Por Sergio Mejía Cano

Servicios comunitarios y sociales

En el portal de internet del periódico Realidades de Nayarit, aparece una nota firmada por Verónica Ramírez, con fecha del lunes 18 (aunque dice lunes 17 de abril de 2022), con el encabezado de “Borrachos obligados a barrer la calle” y, en el cuerpo de la nota señala que, “32 infractores que cometieron faltas administrativas; en su mayoría por ingerir bebidas alcohólicas, limpiaron el distribuidor vial poniente, como parte del Servicio Comunitario establecido en la sanción aplicada por un juez cívico”.

Desde luego que esta medida está para pensarse, porque se podría prestar a injusticias, arbitrariedades y hasta posibles abusos, esto en cuanto a quienes se obligue a hacer estos servicios comunitarios por supuestamente estar ingiriendo bebidas embriagantes en la vía pública, pues la autoridad podría detener personas en la calle que acaban de salir de una cantina o de una fiesta y, por el simple hecho de presentar aliento alcohólico, las detengan o, como por ejemplo: es muy dado que, cuando se va a cerrar un congal, una cantina o un salón de eventos, mucha gente que, apenas se acababa o le acababan de servir su bebida, se la escancian en un vaso de plástico o si ya está servida de este modo, salen a la calle con vaso en mano, ya que existe gente que considera un sacrilegio tirar el contenido de una bebida y más, se es espirituosa. Y al estar esperando un taxi o esperando llegar al lugar en donde se dejó estacionado el vehículo para retornar a casa, en eso llega manotas y por traer su bebida en la mano, van para arriba y órale, a hacer labor comunitaria.

Y también se podría dar el caso cuando una persona vaya a un depósito de cerveza o local de venta de vinos y licores y, al retornar a su casa le llegue una patrulla y, sus ocupantes al verle que porta cerveza o cualquiera otra clase de bebida alcohólica, pues también va para arriba de la patrulla, aunque ningún envase esté abierto; aunque a veces se dan casos en que la cruda es inaguantable y por eso mismo, se destapa una bebida para darle un sorbo antes de llegar a su domicilio; pero con tan mala suerte y, como casi siempre sucede, le cae la chota, lo que no sucede cuando se busca a la autoridad por alguna necesidad de justicia.

Otro caso que podría suceder es, cuando en una reunión familiar en casa particular la gente sale a despedir a los que ya se van y, quienes los salen a despedir portan su vaso con cheve u otra bebida y por ese simple hecho, si pasa una patrulla, a quienes tienen su vaso en la mano se les podría acusar de estar tomando en la vía pública; aunque ni un trago le hayan dado al líquido de su vaso, sino que salieron nada más a despedir a los que se retiran y, por aquello de no te entumas y alguien más les dé baje con su bebida, por eso no sueltan el vaso.

Esto de hacer que detenidos por faltas administrativas tengan que hacer labores comunitarias y sociales, me trajo el recuerdo cuando mi papá y otros antiguos ferroviarios comentaban que, allá a principio de los años 60 del siglo pasado, cuando llegaban trenes de madrugada a Tepic, ya había varias “Julias o pericas” de la policía municipal, estacionadas a un lado de la estación ferroviaria, esperando para cargarlas con los trampas, con esas personas que, desde siempre, han viajado de polizones, sobre todo rumbo al norte, tal vez en busca del sueño americano o nomás para ahorrarse el pasaje. Y esto de que fuera en la madrugada, es porque diariamente salía un tren de carga de Guadalajara, Jalisco, a las 21:00 horas, llegando a Tepic, Nayarit a eso de las 03:35 de la madrugada; este tren corría diariamente como número 51, por lo que la policía municipal llegaba a lo seguro y a cargar sus camionetas con trampas a quienes ponían a barrer las calles de la capital nayarita durante tres días consecutivos; para después liberarlos sin ninguna averiguación de por medio; pero habiendo cumplido un servicio comunitario y haber sido alimentados por el municipio durante esos tres días que barrieron las calles.

También comentaban los antiguos ferroviarios que, al soltar la policía a estos trampas, la mayoría se iba para la estación del ferrocarril a esperar otro tren de carga y continuar su camino; sin embargo, decían que varios de estos polizones, por alguna razón, se quedaron a vivir en Tepic, tal vez porque vieron la oportunidad de encontrar trabajo y establecerse o porque al andar barriendo miraron a la mujer de sus sueños. Y entre los quedados, hubo centroamericanos y de otras entidades del país.

Sea pues. Vale.