzaron el operativo de deportaciones masivas y exprés, dejando al gobierno mexicano a la expectativa, se temió incluso de posibles brotes en el traslado de los migrantes deportados.
Estas políticas en conjunto con el cierre de albergues y despido de trabajadores se ve dinamitada por la falta de infraestructura que existe en los refugios. Los migrantes han pasado entonces a ser quizá la población más vulnerable bajo esta realidad. Es imposible olvidar que la mayoría de los centroamericanos vienen huyendo de la violencia. Ellos no han dejado de migrar, su mundo no se ha parado, sin embargo, su camino se ha vuelto aún más difícil.
Hoy en día, tras el contundente resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los migrantes no ven este hecho como un suceso trascendental, ellos mismos afirmaron que, ganara quien ganara, ellos seguirían cruzando. Aún así, se tiene la expectativa de que al haber ganado Biden, las políticas migratorias futuras serán menos severas. A pesar de esto, no hay que olvidar que la crisis económica y social que la pandemia ha traído genera y generará grandes flujos migratorios. Es necesario entonces contemplar un posible reajuste de los procesos que ya existen.
Uno de los sucesos más significativos durante la contingencia fue la caravana migrante que se dio a inicios de octubre. Ante esta situación el presidente López Obrador declaró que “México no caería en la provocación ante el paso de migrantes”, sugiriendo que el asunto era una especie de acto politizado en el marco de las elecciones estadounidenses. La realidad es que la caravana fue convocada desde Honduras por redes sociales debido al aumento en el desempleo y la inseguridad. Así, a Guatemala entraron aproximadamente 3,000 personas, las autoridades de ese país giraron la orden de detener y deportar. Se usaron tácticas como los escudos humanos de mujeres y niños para evitar ser reprimidos. México y Estados Unidos tenían las mismas órdenes. Para inicios de noviembre la caravana ya había llegado al sur de nuestro país, por lo menos lo que había quedado de ella tras los trabajos de contención del gobierno guatemalteco y del mexicano. Hoy en día se sabe que vienen dos más en camino.
No obstante, aún se teme por la militarización de la frontera Estados Unidos- México, más allá de esto, nuestro país está incapacitado para recibir una ola de migrantes y refugiados. Aún así, se sabe que los procesos migratorios se irán complejizando. La migración en grupo trae sus ventajas, aún cuando se sacrifica la “invisibilidad” de viajar solos. Todavía no hay datos concretos de este flujo, pero se sabe que la mayoría de los migrantes planeaban irse de todos modos.
En este sentido, en las mismas fechas se publicaron datos acerca de la deportación irregular de más de 200 menores sin acompañamiento entre los meses de marzo y junio por parte de las autoridades norteamericanas. Aún cuando hay una investigación de fondo, México negó tener datos al respecto.
Es necesario entonces que este cambio de gobierno permita una apertura a acciones afirmativas en el tema de migración forzada, las cuales tengan como prioridad el respeto de los derechos humanos y la dignidad humana de los migrantes. Para ello, son necesarios esfuerzos en conjunto de Estados Unidos, México y toda Centroamérica.