ESTAMOS TODAVÍA EN PRIMAVERA

Por Rigoberto Guzmán Arce

Por los nuevos avances y descubrimientos estamos en la encrucijada de romper la idea de que nos enamoramos gracias o por culpa del corazón y lo nuevo, la alternativa de la estructura del cerebro como si fuera la electricidad que enciende nuestros mejores sentimientos. Una sustancia se segrega en nuestras cortezas cerebrales y por eso estamos eufóricos cuando nos llega completo el amor y nos sentimos lo mejor del mundo y sólo tenemos ojos para esa mujer maravillosa y los demás son borrosos para nuestra vista periférica. Nos parece una belleza oír su voz, rozar sus labios, acariciar la piel. Un arte de amar. La atracción física en su mayor resplandor gracias a nuestra fiel aliada la testosterona. La oxitocina se va muriendo porque ya no segrega y después de ser homos sexus: “te veo tan cerca y permanente, cómo te alteras y agitas mujer de mar. Descubro carnalidad en esas noches intensas. Excitada y juguetona que ante la menor provocación, expulsas por orgasmos de altas mareas…peces de colores. Siento arder mis besos por los tuyos, en el murmullo placentero del encuentro, danzas amorosas de cuerpos unidos. Mis labios temblorosos se alargan en tus pechos tiernos recién sentidos y desnudos como una flor temprana, en medio natural de mis deseos ensalivo saliva tuya, muerdo tu lengua, la piel interior de tus labios agitados y jugosos, sentirte dilatada ante cualquier gesto o mordedura en la gota caliente que perturba. Tendones y costillas, tus muslos separados, fundirme enredado con las manos y hervimos juntos a fuego lento. En la agonía de las líneas de tus formas, aprieto todo para nacer de nuevo, apenas te mueves ondulas tu cuerpo completo, donde escribí con el semen amoroso la siempre y nueva frase te amo en un amanecer tibio lleno de trenes”. Me hurgo y preocupado en noches de vela, mi sueño vuela como si fueran mariposas negras con su estela de llanto y dolor ante el río de ausencia de agua sexual. Vienen delicadas, concentradas en mi cuerpo y alma sin cabalgadura, sin escudos ni espadas, la crucial manifestación de los cinco sentidos. Viene suave con una canción linda, me cambia la carne y los huesos por el despertar de algo nuevo y bonito: el erotismo.
En cada letra de tu nombre y en cada mirada tienes manantial de estrellas cuando el pelo alcanza tus hombros desnudos. Todo es descubrimiento desde el caminar hasta los movimientos tenues como el nacimiento de la luz en tus dedos, en tu risa y es fulgor encantador como el amanecer tibio de tus mejillas. En tus manos un nido de palomas y en tu pecho una canción de amor donde abundan corazones. Tu piel encantadora, tus palabras tienen el sonido de campanas al salir el sol como la respiración del Universo. Y luego viene tu voz pregonando ternura y sentimientos nuevos, son tus sueños lindos y dulces cuando vas al horizonte de mariposas, cuando remarcas las horas con tu forma de luna. Un ser hermoso que a través de cada día y en cada flor y cada noche representas el poema de amor que faltaba sentir y escribir en esta vida.
Lindura de mujer, el fuego en cada poro, tu piel de hoguera y los elementos de la luna emergen desde tus delineadas formas de tus noches silenciosas, las profundidades de tus recuerdos cuando los senderos no tenían la luz y tus mundos eran de aromas, de vastedad, sentías el advenimiento de la claridad y tus palabras brotaron del corazón como agua brillante y nacieron lentamente como el amanecer entre campanarios y palomas. Elevaste tu sonido de hermosura y titubeante develaste lo bella que eres porque fuiste esculpida por las manos de Dios, de las plegarias, de la conjugación de tus sueños que tus pasos fueron precisos y la fortaleza de tu alma en la suprema manifestación por vivir, tejiste con tu cuerpo las ilusiones, tu cabellera y sus hemisferios fueron guía para mis ojos, y recorría con mi mirada la plenitud, tu risa, el rostro de reina coronada de pájaros y hierbas olorosas a juventud. Lindura de mujer, recorrer cada centímetro es como sentir el cielo aunque no te toque, aunque las caricias queden enredadas en mis dedos, tenga amasijo de insomnios, de tus labios rojos como capullos, tengo intenso mi corazón para quererte.