El Día Mundial de la Libertad de Prensa tiene un trágico y especial significado en México. Ocho periodistas asesinados en lo que va de año y las exigencias de justicia de los informadores en constante peligro en lugares como Michoacán, Veracruz o Tijuana se suman al asedio permanente de muchas autoridades del país.

En la fronteriza Tijuana (Baja California), uno de los puntos rojos para la prensa, sus reporteros consideran que si antes ya era complicado trabajar en esa ciudad, desde los asesinatos en enero pasado de sus colegas Margarito Martínez y Lourdes Maldonado, el clima se ha vuelto incluso más tenso y hostil.