Por Sergio Mejía Cano
El claro amasiato PRI-PAN

En la entrega anterior nos referimos a que no había caído nada bien entre varios sectores, tanto de legisladores , así como periodistas y analistas, la propuesta por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, de la señora economista Victoria Rodríguez Ceja, para fungir como gobernadora del Banco de México, según algunos de estos críticos, por no tener la experiencia necesaria en cuestiones de política monetaria; aunque paradójicamente, la mayoría coincidió en que sí tiene el perfil para ocupar el cargo.
Ahora los legisladores de los partidos que quedaron en la oposición, pero que anteriormente tuvieron el país prácticamente en sus manos, protestan por nombramientos de este tipo en que aparentemente los designados para ocupar determinados cargos en algunas dependencia gubernamentales, sobre todo de las de primer nivel, no cuentan con el perfil adecuado, sin embargo, estos ahora críticos por tales medidas, se olvidan que desde siempre ha sido así: de poner en determinadas direcciones o secretarías a amigos, compadres, allegados o para cubrir el expediente y pagar favores hechos en campaña. Tal vez por situaciones como esta, pudiera haber nacido la frase de “no pido que me den, sino que me pongan donde hay”, cuando el ya dedo mayor se preguntaba así mismo: ¿dónde te pondré?
Y así ha sido desde siempre en nuestro país, pues cuando terminaron los conflictos armados posteriores a la Revolución Mexicana, varias de las carteras más importantes del gabinete presidencial lo llegaron a ocupar generales del ejército, principalmente, y poco a poco, los civiles fueron ocupando estos cargos al serles entregados el Poder Ejecutivo a Miguel Alemán Valdez y allegados, supuestos abogados ante todo; supuestos, porque lo más probable es que su título haya sido apócrifo, lo que se sigue acostumbrando últimamente, pues se ha documentado que al tiempo se descubre que un abogado no era tal o un ingeniero, arquitecto, médico, etcétera; pero esa es otra historia.
¿Qué acaso la oposición no recuerda que Vicente Fox Quesada, siendo presidente, puso como secretario de Energía a Felipe Calderón Hinojosa? Ernesto Zedillo Ponce de León, puso como Secretario de Comunicaciones y Transportes a Carlos Ruiz Sacristán, que así haya incurrido en algunos puestos políticos, era más empresario que político y ningún o nulo conocimiento podría haber tenido en comunicaciones y transportes; y así por el estilo.
Y más acá, en el sexenio de Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray Caso, ocupó primeramente la cartera de Secretario de Hacienda y Crédito Público, cargo que dejó abruptamente, para a los pocos meses ser designado como Secretario de Relaciones Exteriores, escudándose con la frase de que “llegaba a aprender”, esto porque ninguna experiencia tenía en cuestiones de diplomacia; y vaya que no aprendió, porque ocupando este cargo, lo único que hizo fue violar flagrantemente el artículo 89 constitucional, al llevar la voz cantante ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), atacando abiertamente a la hermana República de Venezuela y desde luego, a su presidente Nicolás Maduro; y esto, sin tener nuestro país y menos el gobierno de Peña Nieto, la calidad moral para criticar y mucho menos atacar al pueblo venezolano.
Y volviendo a Felipe Calderón Hinojosa, cuando fue presidente, a su vez nombró como embajador en España a Francisco Ramírez Acuña quien, obviamente, que ninguna experiencia tenía en el servicio exterior; y este nombramiento, se documentó en su momento, fue por haber destapado Ramírez Acuña, siendo gobernador de Jalisco, a Calderón Hinojosa, como próximo Presidente de la República, lo que no gustó nada a Vicente Fox, por haber adelantado el destape del ya ungido por el dedo mayor.

Sin embargo, ¿qué hizo Felipe Calderón como secretario de Energía? Se podría decir que su paso por esa secretaría fue sin pena ni gloria, para la Nación, desde luego; porque para él pudo haber sido de lo más benéfico, al empezar a recibir ofertas de compañías extranjeras y así, comenzar a sopesar la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, lo que hizo Calderón ya una vez sentado en la Silla Presidencial, y posteriormente ir desmantelando poco a poco a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que casi se logra en el siguiente sexenio de Peña Nieto, demostrando así, el claro contubernio que ya infinidad de analistas habían señalado desde hacía años, por lo menos desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari: el amasiato PRI-PAN.
Sea pues. Vale.