Crónicas pandémicas

Por: Luis Fajardo Velázquez

Asunto 1
Estamos a unos días de terminar el año que quizá sea el más anormal de nuestras vidas. Mientras me encontraba en Tepic ( por la pandemia tuve que regresar a mi ciudad natal) recuerdo que todo lo relacionado con la pandemia se veía como muy lejano e irreal. Erróneamente pensaba que los gringos, los rusos o los chinos se encargarían de encontrar una cura y de erradicar todo mal (confirmo que no todo lo que vemos en las películas de Hollywood es necesariamente real). Lo que me propongo para esta columna es una reflexión pandémica respecto a los cambios en la vida escolar.
Como ya lo señale líneas arriba hasta mediados de marzo todo parecía ir medianamente bien. Tenía yo una rutina establecida: La escuela, como foco principal de mis actividades, era en lo que invertía casi todo mi tiempo. De ahí las actividades propias del departamento y luego disfrutar una amena plática con la dueña de una lavandería sobre P. Sánchez o ir a comer elotes junto a Liverpool. Eso, y la compañía, me hacían muy feliz.
Creo haber regresado a Puebla a finales de marzo. Vi la ciudad muy cambiada – y eso que apenas nos habíamos ido en enero- aunque las condiciones de mi regreso no eran las más favorables.
Nunca he sido muy fan de la tecnología, todavía me gusta escribir y trabajar con lápiz y papel. Las clases las tuve (tuvimos) que retomar con unas “aplicaciones” que en mi vida había escuchado hablar. Además otro detalle no menor para mí era siempre estar pendiente del inicio de las clases pues en Puebla vivimos en el “futuro” (tenemos el horario del centro de país).
Acostumbrarme a ver a ms compañeros y profesores a través de la computadora al principio fue algo curioso. Compartíamos -sí- el tiempo, pero el espacio físico se había transformado en espacio virtual. Es complicado seguir los tiempos de las clases en línea. Uno se distrae con mucha facilidad y a veces es complicado continuar lo que nos dice nuestro interlocutor por las fallas de sonido, luz, etc.
Para este último semestre que recién concluye las cosas siguieron en la misma tónica. Uno debe estar súper pendiente de todo lo que pasa y acostumbrarse a estar desde la cosa o la oficina.
En esa misma sintonía tuve otro “encuentro” con la tecnología. Debido a que (casi) no salgo de casa tuve (tuvimos) que acostumbrarnos a las aplicaciones para pedir comida a domicilio.
Me parece muy loable el trabajo de los muchachos repartidores. Hacen lo que pueden con lo que tienen. Es decir, a pesar de ser trabajadores independientes ( si es que a eso se le puede llamar un trabajo formal), lo realizan con una gran actitud y servicio.
De pronto ya me encontraba – más que nunca en mi vida- viviendo en un mundo tecnológico al que nunca pedí entrar.
Lo cierto, es que este año me ha dejado muchas enseñanzas.
Creo que debo de mejorar mucho mi empatía. Tengo la mala costumbre de considerarme muy importante y a sentirme el “ombligo” del universo. Y la pandemia nos ha enseñado – a la mala- la brevedad de nuestra existencia.
Algunas personas dicen que incluso en estos tiempos deberíamos rendir como si nada pasara pues todas las sociedades se han enfrentado a diferentes contingencias. Es muy difícil aseverar algo así pues nos encontramos en tiempos novedosos. Y en estos tiempos debería haber más gente tratando de ser útil y no tratando de ser importante a lo tonto.
Esperemos que tiempos futuros nos traigan mejores cosas.
Por cierto, ¿usted que aprendió durante este año? ¿Cuáles o quiénes son las prioridades en su vida?
Asunto 2
Parece que la pandemia sigue para arriba. Por favor cuídese a usted y a los suyos. No salga si no tiene nada que hacer en la calle. Use cubrebocas y tenga (tengamos) mucha fe que pronto todo acabará.
Hasta pronto.
luisefeve@hotmail.com
Luis Fajardo Velázquez