PROFUNDIDADES

Por Rigoberto Guzmán Arce

Uno de los personajes del populoso y nostálgico Barrio de los Indios, amigo de mi padre, falleció en este viernes en los tiempos inciertos. Cada vez que perdemos a un conocido, siento más profundo mi pasado y un fragmento de corazón se lo lleva los vientos de la nostalgia. Manuel Meza, conocido mundialmente como El Güero Canelo, hijo de Lucio Meza y Emilia Bernal; taxista e intérprete de las canciones de Javier Solís, era tanta su afición de cantante que en su auto de alquiler traía casetes del gran cantor de baladas y era un beneplácito oír su afinada voz imitando fielmente a Javier Solís. Pasaba tantas horas en su trabajo que sentía tranquilidad ir cantando. Uno de los pocos que recordaban a mi padre y en varias ocasiones conversamos sobre su amistad, aquel Ixtlàn, el de un pueblo provinciano. Me decía profesor, pero también Chiquila, así le decían a mi padre. Desde niño llegaba a su casa de la Moctezuma para cenar, su esposa vendía rica cena y los domingos era tradición. En uno de los viajes en su taxi, el famoso número 15, me contó ampliamente su vida, lo difícil que fue trabajar desde niño, creo que un señor lo contrataba de peón y evocaba sus tiempos, cuando inicio en la bebida y cuando la dejó. Me preguntaba por mis tíos, y luego seguía cantando. La última vez que me subí en su auto fue de Ahuacatlán a la ciudad, me dejó en la esquina de la Abasolo y Moctezuma. Todo un personaje, infaltable estaba en la serenata a la Virgen de Guadalupe, amante del boxeo y el futbol. Hace años lo invité a cantar en aquel bello festival Navidad a todos en la plaza y se puso nervioso por tanta gente convocada. Era un disfrute escucharlo. Mi pésame para su señora Elvira Becerra Quintero, sus hijos: Héctor Ramón, Martha Alicia, Juan Manuel, Beatriz y Antonio.
En una ocasión, estaba parado atrás de su taxi y le dije: hola Güero; me detuvo y me dijo: profe, no me diga Güero, Güero hay muchos, dígame Canelo, porque sólo uno hay y ese soy yo. Hasta siempre amigo.
Los días y semanas, los meses se tornan más largos. Queremos que la medida del tiempo nos resuelva las cosas que sufrimos. Esperamos como sucedió en el año 2020, que ya pasara para sentir la esperanza que todo cambie, en este nuevo 2021, porque lo que estamos viviendo hay veces que queremos no creerlo. Hay tanto de qué narrar, cuántas historias, los dramas en cada instante, el obituario se incrementa, los nacimientos y fallecimientos, el agobio. Las redes son la catarsis, el catalizador de emociones, de los miedos que nos vuelven agresivos, otros con empatía con los demás.
Un mes corto, con bajadas y subidas de clima y emociones. Lo cubre un día que puede parecer extraño o ridículo, para muchos o pocos, también encantador o cursi, dulzón o aventurero. No pasa desapercibido, el 14, me gusta el número. Para los amigos o enamorados es un torbellino para el beso, el abrazo, la caricia, la flor, el chocolate, la estrella, la luna …es regalar. Hay a favor o en contra. Que se inventó para vender productos, que el comercio, bla, bla…es vivir y dejar vivir. Algunas veces es el símbolo, el lindo detalle…el poema. Así es febrero, también el de la Bandera, la Constitución. Sencillamente no pasa desapercibido. Tengo la fortuna, la enorme fortuna de encontrar seres de luz y me fortalece tanto no imaginan cuánto.
Desperté y la sensación entre lo agitado de los sueños y una fecha agradable. Un sábado dónde llega Pancho a entregarme Realidades de Nayarit, se ha convertido una linda costumbre. Salgo a unos pendientes y capturo algunos lugares de travesía nostálgica y comparto mismo espacio, dos tiempos. Me doy cuenta que el pasado era más hermoso, aunque no se tuvieran los avances tecnológicos. Solicito información en la Caja Popular y camino por la Aldama, veo a un amigo poniendo vitropiso a su cochera, le hablo y como resorte se levanta para invitarme a que vea fotografías gigantes del tiempo lejano que bastan algunos segundos para tenerlo aquí en la conversación tan interesante de Hugo, alias El Cuchillo. Gesticula y me da los nombres de tantos que muchos fallecieron con sus nombres y apellidos. Siento escalofríos por la vorágine que nos consume. Un dolor en el pecho al evocarlos, se sabe la mayoría de los que están quietos en las imágenes, jóvenes, con sus sueños y el futuro promisorio.
Tengo una semana tan fuerte, intensa, emocional y era hasta entendible que me pasen estos encuentros. Me he convertido en concentrador de sentimientos, de ideas, opiniones, que hay veces es reconfortante y otras veces, desgastante.
Ya me faltan dos capítulos al décimo libro Pelo Largo y el lunes continúo, se requiere traspasar artículos de periódico a Word. Quizás lo mande a imprimir y lo voy a ir ofreciendo con demasiada precaución o simplemente lo tendré en las cajas esperando la oportunidad de mejoría comunitaria.
Es la tarde y estoy en la guarida, debo de estar optimista, seguir dándonos alientos, querernos, la vida se gasta rápido y quedaremos como estás fotografías.