El mundo al revés

Asunto 1

Me cuesta mucho trabajo entender el sentido de las redes sociales.  Es decir, no comprendo por qué a la gente le gusta (tanto) el querer saber la vida de los demás. Tampoco asimilo cómo es posible que alguna persona ventile detalles de su vida personal para convertirla en pública. Tengo la impresión de que esa herramienta llamada internet puede ser muy peligrosa si se usa sin precauciones.

Si mi memoria no falla hace algunos días denunciaron a una conductora de televisión y a su esposo por un “desvío” de más de 3 mil mdp.  Yo no soy nadie (aunque francamente tampoco es de mi interés) saber si son culpables o no. Lo que me intriga es la vida que se daban estas personas. Y no, no es que yo haya estado de chismoso. Solo que cada vez que leo algún periódico, veo una revista o platico con un familiar, es inevitable que el tema de los lujos salga a colación.

Por ejemplo, a quién en su sano juicio saldría en fotos con ropa y/o accesorios que rondan los dos millones de pesos. Son poquísimos los seres humanos que pueden darse semejante vida. Y las malditas preguntas e interrogantes surgen de inmediato, si les alcanza para eso, ¿De cuánto dinero disponen en sus cuentas bancarias? ¿De dónde se hicieron tan ricos? ¿Previamente el gobierno los había investigado?

Ya lo decía Sartori desde hace algunos años:  Somos imágenes.  Esto provoca un culto a la personalidad que deja ver la pobreza humana en su máxima expresión.  Sólo importa tener y acumular cosas para después presumirlas con millones de desconocidos a través de las redes sociales. ¿En qué terminará todo este asunto?

Asunto 2

Somos y estamos hechos de memoria(s).   Las experiencias, nuestro pasado, la familia, la ciudad y nuestro país nos definen y condicionan. Amable lector, ¿alguna vez se ha puesto a pensar en su forma de actuar? ¿Verdaderamente es suya o viene de afuera? Platicando con unos amigos hemos llegado a varias conclusiones.

Formamos parte de diversos grupos y por lo tanto tenemos distintas memorias. En primer lugar, las de la infancia que tienen condición básica el pertenecer a un grupo familiar. Posteriormente, desarrollaremos la memoria colectiva.

Una memoria colectiva tendría dos cuestiones como base: 1) la transmisión de boca a oído, 2) Cierto tipo de democracia. Ya que si la memoria es colectiva implica que todos participan en ella.

Si se pregunta por qué menciono lo anterior tiene que ver con lo que está realizando el gobierno federal. Todos – absolutamente todos los gobiernos- se rigen por cierta ideología.  El actual no es la excepción. Por eso parece que tienen una “selección del pasado”, por lo que pretender pedir que los españoles pidan perdón a México por acciones de hace 500 años y también con ciertos festejos, o conmemoraciones, más que otras. Esta última sería un tipo de memoria institucional.

Debemos de ser muy cuidadosos con qué es lo que tratamos de recordar y que forme parte de nuestra identidad.  Hay hechos que dejan huella – para bien y para mal-, así que no es bueno solo tratar de recordar lo que nos hace bien. Somos seres de luces y sombras.

Exigir perdón, retirar monumentos, me parece que es cosa de sociedades que no viven plenamente en el siglo XXI. Es quedarse pues, en el pasado. Eso es muy dañino para todos.  El papel de víctima puede ser muy seductor – incluso necesario- pero a la larga solo nos hace rendirnos y no disfrutar de la vida.

Tendremos que estar atentos para ver cómo actúa el gobierno.

Hasta la próxima

Luis Fajardo Velázquez

luisefeve@hotmail.com