RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

                            EL PODER DEL RECUERDO

Ya llegaron los 700 días y noches de escribir mi diario digital. En mi vida he escrito cuatro diarios, y este es público, es la diferencia. Deseo festejar con escribir del mes que hoy inicia nublado.

¿Qué ha sido el mes de septiembre para mi vida? De niño cuando ya iba a la escuela, representaba el inicio a clases, el dos, el primero era el informe del presidente de la República. También el fin de la temporada de lluvias, la cosecha en los sembradíos bajo un sol amarillo. Se terminaban las largas vacaciones donde todo era ir a los ríos, cortar frutas, jugar hasta el cansancio en la calle Jiménez y Arista. Septiembre significaba el festejo de Fiestas Patrias, las desveladas, el tronar palomitas, recorrer los portales para comprar dulces, alfajor, y los juegos mecánicos, dónde teníamos que subirnos y esperar que los mayores con sus fuerzas nos pasearan. Eran fiestas inocentes. Todo cambió, ya esté mes, aunque viene con luces y nacimientos, no es lo mismo, mi cuerpo se blinda ante el dolor, pero hay veces que no puedo y me refugio en mí mismo.

Martes que el desvelo no hizo tanto daño, tres filmaciones, instantes especiales, admiración de la belleza y mi cuerpo y mi alma cantan por todo el universo, es tan hermoso sentir. Intento buscar la tranquilidad y la encuentro en el viento que me acaricia mientras la ventana es azul, y estoy entre la noche, buscando un suspiro, un anhelo.

Salimos de un largo mes, el de agosto, pero quedará como un inolvidable recuerdo, no debemos tener prisa porque se vayan los meses después los vamos a necesitar estos hálitos de vida, vamos a necesitar los días y noches consumidos. Vamos saliendo del verano, nos quedan tres semanas y viene el nostálgico amarillo del otoño, las hojas caídas y los versos de amor como el canto del sol tenue en los horizontes. Septiembre diferente, ante lo que hemos vivido nos cuesta trabajo no andar en fiestas populares, agosto y la fiesta del elote en Jala, septiembre de fiestas patrias en Ixtlán y las fiestas de octubre de Ahuacatlán. Yo desde hace años ya no me alboroto, ya tengo el alma en remanso. Tengo una imagen de banderas mexicanas, la vendimia de hace dos años, pero también en mi corazón el goce supremo y la tristeza más profunda que me acompaña este mes que es un largo tren en agonía y melancolía. Unas fechas hermosas y otras martirizantes, mis íntimos lo saben. Septiembre también está como aquellos tiempos de regreso a clases después del informe de gobierno, aquel informe aparatoso del presidente. También los sencillos adornos de las fiestas patrias, las bandas musicales, el jolgorio y la bebedera, las carpas, los grandes bailes, los Juegos Florales, El Grito y el desfile, los juegos tradicionales, el castillo, los juegos mecánicos, los vendedores, las desveladas. En los últimos años buscar rescatar la vendimia de los cascarones confitados, lo de antaño. En un año me tocó ser coordinador de las fiestas, lo relacionado a lo cívico y cultural. Es lo que le gusta a la gente del hoy, del ayer y del mañana. Lo escribía Octavio Paz, que era un estallido, el mexicano necesita desfogarse, lanzar mentadas de madre. Evoco las fiestas sencillas que quedaron estampadas en fotografías en blanco y negro. Llega septiembre diferente, pero mis sentimientos siguen intactos.

Hace un año, un sábado transmití desde la Avenida Hidalgo un reportaje de lo que significa para nuestro pueblo las Fiestas Patrias. Estamos inmersos en una situación complicada por la pandemia y necesitaba aflojar los recuerdos de los años que me tocó vivir de niño está festividad patriótica. Necesito distraer mi mente en septiembre, ya pasaron varias fechas de este mes de agitaciones impactantes que mi corazón desea arribar a buen tiempo y en puerto seguro. Disfruté narrar cómo eran y cómo son, mi madre me contaba la vida cotidiana de los ixtlenses, el fervor cívico, las noches culturales en el teatro al aire libre en la Calle Real, donde los espectadores traían desde su casa las sillas para estar cómodos. Todo solemne, adornos sencillos y el alma inocente. Me hubiese gustado estar el 15 de septiembre de 1910, realizar un viaje atemporal para ser testigo de la conmemoración del Centenario de la Independencia cuando inauguraron el Kiosco. Qué hermoso hubiese sido que con una máquina del tiempo estar filmando con mi celular el evento. Esto es lo hermoso de ser literato e historiador por eso escribo, tengo la imaginación poderosa para sentir que vivo en otros tiempos. Enamorarse de la mujer que me esperó en un portal bajo el farol y nunca llegué porque nací muchos años después. Quizás era la novela de amor que nunca pude escribir. Conservo un poema del 2017 que desde mañana lo publicaré de nuevo para que los que amamos esta tierra evoquemos con tanto cariño a los que estuvieron y ya se fueron en el engranaje de la vida y la muerte. Tenemos asignado un espacio y tiempo preciso que debemos de vivirlo tan intensamente como se pueda, esto es mi consuelo cuando estoy cansado emocionalmente como antier, pero lo lindo es que la magia de la vida, las noches mágicas iluminan mi vida. Hay una relación del pasado conmigo de raíces amorosas y sé que también les pasa a ustedes porque mis filmaciones les llegan a sus sentimientos, renacen las emociones intensas. Fiestas Patrias legado de nuestros mayores y un profundo amor, un agradecimiento por darnos un Ixtlàn bello, ríos hermosos, naturaleza virgen, barrios históricos, que por desgracia la famosa modernidad ha echado a perder. Buscamos conservar lo bello.