¿Podemos vivir sin amor? Durante muchos años, la neurocientífica Stephanie Ortigue creía que la respuesta era sí. Aunque investigaba la ciencia de las conexiones humanas, Ortigue —hija única, contenta con su soltería tanto en sus veinte como en sus treinta y tantos años,— no veía bien cuál era la importancia del amor en su propia vida.

Me decía a mí misma que no estar en una relación me hacía una investigadora más objetiva: podía investigar sobre el amor sin estar bajo su hechizo”

Pero luego, a la edad de 37 años, conoció a John Cacioppo en una conferencia de neurociencia en Shanghái. Cacioppo le llamó la atención, quien popularizó el concepto de que la soledad prolongada puede ser tan tóxica para la salud como fumar. Los dos científicos se enamoraron perdidamente y se casaron. Ella empezó a usar el apellido de él y al poco tiempo se convirtieron también en colegas en la Facultad de Medicina Pritzker de la Universidad de Chicago (donde ahora ella dirige el Laboratorio de Dinámicas Cerebrales), y formaron un equipo tanto en casa como en el trabajo.

“Wired for Love” es la historia neurobiológica de cómo el amor reconfigura el cerebro. También es una historia de amor personal que se volvió trágica cuando John falleció de cáncer en marzo de 2018. En una entrevista, la autora habla de qué es lo que le hace el amor al cerebro, cómo luchar contra la soledad y cómo el amor es, literalmente, un producto de nuestra imaginación.

¿Exactamente qué le pasa al cerebro cuando estamos enamorados?

Cuando nos enamoramos de alguien lo primero que notamos es lo bien que nos sentimos. Esto es porque el cerebro libera unos neurotransmisores que mejoran nuestro estado de ánimo. Cuando encontramos el amor, es como si hubiera fuegos artificiales biológicos. Nuestro ritmo cardiaco se eleva, nuestros niveles de oxitocina (la llamada hormona del amor) aumentan, lo cual nos hace sentir conectados. Nuestros niveles de la hormona y el neurotransmisor llamado norepinefrina se disparan y perdemos la noción del tiempo; nuestros niveles de adrenalina también aumentan, lo que dilata los capilares de nuestras mejillas y nos hace sonrojar.

¿Es necesario el amor para la supervivencia?

El amor es una necesidad biológica, como el agua, el ejercicio o la comida. Mis investigaciones me han convencido de que una vida amorosa saludable —la cual podría incluir a tu amada pareja, a tu círculo de amigos más cercanos, a tu familia o incluso a tu equipo de deportes favorito— es tan esencial para el bienestar de una persona como una buena dieta.

El amor —en el sentido holístico y expansivo en que concibo ahora el término— es lo opuesto a la soledad. Cuando vemos la ausencia de relaciones positivas y sanas, vemos una cascada de desventajas físicas y mentales, de depresión a diabetes o presión alta y sueño fragmentado.

Si no sientes que tienes una relación significativa, es como si estuvieras sediento en términos sociales, y tu cerebro te envía una señal diciéndote que necesitas ayudar a tu cuerpo social. Algunas de las mismas alarmas que se activan cuando la gente tiene sed se accionan cuando la gente se siente socialmente desconectada de los demás. La clave es no reprimir estos sentimientos. Su propósito es ayudarnos a sobrevivir y se supone que nosotros debemos hacer algo al respecto.