RIGOBERTO GUZMÀN ARCE
CANTO UNIVERSAL

Ha regresado con cierta delicadeza y huraña, no esconde la mirada, pero no sonríe tanto. La luna ha regresado, sigue enigmática e inocente, sus silencios me estremecen, es la luna azul de mis horas que clarifica mis noches inciertas y desgaste emocional, me ve venturoso, pero le duele y se decepciona de los versos callados del poeta, no conjugué esta vez mis metáforas como arco iris. Desde hace algunas tardes y noches se escondía, la buscaba en el incipiente destello bajo el puente, los árboles y desde la montaña, pero turbia, indecisa, lejana. Buscaba admirarla y con un simple gesto, el suspiro infinito, la combinación de sus colores, la noche sonora en mi corazón palpita a pesar de los temblores en mis ojos y en mi palabra. No hay reproches de mi parte, ella herida, no busco equivocarme, ella lo cree así y mi alma se agita y me duele. Si es necesario pedirle perdón, soy capaz de seguirla de rodillas. Hay un silencio en su mirada brillante y aquí está cubriendo mis tristezas, la tengo en mis ojos, siento sus manos y me enciende como el origen del fuego, siento su magia y la respiración es lenta y luego se incrementa hasta perderme en el horizonte para sentir su presencia, tenerla, vivirla, el amor abunda cuando estás aquí y ahora. Amor mío, luna única, aunque seas eterna. Siento tu regreso.
Desde el amanecer su aleteo y sus cantos, recuerdo a Colorina. Ya se están llenando los balcones, vigas, refugios de nidos de golondrinas, la nueva generación viene, el verano se acerca y nos estamos contagiando de esa felicidad de renovación. Me gustaría escribir tanto de mis conexiones, de mis procesos y la verdadera admiración porque pronto me llegan imágenes profundas para mi consuelo. Aquella casa de mi abuela Lupe, entre árboles y golondrinas, negras y amarillas, famosas entre los tejabanes, era mi normalidad. Después llegaron los viajes y versos, intensidades y travesías, las golondrinas de Bécquer, mis cantos en soledad en busca de ellas. El amanecer de trinar, doña Victoria y sus poemas desde esa casa de Moctezuma, entre la lluvia y el amor. Oconahua como una flor prohibida, un durazno salvaje, aromas ardientes y el pelo al viento. Ya en mi tierra de barro y obsidiana la visita de mi bella golondrina de esperanza en mi relato de pasión cuando el corazón estrujado era mi cielo para ti y cada día un peldaño que significaba. En mis momentos de tristeza basta sentir el vuelo, el viento que te trae a mi balcón del alma para volver a empezar.
Primero la paloma tiene varios días que canta triste y nostálgica, me invade un sentimiento de angustia y ausencia. De por sí estoy triste por el giro del destino y la paloma me invita a remediar la situación, me pide evocaciones porque siempre pienso que es el alma de los que se fueron suspirando por su terruño. Entonces me recuesto por momentos en la mañana y en la tarde me resguardo y busco que nadie interrumpa en este acto mágico, especial e íntimo. Desde hace años me gusta la canción Paloma de Julio Iglesias, aunque termino llorando y cantando. Son aquellos años donde mi madre niña ayuda a sembrar a su padre Miguel en las orillas de Hostotipaquillo y siempre escuchaba la paloma, me impregnó de esa historia para que nunca la olvidara. También llegan los truenos porque todo el día hizo un viento horrible, feo, y casi cuando se va la tarde cae una llovizna hasta más triste se me hizo. Así estos dos elementos se reunieron en un miércoles realmente extraño. Ya están cayendo más fuertes las gotas de la nostalgia y mi pobre corazón se siente como un lobo que vive en melancolía por sentir la tundra.
Después de las cuatro de la madrugada cuando los sueños se enredan apareció la lluvia, pertinaz que desperté y ya no pude conciliar mi trayectoria porque ya no me arrulla el sonido que representa a millones de años. Cuando niño dormía plácidamente con la lluvia en el tejado, era tan emocional, me acurrucaba y entre truenos y el golpeteo me quedaba dormido y feliz para sentir en un instante la claridad del nuevo día. Ya no, hoy tengo tantos recuerdos que mi mente se enciende y no puedo dormir. Ya estamos en julio y algunas veces se ausenta el agua y simplemente se tiene el horizonte de nubes y otras veces el cielo azul como escenario. Alguna que otra vez está la lluvia en mi corazón y mis ojos se fertilizan y me gusta sentirla tanto con mis cinco sentidos. Es hechizante y más cuando se tiene el imborrable recuerdo del amor, me siento afortunado.
Han sido días y noches procurando resguardar mis emociones. Estoy leyendo, pensando, escribiendo y entre noticias tristes, como el fallecimiento de conocidos y algunos optimismos de proyectos. Ya el campo, las montañas, el cerro está en la transición del negro y café al verde, todavía no se contemplan los atardeceres hermosos como tu mirada, pero los encontraré para la canción de la melancolía.