RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

                            COTIDIANAS DE OTOÑO

Admiro a los niños que leen por placer, el adolescente que lee por gusto, el joven soñador que enriquece su lenguaje y explora su imaginación. Es fascinante abrir el libro grande o pequeño, he escrito relatos de lo que me provoca, mis primeras lecturas, en el libro Claroscuro viene un capítulo titulado Pasiones, allí describo lo impresionante que se siente leer y escribir. Hoy se conmemora el Día Nacional del Libro. Me quedaría aquí escribiendo toda la vida de lo que me impacta haber leído miles de libros, recogidos en librerías pequeñas y de lujo. Adquiridos en el fragor de los viajes en California, Guadalajara, México, Tepic, Managua, Chinandega, Ixtlàn. No puedo detenerme como lector, se me acabaría el oxígeno y la sangre, perdería mi alma como un errante en el mar del olvido. Es tan vital para conocerme mi mundo interior y el de los demás como sinapsis. Leer de niño en cualquier lugar, de adolescente emocionado, de joven un libro bajo el brazo, en una banca, en un café, un autobús, en el baño, esperando a la novia. Es tan hermoso contar con seres que de pronto descubro ahora como lectores. He publicado diez libros, a todos los quiero son como los pedazos de mi corazón. Vendrán más, gracias a mi madre y maestros, amigos que fuimos juntos develando las galaxias de letras, palabras, símbolos, ideas en fuego. Enriquecedor es descubrirme en tus ojos, en tus manos, en tu belleza, en tus labios y cuerpo, en la piel, eres la mayor obra literaria que voy conociendo a través de tus estrellas en cada poro, respiración y suspiro. No se puede obligar a nadie a qué sea feliz. Cada cual descubrir su potencia, ojalá que sea antes de morir.

La ciudad participa con su historia comercial de locales grandes y pequeños, de vendedores de productos, bienes y servicios y es el sur un centro poderoso donde confluyen los habitantes de pueblos vecinos, comunidades aledañas y el domingo es una fiesta. Desde el año 2011 existe la campaña El Bien Fin por iniciativa privada y pública para incrementar las ventas antes de la temporada navideña. En Estados Unidos existe el Black Friday un día después del Día de Acción de Gracias, allá es tremendo el impacto de ventas. En México de optó por el puente del 20 de noviembre y este año desde el jueves 10 hasta el martes 16 los comerciantes publicitan su venta con logo y frase. Este domingo se juntaron varios motivos: se adelantó la primera parte del aguinaldo, fue quincena. Se esperaba más movimiento y donde pude percibir el ambiente es la venta de televisiones de plasma, motocicletas, celulares y ropa. Deseo de corazón que les vaya bien a todos porque es necesario que fluya el dinero en las familias. No es obligatorio comprar, es importante saber elegir si lo realizas. Somos una ciudad trabajadora que sabemos adaptarnos a las condiciones adversas, hay ofertas, promociones, a meses sin intereses. Se comienza a percibir cierto crecimiento después de una dura batalla por sobrevivir, tiempos complicados. De utilizan los bazares en la red de Facebook, los negocios desde las casas y compartiendo por WhatsApp. Recorrí el centro de la ciudad filmando para El Regional y ojalá que en los próximos días sea mucho mejor la fluidez monetaria porque se necesita. Ixtlàn activo siempre, el bullicio, el tráfico, los peatones ya es el paisaje de nuestra ciudad. Podemos mejorar para bien de todos.

Sí, los personajes desaparecieron en algún momento y no me di cuenta. Sobrevivir en lugares y gastar la vida en circunstancias me nublaron mi memoria por la inmediatez. Regresar en el tiempo cuando visitaba mi ciudad que se iba ensanchando más, era la ocasión para de nuevo estrechar mi pasado con añoranza fatal. Volver a ver a los jóvenes que se hicieron ancianos en un abrir y cerrar el libro, el telón en el teatro de la realidad.

Conversar en alguna esquina con el amigo o familiar, ser testigo de las elegantes casas que se derrumban sin remedio, es duro. Nos aplasta la ley de la gravedad, se nos cae el rostro, nos encorvamos y nos sentimos deformados por la violencia lenta de la edad. Pero los ancianos de mi adolescencia se diluyeron, conservo gracias a la generosidad de mis sentimientos y el teclado que quedaron en mis relatos, los que pude rescatar del olvido. Largo enumerarlos y describirlos.

Hace días de repente brotó una imagen compartida en Facebook que me llamó la atención a mi corazón y sí, es El Ñero, servicial paletero que en carrito vendía su producto helado por las calles en sus mediodías ardientes. La paletería de la calle Moctezuma, propiedad de un espigado señor apodado El Palillo, con sus cajones herméticos y su planta de congelación que parecía un enorme pulpo sonoro.

Muy lejos todavía de las avanzadas tecnologías de los sabores y ventas. Leí la interacción que provoca un recuerdo, El Ñero con su reposado caminar, su ropa humilde y sus huaraches, de sombrero, según se escribe, se llamaba Cuco.

De nuevo me ilumina mis imágenes con una dosis de ternura y compasión. Formó parte de los desprotegidos, de los que luchaban a diario para comer. Triste recuerdo que evoco cuando en una cama del viejo hospital agonizaba aquel vendedor de gelatinas, Tacho “Huele a Pastel”.