Por: Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

EL CAMINO AL ÉXITO I

Una pregunta interesante para analizar, es si es justo repartir cinco refrescos entre cinco personas de la siguiente manera: darle cuatro refrescos a una persona, y repartir el refresco que queda entre las cuatro restantes. Alguien puede pensar que es injusto repartir de esa manera. Sin embargo, lo que aparentemente es injusto, es el tipo de distribución que se observa en la gran mayoría de las organizaciones humanas. Se le conoce como el principio de Pareto. Este principio es lo que se suele encontrar en la gran mayoría de los universos.
El principio de Pareto menciona algo como lo siguiente: el 80% de las consecuencias se derivan de 20% de las causas. También se conoce como la “regla 80/20”. Esta forma de distribución se puede describir diciendo, que en todo universo siempre hay unas pocas causas, del orden de un 20 %, que influyen en un alto porcentaje, aproximadamente en un 80 %, sobre las características del universo.
Un ejemplo de este tipo de distribuciones aparentemente injustas, es un ejército. En las fuerzas armadas existen generales, coroneles, mayores, capitanes, cabos, sargentos y soldados rasos. El 20 % de los integrantes de las fuerzas armadas son los que tienen un grado superior al de soldado raso. Este 20 % es el que tiene algún grado de mando. Los que tienen mando, gozan del 80 % de los privilegios y beneficios que otorgan las fuerzas armadas. El 80 % restante, los denominados soldados rasos, gozan de únicamente el 20 % de los beneficios que se pueden alcanzar en la organización. Los soldados rasos no tienen ningún tipo de mando.
Descartando a los soldados rasos, solo un 20 % de los miembros que tienen algún grado de mando corresponde a miembros del ejército que tienen un grado superior al grado de cabos y sargentos. Ese rango son los denominados oficiales. Los oficiales reciben el 80 % delos privilegios y beneficios que otorga el ejército a los que tienen mando. El resto, los cabos y sargentos son el 80 % restante, que solo recibe el 20 % de los privilegios y beneficios que pueden obtener los que dirigen a otros.
Siguiendo esta secuencia, una persona analítica puede advertir que finalmente dentro del ejército, solamente un 20 % de los altos oficiales corresponde al grado de general. Estos generales reciben el 80 % de los privilegios y beneficios que corresponden a los altos oficiales.
Lo que se quiere resaltar es que en toda distribución, siempre hay un 20 % del 20 % anterior, que se beneficia en un 80 % de todo lo que es posible obtener a ese nivel, y que el ochenta por ciento que resta, solamente alcanza un 20 por ciento de los beneficios.
Cualquier organización humana que se analice es igual. Por ejemplo, Una corporación trasnacional de fabricación tiene jerarquías. Estas jerarquías comienzan por el presidente ejecutivo, el gerente general, los gerentes de área, los jefes de departamento, los supervisores y finalmente los obreros.
En los deportes sucede lo mismo. Por ejemplo, en fútbol solamente un 20 % o menos de los que juegan, están afiliados a una asociación. De estos solo un 20 % o menos reciben dinero como deportistas profesionales. De estos deportistas profesionales, solamente un 20 % o menos, son aquellos que juegan en primera división. De los jugadores de primera división, solo un 20 % o menos son elegidos para ser convocados a la selección nacional. Siguiendo la secuencia,, solamente un 20 por ciento o menos son aquellos que finalmente son llamados para los grandes clubes del extranjero.
Una iglesia tiene este mismo tipo de distribuciones. Por ejemplo, en la iglesia católica existe el papa, los cardenales, los obispos, los arzobispos, los sacerdotes y más abajo los fieles que se congregan.
Ante ese tipo de distribuciones, una persona analítica y sensata se puede formular a sí misma, dos planteamientos:

  • El primero es decirse: “¿En qué parte de la distribución me encuentro respecto al beneficio que más me interesa recibir, dentro del universo al que pertenezco?”.
  • La segunda es plantearse “¿Qué puedo yo hacer para ubicarme dentro del grupo del 20 % de las personas, que gozan de la mayoría de todo lo bueno que deseo y que ofrece este universo, si acaso no me encuentro dentro del mismo?
    La respuesta no es fácil. Sin embargo se puede reflexionar que el hogar, es el lugar en donde los padres pueden sembrar la semilla del “éxito”. Es allí en donde el pequeño tiene la oportunidad de comenzar a visualizar los distintos universos y sus jerarquías
    Es también allí en donde el infante puede comenzar a elegir el universo al cual desea y puede llegar a pertenecer. También es allí en donde se le puede inculcar el deseo de superación. El deseo de crecer en ese universo que se haya elegido. También es allí en donde el pequeñito puede comenzar a visualizar los posibles caminos para ascender dentro de ese universo. Naturalmente que para poder enseñar ese camino, los mismos padres tienen que tener una visión acerca de cómo hacerlo.
    No se inicia una escalada, si no se tiene una visión del punto al cual se quiere llegar. Tampoco se puede escalar con éxito, si no se tiene el deseo intenso de hacerlo. Los padres son aquellos que pueden sembrar en sus hijos estas ideas, de manera que los infantes, en la medida en que van creciendo, puedan fortalecer ese deseo de superación. El esfuerzo, es la lucha por la vida. Quien lo desea con todo su corazón, estará dispuesto a hacer esfuerzos y pagar el precio del “éxito”. Son los padres los que pueden plantar en los corazones de sus hijitos ese deseo.