A principios de marzo el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, detuvo abruptamente a dos notables príncipes de su propia familia: Ahmed bin Abdulaziz (su propio tío) y Mohammed bin Nayef (ex-príncipe heredero). Otros 300 servidores públicos –entre los que hay jueces y mandos del ejército– cayeron en la repentina purga detenidos bajo las acusaciones de corrupción, soborno, malversación y desperdicio de dinero público por el valor de 101 millones de dólares.

El príncipe, emergido de entre las sombras eliminando de forma despiadada y sistemática a su rivales, ha decidido adelantarse lanzando un ataque preventivo ahora que ve su posición amenazada por las deslealtades, disputas políticas y una falta de liquidez (con una imperiosa necesidad de cobrar) que está derivando en una recesión económica provocada por la guerra del petróleo entre la OPEP y Rusia. Y es que el valor del petróleo se ha devaluado hasta mínimos históricos. El tan codiciado oro negro ha dejado de brillar, y ahora amenaza con la re-estructuración del poder entre las potencias que lo extraen.

Las economías dependientes del petróleo pasan por un momento especialmente delicado; con demasiadas debilidades que pueden hacer estallar la quimera de bonanza en cualquier momento. La transición ecológica, la pandemia global del COVID-19 y la disputa por el precio del petróleo entre Arabia Saudí y Rusia han reventado el mercado como no pasaba desde la Guerra del Golfo de 1991. De repente, este año 2020 ha demostrado que el mercado no se regula solo, y que el motor de la historia son las crisis y los conflictos.

La OPEP ha estado limitando la producción de petróleo para regular los precios en un acuerdo vigente hasta el 1 de abril, pero el 7 de marzo de 2020 Rusia decidió salirse ‘del cártel’ para no seguir limitando su desarrollo con unas restricciones de las que ya se estaban aprovechando en Estados Unidos, que activamente amplia su producción de petróleo desequilibrando la balanza de la oferta y la demanda. Desde entonces, la OPEP (destacando Arabia Saudí) –que sin más países integrados carece cada vez más de utilidad– y Rusia han empezado una lucha de desgaste por ver quién produce más, aumentando la demanda y bajando los precios.

Y en plena contienda ha llegado la crisis sanitaria del coronavirus, que ha liquidado completamente la oferta, haciendo que los barriles se acumulen hasta el punto de que estos días en Canadá, por ejemplo, un barril de crudo ha llegado a ser más barato que una pinta de cerveza de cinco dólares. Esta situación ha añadido a los EEUU a la ecuación, y es que desde el país referente para los capitalistas de todo el mundo, ese lugar en el que consideran socialismo hasta la sanidad pública universal, donde llaman comunistas hasta a los más tímidos socialdemócratas, hay voces que piden que el estado intervenga sancionando a Rusia y Arabia Saudí para poner fin a la debacle del precio del barril de petróleo o –al menos– impedir que la disputa entre rusos y saudíes tenga un impacto tan grande en su economía. Voces que lejos de quedar enmudecidas han llevado a Donald Trump y a su homólogo Justin Trudeau a plantear la imposición de tarifas al petróleo que llegue del exterior.

El petróleo sigue saliendo a la superficie, pero su mercado puede hundirse

El precio del petróleo se ha desplomado hasta menos de 30 dólares el barril más caro que puede encontrarse en suelo norteamericano. Para tener algo de perspectiva, cuando en 2015 Arabia Saudí bajó el precio del barril a 26 dólares, fue incapaz de mantenerlo así y terminó reculando, admitiendo la derrota. Actualmente el equilibrio fiscal de los saudíes depende de que el precio de sus barriles ronde los 80 dólares. Es pertinente recordar, además, que para este 2020 la estimación era que el precio barril se mantendría en los 60 dólares. No va a pasar.

