RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

                        TIEMPOS DE LLUVIA O LUNA LLENA

Qué dilema, una bifurcación de dos momentos maravillosos de mis sentimientos profundos. Tal como me describo en la frase en Facebook: amo el amor, la vida y la belleza. Alcanza dimensiones sencillas y puras, precisamente eso es lo que significa mi existencia, en la procesión del tiempo y cubriendo el espacio, a través de actos y palabras se devela la andadura en cada una de las fases, las estaciones, labores, viajes y filosofía. Amo el amor, universal, la sociedad, la cultura y la naturaleza, la energía que te hace ser mejor humano, el sentir lo que sienten los demás, el crecimiento con la generación de fuego cuando el sentirse enamorado es esencia y poder de compartir tus sueños, ideales, el caminarlos es maravilloso. Amar la vida valorando el pasado eterno, el que fue hoguera y se tornó oscuro, el sentirse aquí y ahora comprendiendo que seremos también oscuridad, la vida es la gran aventura, la chispa hermosa y compartir con otros seres queridos, cotidianos y mágicos. La belleza, toda la que existe y la que se descubre. Cada instante de la naturaleza, entre la luz y las sombras, los colores que emanan, tener la oportunidad de admirar, ser parte de la naturaleza, las semejanzas entre los seres, por eso tengo las pasiones, mi sangre pide poesía, es tanta la belleza que no caben en palabras, me falta la riqueza del vocabulario, las metáforas para que me alma describa tanto amor. No puede existir lluvia de luna o luna de lluvias. Este domingo amaneció nublado y me preocupa, me fascina la lluvia, pero hoy habrá luna llena y el puente de piedra espera. Es la luna del esturión y mi espíritu pide sonido del agua. Si sigue nublado no tendré luna, si se clarea la espero. Contemplo desde aquí al cielo. El verano es espléndido, pero qué difícil es contemplar la luna llena en esta estación. Mi consuelo sigue siendo la poesía de amor.

En un mediodía que pasé por el mercado Morelos me detuvo una joven y me dijo que deseaba que le hiciera el favor de preparar a su niño Ricardo para el concurso de Oratoria Juan Escutia. Al principio le iba a decir que no, motivo de tanta agitación, pero me acordé de mis tiempos de profesor y acepté. Ricardo Lara es un niño súper activo que fui descubriendo que era karateca, vendedor de pan, de tacos, le encanta jugar maquinitas y es socio de la Caja Popular Mexicana. Así inicié una hermosa amistad con él y su mamá. A María del Carmen Lara, le gusta vender tacos y lonches en un puesto junto al mercado y está toda la mañana y mediodía hable y hable. Algunas veces como allí y es un rato agradable. De pronto se me ocurría decirle ahijado Ricardo y nos fue gustando, sabe que lo admiro porque es un niño aventajado y me cae muy bien. En dónde quiera que lo veo me da gusto verlo y lo presumo en mi muro. Hace quince días me invitó a que fuera su padrino de Primera Comunión, acepté y aquí estamos en este sábado cumpliendo con la ceremonia y también quiso que fuera su madrina la amiga de su mamá y mía, Tita Espinoza. Salió todo excelente, un día emocionante, recordé a mis ahijados y me siento orgulloso de Ricardo. Misa de las diez de la mañana en la Parroquia de Cristo Rey, comida en Casa Grande, buena conversación y creo que agosto cubre una parte bonita de mi existencia.

Así se llama la Colonia Demetrio Vallejo que hoy visité, teniendo como anfitrión a mi amigo Nieves, el famoso Poly, en la ciudad de Ahuacatlán. Vallejo fue un líder ferrocarrilero. Charlas Callejeras es un programa para caminar, conversar con vecinos y descubrir la micro historia, lo cotidiano. Somos efímeros en el universo que debemos aprovechar este espacio y tiempo de vida, el lindo paréntesis que se nos otorga leyes, genética y creencias. Me gustó el programa, estuvimos regresando a los recuerdos de aquellos años de lucha por un lugar de tierra para una casa. ¿Cuántas historias en un lote? Cuidarlo, vigilarlo, días y noches. Odisea que Francisco Javier Nieves, resalta con su excelente memoria y sobretodo que lo vivió, me gustó que mujeres iniciaron a organizarse, a formar la unión y el pujante joven José Luis Sánchez González en los años ochenta del siglo pasado. Cada quince días volveré aquí en esta ciudad que también creció entre problemas y retos, para invitar a otros hijos de esta tierra y nos enriquezcan nuestra andadura. Sigo creyendo en la gente que tiene algo que contar y que debemos de escuchar y aprender de ellos, nos fortalece y nos enaltece como seres humanos. Aquí en una colonia contigua, Prisciliano Sánchez, termino esta columna.