Por Sergio Mejía Cano

Posiblemente las notarías ya no serán para amigos y compadres

El secretario General de Gobierno del Estado de Nayarit, informó que el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, envió una iniciativa de Ley al Congreso Estatal, para modificar el ejercicio del notariado en el esta entidad, por lo que, en caso de aprobarse, los abogados de ambos sexos, podrán optar por solicitar un Fiat de Notario; pero que tendrán que someterse a un examen, con jurados nombrados por las instancias nacionales de la Organización de Notarios.

Para este jurado, tendrán que ser personas que desempeñen su actividad con absoluta probidad e imparcialidad, con el fin de que los nuevos notarios de ambos sexos, generen una nueva política pública, que le dé transparencia, orden y seguridad al patrimonio de los inversionistas, así como de la población en general que requiera de los servicios notariales.

Con esta nueva ley de notarías, se pretende que estas ya no sean nunca más canonjías para funcionarios, exfuncionarios, amigos, compadres o para pagar favores y compromisos. Así que, por si fuera poco, con esta nueva modalidad, también se eliminan las figuras del notario público suplente o adjunto.

Así que, como suele suceder, como la mayoría de los ciudadanos tenemos conocidos y familiares dentro de la abogacía, al comentar esto, precisamente con amigos, conocidos y familiares, no faltó quien con, un cierto grado de escepticismo, dudara de la eficacia de esta posible nueva ley de notarías, aduciendo que, tal vez sí se lleguen a otorgar una que otra notaría a alguien que no la merezca o que no tenga la capacidad suficiente para serlo. Y al hacer referencia respecto al examen bajo el escrutinio de un jurado imparcial y de comprobada probidad, alguien más terció que eso sería nada más un protocolo a seguir tal y como se ha hecho hasta ahora, señalando que, por ejemplo, al exfiscal Edgar Veytia, le habían hecho un examen y lo había aprobado, siendo que en los hechos y por su comportamiento, dejaba claro y daba a entender que, tanto el Derecho como las leyes y mucho menos la abogacía, no eran lo suyo, sino todo lo contrario.

Sin embargo, esto de poner en duda a priori a un jurado que, posiblemente esté integrado por personas capaces y sin nivel de ánimos de corrupción, tal vez sí haga dudar a muchos abogados y abogadas hacer una solicitud para una notaría, y menos si no conocen a los miembros del jurado. Porque si de lo que se trata es el otorgar notarías a personas con toda la capacidad para ocupar una notaría, el examen que se les exija, tendrá que ser a fondo y de manera exhaustiva, en donde quienes soliciten ser notarios demuestren un conocimiento pleno de las leyes y su aplicación, y no nada más citarlas de memoria con punto y coma, sino que, también mediante exámenes orales y, mediante aplicaciones de leyes de estudio, es decir, de problemas que son muy difíciles que se llegaran a presentar, los resuelvan mediante la aplicación de leyes y artículos que den veracidad a la capacidad de conocimientos de las personas que soliciten su notaría.

Y ya dentro de que tengamos conocidos que, se dicen abogados; pero que con el tiempo se descubre que nada más eran leguleyos y que jamás obtuvieron su cédula profesional o que sí estudiaron en la Escuela de Derecho, pero que nunca se recibieron y que sin embargo, aun así entraban a juzgados y dependencias gubernamentales sin que nadie les pusiera un alto e incluso, hasta litigando a veces y arreglando problemas de amistades y conocidos que confiaban en que sí eran abogados; pero que con el cambio al nuevo ordenamiento de la nueva Ley oral, en donde ahora sí todos quienes se ostenten como abogados tendrán que demostrarlo fehacientemente; esos leguleyos que vivieron muchos años de la abogacía sin ser abogados, hoy en día se han visto acotados por esta ley de juicios orales, ya que si no comprueban con cédula profesional su estatus, nomás no entran a ningún juzgado ni pueden llevar ningún juicio.

Y, a propósito de que la mayoría tenemos amigos y conocidos que se ostentan como abogados, mi papá tuvo un amigo que se decía ser licenciado en Derecho, sin serlo; sin embargo, a mí me dio mala espina cierta vez que que mi papá me estaba llamando la atención por una acción que había cometido en uno de mis momentos etílicos, y que le dije a mi papá que eso era “pecata minuta”, momento en que este supuesto licenciado me dijo que no se decía “pecata”, sino “percata”, eso fue lo que me hizo sospechar sobre su capacidad intelectual, por no conocer la frase “pecata minuta”.

Sea pues. Vale.