Irán, víctima de una guerra económica y unas sanciones norteamericanas que quieren reducir su venta del combustible a 0, ha estado vendiendo petróleo más caro de lo que actualmente vale el crudo WTI.Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismoAlberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo Las compañías y los países están entrando en “el modo supervivencia”. Las alianzas ya no parecen tan sólidas, el globalismo fraternal no son más que palabras tan bonitas como vacías y la tendencia es hacia la protección de uno mismo

Aunque las compañías mantengan la extracción de crudo, el coronavirus mantiene a millones de personas confinadas, la producción se ha reducido –cuando no detenido– y la demanda ha caído. Esto suma otro problema a la bajada de precios, y es que si la situación se alarga pronto va a faltar espacio para almacenar el hidrocarburo. Desde Goldman Sachs alertan de que, dado el tremendo coste de detener un pozo de extracción, la acumulación de petróleo puede llevar a su desperdicio y un precio en negativo. Y esta semana, en la que hemos presenciado el agónico fallecimiento del acuerdo de la OPEP que limita la extracción de petróleo a sus miembros, hace que el escenario del que alertan los expertos de Goldman Sachs sea más real que nunca.

Hemos dejado atrás nuevo-viejo mundo. La cosas ya no van a ser como antes del coronavirus

La retahíla de acontecimientos que han hecho estallar el mercado del petróleo también están re-distribuyendo las piezas en el juego de las Relaciones Internacionales. Dejando un poco de lado la seriedad, podríamos decir que un virus desconocido ha hecho en semanas más de lo que los auto-denominados colectivos “anti-imperialistas” y todos los seguidores de Greta Thunberg habrían siquiera aspirado a conseguir alguna vez; diluyendo el poder aún más en este mundo multipolar y atacando donde más le duele a la industria de los combustibles fósiles.

Volviendo a los hechos y explicando lo anterior, estamos viendo que el mercado energético actual es tremendamente vulnerable a los cambios, y ello repercute en que las economías más dependientes del gas y el petróleo han resultado ser tigres de papel. Dejando de lado las percepciones morales hacia la figura de Mohamed bin Salmán, el príncipe ha demostrado ser un visionario dentro del país. La realidad le ha dado la razón a su proyecto de diversificar la economía del país frente a los sectores inmovilistas que pertenecen a otra época; que ya están fuera del juego.Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo. Si Rusia y Arabia Saudí cierran un acuerdo para detener la escalada de esta crisis del petróleo, dependiendo del país para el que sea más favorable, será una gran muestra de hacia dónde se va a desplazar el poder en el amanecer de esta nueva época

Las compañías y los países están entrando en “el modo supervivencia”. Las alianzas ya no parecen tan sólidas, el globalismo fraternal no son más que palabras tan bonitas como vacías y la tendencia es hacia la protección de uno mismo entorno a los poderosos del petróleo: Rusia, OPEP/Arabia Saudí y Canadá/EEUU.

Rusia se ha preparado para esta “guerra” con una economía más diversificada y una estimación de diez años de supervivencia con precios bajos. Arabia Saudí, sin embargo, no ha sido capaz de implantar los cambios que imaginaba Mohamed bin Salmán, y apenas podrá aguantar un par de años en esta situación. En EEUU las empresas no están preparadas y muchas podrían caer en la bancarrota. Esto hace que si no hay un suceso sorpresivo que detenga la disputa, re-ajuste la balanza o dañe a alguno de los actores, los que hasta ahora eran Goliat pueden, como el soldado bíblico, caer y ser decapitados por su propia arma: la economía.

Ahora mismo solo la diplomacia puede salvar la situación, y en eso los actores machacados que no pudieron permitirse el lenguaje de la violencia indiscriminada como forma de hacer las cosas, los rusos y persas, son los mejores. Si Rusia y Arabia Saudí cierran un acuerdo para detener la escalada de esta crisis del petróleo, dependiendo del país para el que sea más favorable, será una gran muestra de hacia dónde se va a desplazar el poder en el amanecer de esta nueva época que estamos presenciando.

El mundo es un lugar despiadado en el que el mercado existe para que el grande pueda comer al pequeño. El precio del barril de petróleo ha caído, y el panorama no es nada esperanzador. El margen de beneficio cada vez es menor y muchos proyectos ni siquiera pueden cubrir el coste, por lo que solo el más preparado sobrevivirá. Y el momento demostrará si “el pez grande” realmente lo es o si el poder que vemos no es más que la proyección de una sombra amplificada por el fulgor de su ocaso.