*”Nos meten en una nevera y nos interrogan”, relatan los niños

México. Martes 25 de mayo del 2021.- (Agencias). Estados Unidos tiene un vasto sistema de centros de detención repartidos por todo el país, que albergan a más de 20.000 niños migrantes. Una investigación especial de la BBC descubrió denuncias de que mantienen las salas a bajas temperaturas, de la existencia de enfermedades, negligencia, piojos y suciedad, a través de una serie de entrevistas con niños y personal de los centros.
Era medianoche en el Río Grande, el imponente río que forma la frontera entre Texas y México, y las luces comenzaron a destellar en el lado mexicano. Se podían escuchar voces en la oscuridad. Aparecieron unas figuras, se metieron en una pequeña balsa y comenzaron a cruzar el río.
Cuando la balsa apareció en el lado estadounidense, los rostros de los migrantes se hicieron visibles. Más de la mitad de ellos eran niños. Durante marzo y abril, más de 36.000 niños cruzaron a EE.UU. sin la compañía de un adulto. Este fue un récord en los últimos años.
Muchos niños que viajan solos emprenden su viaje con la esperanza de reunirse con uno de sus padres que ya se encuentra en EE.UU. Más del 80% de ellos ya tiene un familiar en el país, dice el gobierno estadounidense.
El presidente Joe Biden ha abierto la frontera a los niños no acompañados que buscan asilo, flexibilizando un poco la política del expresidente Trump de rechazar a los migrantes por la covid-19.

Los niños treparon por las orillas, exhaustos. Dos primos jóvenes se tomaron de la mano. Otro joven, Jordy, de 17 años, dice que había huido de Guatemala por temor a las bandas violentas que operan allí.
Pero esta noche, estaba asustado por lo que podría esperarle en los centros de detención de migrantes en EE.UU. Dice que había escuchado historias acerca de ellos. “Nos meterán en una nevera y nos harán preguntas”, aventura.
Las llamadas “neveras”, notorias entre los migrantes, son cuartos o cubículos extremadamente fríos en las instalaciones de procesamiento de migrantes de la Patrulla Fronteriza de EE.UU.
A Jordy le dijeron que se uniera a una fila con otros niños. Los guardias de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, por sus siglas en inglés) les estaban quitando los cordones de los zapatos y los cinturones a los niños, un proceso generalmente reservado para los presos para evitar que intenten quitarse la vida.
Jordy y los otros niños fueron trasladados en autobús por la noche. Debían unirse a más de 20.000 niños migrantes que están detenidos en EE.UU., en una serie de extensos campamentos en todo el país. Al menos 14 de estos centros son nuevos.

A fines de marzo, el CBP publicó perturbadoras imágenes que mostraban condiciones de hacinamiento dentro de una instalación particular que opera en Donna, Texas: una masa de enormes carpas blancas que se ciernen sobre la pequeña ciudad. La instalación fue diseñada para albergar a 250 personas, pero albergaba a más de 4.000 en su momento de máxima ocupación.
A los periodistas no se les ha permitido hablar con los niños que están adentro. Por eso, hemos estado rastreando a los niños que han sido liberados, para averiguar sobre las condiciones en los sitios de detención de EE.UU.
Ariany, de diez años, que cruzó sola a EE.UU., pasó 22 días detenida esta primavera, la mayoría de ese tiempo en el campamento de Donna. Estaba hacinada en un cubículo de plástico, al igual que muchos otros niños, desde pequeños hasta adolescentes, envuelta en una manta de emergencia plateada.
“Teníamos mucho frío”, dijo. “No teníamos dónde dormir, así que compartíamos colchonetas. Éramos cinco niñas en dos colchonetas”.
Ariany finalmente se reunió con su madre, Sonia, a fines de marzo.
Había pasado los datos de contacto de su madre a funcionarios estadounidenses que pudieron localizarla. Sonia había huido de Honduras hace seis años con su hijo debido a la violencia de las pandillas, dejando a Ariany, que era demasiado joven en ese momento para hacer el viaje, con su hermana mayor.
Cindy, de 16 años, también detenida en Donna esta primavera, cuenta que había 80 niñas en su cubículo y que ella y la mayoría de los niños estaban mojados debajo de las mantas, debido a las tuberías que goteaban.
“Todos nos despertamos mojados”, explica. “Dormíamos de lado, todos abrazados, para mantenernos calientes”.
Varios niños, entre ellos Ariany y Paola, una joven de 16 años que también fue liberada de Donna, le dijeron a la BBC que les daban comida vencida, podrida o no cocida correctamente.
Nos dijeron que muchos niños se pusieron enfermos.
“Algunas niñas se desmayaron”, contó Jennifer, que tenía 17 años en el momento de su detención.
Algunas niñas de Donna podían ducharse una vez a la semana, pero otras dijeron que no se ducharon durante varias semanas seguidas. Paola tenía dificultades para vivir con la suciedad.
“Comencé a sentir que me picaba la cabeza y me di cuenta de que no era normal. Me revisaron la cabeza y me dijeron que tenía piojos”.
Con los niños comiendo y durmiendo en espacios reducidos, los cubículos rápidamente se volvieron insalubres. Ariany, de diez años, dice que los guardias amenazaban a los niños si no mantenían limpias sus abarrotadas habitaciones.
“A veces nos decían que si estábamos haciendo mucho lío, nos iban a castigar dejándonos allí más días”, recuerda.
Por la noche, dicen los niños, las carpas se llenaban con el sonido del llanto.
“Todos llorábamos, empezando por los más pequeños. Había bebés de dos años o de un año y medio, llorando porque querían a su madre”, cuenta Cindy.
Paola dice que trató de ayudar a los más pequeños, pero también le preocupaba que ella misma nunca pudiera reunirse con su madre.