Los investigadores pretenden, entre otras cosas, evaluar qué es lo que ocurre en el cerebro cuando ve comida, así como las diferencias de su comportamiento cuando observa platillos grasosos en comparación a la comida saludable.

La cultura y el medio ambiente se combinan para la mala toma de decisiones del mexicano respecto a su alimentación y malos hábitos que lo conducen a la obesidad, explicaron investigadores de la UNAM y de otras instituciones durante la conferencia de lanzamiento del proyecto “Conductome: El estudio de la conducta detrás de la obesidad“, el martes 26 de abril.

Christopher R. Stephens, del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la Universidad Nacional, detalló que el proyecto ofrece una nueva forma de abordar la problemática de este padecimiento y las enfermedades metabólicas, pues el punto central son las elecciones relacionadas con el sobreconsumo, sedentarismo y todo aquello que afecta la salud.

Uno de los objetivos de CONDUCTOME es entender la obesidad desde la totalidad de las variables que la constituyen.

La investigación se realiza desde 2014 y cuenta con cuatro mil participantes, la mayoría estudiantes de la UNAM, la Universidad Iberoamericana y la Universidad de Guanajuato, a quienes se les dio seguimiento en su toma de decisiones respecto a sus hábitos alimenticios y se les monitoreó médicamente para respaldar los datos.

“Más del 70% de la población presenta obesidad y nos gustaría que en el futuro evitemos llegar a esa condición. Es importante recordar que ésta puede llevar a la muerte”, añadió el investigador.

Asimismo, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición en México reveló que en 2018 había 82 millones 767 mil personas de 20 años y más con diabetes.

Por otro lado, Rolando Díaz Loving, investigador de la Facultad de Psicología, explicó que la cultura tiene gran influencia en la forma en que se forman los hábitos.

En tanto, Estefanía Espitia Bautista, investigadora del C3, detalló que se revisaron los antecedentes de salud y familiares de cada participante; además de preguntarles qué actividades efectúan en su día y proceder a su corroboración con sensores para monitorear si la persona realmente hace lo que dice.

Es esencial conocer la neurofisiología de la conducta en las decisiones, comprender las áreas del cerebro que se activan en ciertos alimentos, además de su relación con el genoma para llegar a la obesidad, indicó Mario Buenrostro Jáuregui, colaborador del proyecto en la Universidad Iberoamericana.

Además, Jáuregui declaró: “Sabemos que los alimentos altamente palatables, es decir, los ricos en azúcares y grasas, por ejemplo una pizza, tienen un potencial adictivo muy alto que, en ocasiones, es similar a las drogas; la ingesta de productos, además, está muchas veces relacionado con la búsqueda de placer; es decir, consumimos alimentos porque nos genera placer“.

Los investigadores pretenden evaluar qué es lo que ocurre en el cerebro cuando ve comida, las diferencias de su comportamiento cuando observa platillos grasosos en comparación a la comida saludable, qué pasa en el cerebro y en las hormonas en el cuerpo cuando la persona tiene hambre y qué ocurre cuando el individuo se sacia.

Los especialistas indicaron que actualmente se procesan los datos generados por el proyecto y sus participantes, y adelantó que en breve se darán a conocer los primeros resultados estadísticos de la variación en las elecciones alimenticias de loas alumnos de cada una de las universidades que colaboran.