RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

                                              SEPTIEMBRE

Sí, recuerdo mis tiempos de profesor de cada comunidad y escuela que estuve en este primer día a clases del ciclo escolar 2021-2022, lunes 30 y me llegan de golpe las emociones, la sensación de lo nuevo. Un sentimiento profundo me brota porque vengo de una familia de profesores, mi madre Dolores, mi mejor ejemplo y tuve tíos maestros, hermanos, primos, sobrinos, amigos profesores. También haber sido alumno en aquellas bellas épocas elementales. En estos momentos históricos el regresar no ha sido fácil, vivimos en una insólita pandemia y será relevante volver con todas las medidas y precauciones sanitarias, de todos depende. Es un regreso diferente. Desde marzo del 2020 al suspenderse las clases ha sido complicado para los integrantes de la comunidad escolar. Viví sus dramas ente lo inédito, clases virtuales, trabajos y tareas a distancia, aplicaciones y redes sociales para tener el hilo conductor educativo, una verdadera odisea, mucho estrés. Es desgastante, pero es necesario. Estuve hace días en la escuela Narciso Mendoza y me di cuenta la excelente organización que tienen los maestros, su disposición para llevar a cabo el regreso como debe de ser, tres filtros que inician desde el hogar. De igual manera serán grupos reducidos, serán menos horas, no habrá receso no tiendita. Seguramente los padres ya están informados de la organización y protocolos. Mañana estaré como testigo y reportero en dicha escuela. Debemos de estar informados para apoyar, que se lleve a cabo la labor educativa, contribuir para ello. Les deseo a todos los maestros, maestras, personal de apoyo, padres de familia, madres de familia, alumnos, alumnas lo mejor, en esta nueva trayectoria del conocimiento, de valores, la luz de la conciencia. Querernos y cuidarnos en la fraternidad.

Ya llegaron los 700 días y noches de escribir mi diario digital. En mi vida he escrito cuatro diarios, y este es público, es la diferencia. Deseo festejar con escribir del mes que hoy inicia nublado.

¿Qué ha sido el mes de septiembre para mi vida? De niño cuando ya iba a la escuela, representaba el inicio a clases, el dos, el primero era el informe del presidente de la República. También el fin de la temporada de lluvias, la cosecha en los sembradíos bajo un sol amarillo. Se terminaban las largas vacaciones dónde todo era ir a los ríos, cortar frutas, jugar hasta el cansancio en la calle Jiménez y Arista. Septiembre significaba el festejo de Fiestas Patrias, las desveladas, el tronar palomitas, recorrer los portales para comprar dulces, alfajor, y los juegos mecánicos, dónde teníamos que subirnos y esperar que los mayores con sus fuerzas nos pasearan. Eran fiestas inocentes. Todo cambió, ya esté mes aunque viene con luces y nacimientos, no es lo mismo, mi cuerpo se blinda ante el dolor, pero hay veces que no puedo y me refugio en mí mismo.

Martes que el desvelo no hizo tanto daño, tres filmaciones, instantes especiales, admiración de la belleza y mi cuerpo y mi alma cantan por todo el universo, es tan hermoso sentir. Intento buscar la tranquilidad y la encuentro en el viento que me acaricia mientras la ventana es azul, y estoy entre la noche, buscando un suspiro, un anhelo.

Salimos de un largo mes, el de agosto, pero quedará como un inolvidable recuerdo, no debemos tener prisa porque se vayan los meses después los vamos a necesitar estos hálitos de vida, vamos a necesitar los días y noches consumidos. Vamos saliendo del verano, nos quedan tres semanas y viene el nostálgico amarillo del otoño, las hojas caídas y los versos de amor como el canto del sol tenue en los horizontes. Septiembre diferente, ante lo que hemos vivido nos cuesta trabajo no andar en fiestas populares, agosto y la fiesta del elote en Jala, septiembre de fiestas patrias en Ixtlàn y las fiestas de octubre de Ahuacatlán. Yo desde hace años ya no me alboroto, ya tengo el alma en remanso. Tengo una imagen de banderas mexicanas, la vendimia de hace dos años, pero también en mi corazón el goce supremo y la tristeza más profunda que me acompaña este mes que es un largo tren en agonía y melancolía. Unas fechas hermosas y otras martirizantes, mis íntimos lo saben. Septiembre también está como aquellos tiempos de regreso a clases después del informe de gobierno, aquel informe aparatoso del presidente. También los sencillos adornos de las fiestas patrias, las bandas musicales, el jolgorio y la bebedera, las carpas, los grandes bailes, los Juegos Florales, El Grito y el desfile, los juegos tradicionales, el castillo, los juegos mecánicos, los vendedores, las desveladas. En los últimos años buscar rescatar la vendimia de los cascarones confitados, lo de antaño. En un año me tocó ser coordinador de las fiestas, lo relacionado a lo cívico y cultural. Es lo que le gusta a la gente del hoy, del ayer y del mañana. Lo escribía Octavio Paz, que era un estallido, el mexicano necesita desfogarse, lanzar mentadas de madre. Evoco las fiestas sencillas que quedaron estampadas en fotografías en blanco y negro. Llega septiembre diferente, pero mis sentimientos siguen intactos.