Había una vez unos hermanos que estaban enfadados de estar encerrados en casa sin poder ir a Vallarta ni a los delfines porque en la calle había coronavirus.

Los niños se llamaban Aldo y Natalia y siempre que su papá llegaba el viernes de trabajar le pedían que por favor los llevara a San Blas, porque tenían muchas ganas de ir a la alberca y a la playa.

Entonces, a sus papás se les ocurrió una buena idea: ¡comprar una alberca para Aldo y Natalia!

Y así fue, los papás de Aldo y Natalia fueron a comprarles una alberca grande para que pudieran divertirse nadando en casa.

Aldo y Natalia ayudaron a inflar la alberca porque estaba muy grande…y mientras la inflaban se dieron cuenta de que tenía unas sillitas adentro que podían inflarse y desinflarse como si fuera mágica.

Mamá y papá les explicaron que tenían que cuidar el agua de la alberca pues no podían llenarla a diario para no desperdiciar agua, así que Aldo y Natalia cuidan mucho su alberca mágica para poder nadar en ella siempre que quieran. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Autora: Natalia.      Edad: 4 años