EL CAMBIO DEL GUIÓN DE LA VIDA II

Por Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

Como se dijo en el texto anterior, en un momento dado una persona puede llegar advertir que los resultados de lo que hace, transitan en sentido diferente a sus propósitos y sueños. También puede detectar que su caminar tiene un sentido contrario al del cambio de personalidad que anhela. El dilema es tratar de descubrir las causas que dificultan, para Alcanzarlo. Una vez descubiertas las barreras que impiden su superación debe darse, permiso para superarlas.
En función de las inconsistencias encontradas, puede comenzar a plantearse los diferentes tipos de permisos que es necesario que se dé a sí mismo. Como ejemplos de permisos que se puedan tomar para reprogramarse están los siguientes:
Permiso para cambiar. Para crecer psicológicamente. Para tener éxito. Para conseguir logros. Para cometer errores. Para iniciar proyectos. Para disfrutar. Para encontrarle sentido a su vida. Para ser uno mismo. Para tener y expresar sus sentimientos. Para tener y expresar pensamientos e ideas propias. Para convivir emocionalmente cerca de otros. Para cambiar su posición existencial. Para validar su propia sexualidad (ser de mi sexo). Para tener intimidad. Para tomarse el tiempo que se requiera. Para ser asertivo. Para relacionarse libremente. Para amar. Para ser competente.
Por ejemplo, si a una persona muy tímida se le dijo: “Nunca le pidas nada a nadie”, un permiso podría ser comenzar con pedir pequeños favores. Para poder hacerlo el protagonista antes de pedirlos, se puede repetir varias veces al día, mensajes como el siguiente: “Yo puedo pedir ayuda cuando la necesito”. Con la repetición estará grabando una nueva versión del viejo mandato.
La prueba de que sus nuevos intentos de grabación han fructificado se detecta, cuando es capaz de pedir libremente estos pequeños favores. Al principio va a ser difícil hacerlo. Pero con la práctica poco a poco se irá rompiendo esta pequeña barrera psicológica. Cuando una persona intenta darse un permiso que va en contra los registros de su primera infancia, su “niño adaptado sumiso” tiende a asustarse. Por lo mismo suele presentar resistencia para hacerlo.
Alguien que tenga grabado un guion de perdedor, podría estar viviendo y repitiendo constantes fracasos y frustraciones cada vez que trate de hacer algo nuevo. Para solucionar sus barreras psicológicas, cada persona puede llegar a advertir que dentro de sus múltiples grabaciones tiene muy arraigados uno o varios tipos de impedimentos personales. En muchas ocasiones sus mandatos, sus creencias, o el mismo viejo guion de vida como un todo, son los que lo obstaculizan.
Antes de un replanteamiento total, que conduzca a tratar de cambiar su personalidad, el protagonista a manera de ejercicio puede iniciar tratando de implementar pequeños cambios, congruentes con lo que se haya planteado.
El acierto de esos pequeños permisos, fortalecerán su confianza para intentar cambios más trascendentes. Puede comenzar haciendo cosas muy simples. Por ejemplo, alguien que no pueda dar caricias positivas, puede arrancar comenzando a darlas. Inicialmente va a ser muy difícil hacerlo con naturalidad.
Con la repetición, poco a poco se irá conformando un nuevo set de grabaciones, que paso a paso, se irán consolidando como su nueva forma de actuar y de ser. No es fácil, que le pueda decir a de primas a primeras a una bonita muchacha “Qué bonita que eres tú”. Las primeras veces que lo haga, aquellos que lo escuchan pueden llegar a pensar que se trata de una falsedad. Posiblemente quien la reciba también puede llegar a sentir que se trata de una lisonja.
Con la repetición se comienzan a reforzar esas nuevas grabaciones. Es un proceso que queda registrado a manera de nuevos “auto mandatos”. Al dar muy seguido caricias positivas, va a llegar el momento en que las llegue a dar de forma natural y espontánea. Con la práctica, cada vez que emita este tipo de estímulos, van a ir cobrando autenticidad.
Otro ejemplo de pequeños cambios es cuando alguna persona es muy tímida, consecuencia del mandato “no seas”. Si se esfuerza y comienza a tratar de hablar en público, la experiencia poco a poco a manera de entrenamiento va a ir disminuyendo la potencia del viejo mandato. Esto se puede comparar con las personas que comienzan a correr. Con el entrenamiento cada vez serán capaces de correr mayores distancias.
Con la repetición exitosa de experiencias, que a manera de entrenamiento permitan vivir nuevas formas de actuación que se haya planteado, el protagonista comenzará a aumentar la confianza en sí mismo. Por esa vía, un pequeño permiso puede aumentar su potencia sanadora.
Esta confianza es el punto de partida para pensar en una reformulación total de su guion. Como se dijo en el artículo anterior, cada protagonista debe tratar de conocer sus deficiencias personales, y a partir de ese conocimiento iniciar el proceso de darse permiso para superarlas.
Si no tuviera tan claras sus limitantes, podrá comenzar por redactar y leer muchas veces al día, preguntas como la siguiente: “¿Qué me limita para ser un verdadero triunfador?”. Si a esta redacción le da lectura unas treinta veces al día, en proporción a su repetición, cargada de sentimiento o emoción, el cerebro le va a responder, tal y como funciona el Exocet, ya comentado en textos anteriores. Probablemente esta respuesta vaya a aparecer durante el sueño.
Cuando se haya advertido, que si es posible un cambio total del guion de vida, mediante la experiencia de éxito en pequeños cambios, logrará más fácilmente un cambio total de personalidad, si encuentra un método para lograrlo. La mayoría de los libros de superación proporcionan algún método. Si después de un tiempo de seguir con fidelidad, el método escogido no ha funcionado, pues simplemente se busca otro. Muchos éxitos en este proceso de búsqueda. (Continuará).