Por Sergio Mejía Cano

Preocupación entre los actuales locatarios del mercado Manuel Z. Larios

El mercado Manuel Z. Larios, ubicado al norte del Centro Histórico de Tepic, ahora está en la mira del actual H. Ayuntamiento de la capital nayarita, para supuestamente crear ahí, un mercado de artesanías; sin embargo, esto no gustó nada a los locatarios que a tiras y tirones han permanecido en sus puestos desde hace por lo menos 30 años.

Ante la desazón de estos locatarios, al enterarse de que posiblemente las autoridades municipales los despojen de su patrimonio y de su sustento diario, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, ya ha tomado cartas en el asunto, entrevistándose con dichos locatarios, para darles el espaldarazo de que, si no llegan a un acuerdo con la actual presidente municipal, Geraldine Ponce, recibirán todo su apoyo para proteger sus locales para que no sean afectados en lo absoluto. Por lo que solo está esperar en que la alcaldesa reciba a los locatarios para ponerse de acuerdo y llevar a buen término las negociaciones y la garantía de que no se verán afectados en lo absoluto.

Lo que sí es muy evidente, es que dicho mercado necesita una remodelación a fondo, pues la parte baja ha estado en el abandono durante muchos años, por lo que varios de sus locales no han sido ocupados durante décadas convirtiéndose en guaridas de indigentes y posiblemente hasta de delincuentes y drogadictos; esto en la parte baja hacia el norte. Incluso se ha documentado que hasta como basurero ha servido, pues hubo un tiempo en que algunas personas que se dedicaban a la pepena, llevaban ahí enormes cantidades de basura dejándola varios días ahí, convirtiendo esa zona baja del mercado en un claro foco de infección. Todo esto, desde luego que le da una mala imagen a la ciudad capital de Nayarit, pues prácticamente este mercado está en pleno centro de la ciudad dando un mal aspecto, debido al abandono y descuido total en que se encuentra actualmente.

Cuando fue creado este mercado Z. Larios, se podía estar y caminar por sus instalaciones, pues por la noche estaba iluminado, sirviendo sus jardineras para las parejas de novios; pero hoy en día, es un peligro adentrarse en sus instalaciones no nada más cuando oscurece, sino también durante el día, pues hay una parte, en la parte baja hacia el norte, que está totalmente abandonada, excepto algunos de los que en su día fueron locales comerciales, en donde moran personas que, han tomado estos locales como su propio domicilio y, ya van dos o tres ocasiones en que han servido como depósito de cadáveres, pues se han encontrado cuerpos sin vida al interior o en las afueras de esos locales que, aparentemente lucen cerrados; pero que quién sabe que o quienes estarán en su interior.

Así que, para proteger el patrimonio de los locatarios que están trabajando en este mercado que está en las confluencias de las avenidas México y Victoria, circundándolo la calle de la prolongación Veracruz y el río Mololoa, se podría ir remodelando la parte baja que da hacia el río y que, es precisamente, la que luce totalmente descuidada, para posteriormente reubicar a los actuales locatarios mientras arreglan los que ahora ocupan y así, todo mundo contento, en el entendido de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar y más, en este mercado que cuenta con buen espacio para que se acomode ahí el mercado de artesanías añorado por el actual H. Ayuntamiento de Tepic, y los locatarios que temen ser despojados; para todos hay, y así nadie saldría afectado. Queriendo, y con buena decisión, todo podría ser.

Lo único malo para este proyecto de dicho mercado de artesanías, sería el nauseabundo olor que despide el drenaje abierto en que se ha convertido el río Mololoa, lo que posiblemente desanimaría a los visitantes a este mercado de artesanías. Porque si ahora los actuales locatarios tienen clientes, es porque están al lado de la avenida Victoria y no junto al río que, por cierto, también hay locales en una planta alta, en donde ahí sí afectan los fétidos aromas que despide el drenaje, perdón, el río.

Hubo un tiempo en que se quiso reubicar ahí a los expendedores de mariscos, quitándolos de su habitual lugar de la calle Veracruz, entre la avenida Victoria y la calle Bravo; sin embargo, al parecer a los marisqueros no les gustó el cambio, a pesar de ser nada más una cuadra de distancia, tal vez fueron los aromas que se desprenden del río Mololoa lo que los desanimó, no nada más a los vendedores de mariscos, sino a la clientela misma, pues en tiempos de calor, se acrecienta el fétido aroma.

Sea pues. Vale.