RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

                               NATURALEZA Y ABUELA

Ayer pregunté sobre la naturaleza y también me contesté, me dijo que le gustaba la lluvia, los campos verdes y el mar. Me detuve unos momentos y amo el instante, el único, el que ya no regresa exacto. Palomas en vuelo, flores en su estado original, fruto en procesión y ya en vendimia; árboles, la siempre hermosa luna en sus fases, los ríos, las montañas, el valle y nuestro cerro. Me encanta el instante, la inédita lluvia y lo que antecede de nubes diferentes, el movimiento de la luz, las formas del agua, en el mar poderoso o el hilo seductor de un viejo arroyo. Los nidos, pájaros en ventanas, colibríes y hasta las casi desaparecidas luciérnagas. Ya es mi trayectoria, mis pasiones, seguir con ojos de asombro, todavía me impactan los amaneceres, la noche y los murmullos y los arrullos. Los gatos, sobretodo Rockefellar, los peluditos. Los paisajes desde las calles a pesar de los horripilantes cables. Me encantan fotos del pasado, de los vendedores ambulantes, de las casas antiguas, lo profundo, de los adornos de cantera y empedrados. Me encantan los rostros, los perfiles, las manos, las figuras luminosas, la acción de la mirada. Las construcciones, la diversa arquitectura, los faroles y los arcos, los puentes, monumentos. Portales y la lejanía de las calles. Me encanta descubrir tu hermosura.

De nuevo se desborda el Río Chico y también baja el agua hacia las partes más vulnerables de la geografía ixtlense. Una tormenta cuando anochece, estuve leyendo y capturando el presagio de la lluvia, una gruesa y negra nube se abalanza en el valle y el cerro de Cristo Rey empequeñece y comienza a llover fuerte y rápido, pronto se oscurece, hago filmación y me desconsuela saber que de nuevo tendremos la angustia de muchas familias que se verán inundados. En un lapso de tiempo muy corto, hemos tenido tres inundaciones y el derrumbe de parte de la fachada del Café Colón y Cinemas. Algunos ya están transmitiendo en vivo, casas con agua en la sala, la cocina. Calles como ríos y en los puentes bufando el poder. Carlos Jara, sube de la calle Moctezuma, en el puente. Terrible, a los minutos se llena el Facebook de amigos solicitando auxilio. Mi amigo Arturo, taxista, me envía el reporte que el norte de Ixtlàn está inundado. Envía fotos, una amiga manda de la calle Santos Degollado y le mando el reporte a Omar G. Nieves de la situación en la ciudad, pronto inicia la transmisión de El Regional en el puente de la Moctezuma, y el Barrio de las 7 Esquinas. La gente con cubetas, trapeadores, escobas. Es el miércoles 11 de agosto y de nuevo se repite el suceso. Creo que es necesario contar con un proyecto integral, personas, expertos que conozcan, para que ya no vuelvan otra vez las noches de angustia. Como bien lo describe una amiga en su muro, se extraña aquellas lluvias que arrullaban con el sonido del tejado, ahora ya nos llena de temor. Estaremos al pendiente.

 María Guadalupe Ávila Valdivia, nació un 23 de diciembre de 1899 en El Pinabete, municipio de La Yesca. Desde pequeña supo los rigores del trabajo, pronto ya estaba ayudando a su madre Refugio Valdivia a la cocina, traer leña, a moler. En las noches vendían cena y en una cerca de piedra se la pasaba el ya no tan joven Miguel Arce Monroy, se enamoraron sin cruzar palabra. Buscaron hacer vida en diferentes comunidades, en Santiago Ixcuintla de jornalero, allí nació mi madre; en Hostotipaquillo de minero y campesino. Después en Ixtlàn, de guardia rural y velador de la planta de luz. Aquí nacieron los siguientes hijos, aquí creció la raíz Arce. Vivieron por la calle Morelos, El Fresnito, Abasolo.

Mi madre de buena memoria siempre le gustaba robustecer mi imaginación y me daba maderas de todos los tamaños para que se encendiera la hoguera y el fuego atronador estuviera siempre presente como lo está ahora. Describir la casa de la abuela en este momento es como mi homenaje porque fue el vientre donde convivimos tantos años.

El mundo dónde viví al lado de mi abuela Lupe. Regresaré a esa casa mental y emocionalmente, después de 40 años de fallecida, un 7 de agosto en Guadalajara. Ya a estas horas mi madre me despertó y me abrazó llorando por la muerte de su amada madre.