Una boda bizarra y el Metro de la CDMX

“Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”

Frase atribuida a Napoleón B.

Hace unos días se llevó a cabo una boda en el estado de Tlaxcala. Lo particular de la noticia es la temática elegida por los novios para tan importante evento.  Ellos creyeron prudente que sería ad hoc celebrar haciendo referencia a elementos de la Alemania nazi.  Es decir, su gusto por Hitler, el vocho y la esvástica como elemento representativo en una boda en el centro del país.  Esto representó un escándalo en varias partes del mundo. En mi opinión tiene que ver con un asunto de valores -propios y colectivos- y de percepción.

Me explico un poco más. Sí, ya lo sabemos hasta el cansancio, lo que sucedió durante la Segunda Guerra Mundial fue un acto condenable. Ningún pueblo, ninguna raza debería de ser perseguido.  Sin embargo, es una de las grandes manchas del siglo pasado.  Lo que sucedió hace casi un siglo no puede ni debe volver a pasar.

La historia y la memoria colectiva debería servirnos para algo. Es decir, hay innumerables testimonios, fotos, películas de todos los horrores que se cometieron con Hitler al mando. ¿Pero lo que se hizo en territorio tlaxcalteca fue correcto? Francamente, me parece que sí. Quizá fue algo de mal gusto, un acto moralmente reprobable pero no puede catalogarse que estuviera mal.

De hecho, este acto describe mucho de lo “sensible” que se encuentra la sociedad.  A quién le importa -más que a los propios novios- lo que sucedió. ¿Será posible pensar que los tlaxcaltecas viven en un atraso histórico-cultural? ¿Lo que hicieron fue un intento de burla- de muy mal gusto, por cierto- respecto al sufrimiento humano? ¿Nos hace falta ser más empáticos con los demás? ¿Por qué ese tanto afán por burlarse de los otros? ¿Cómo seguir defendiendo a las minorías en pleno siglo XXI? Francamente, no lo entiendo. Ni hablar.

Asunto 2

La ciudad de México es la ciudad del caos.  A pesar de ser poblano y de la cercanía con el otrora Distrito Federal me parece que entre ambos los estilos de vida son muy diferentes. Me explico un poco más.  Las distancias y los caminos que recorren sus habitantes me parecen una cosa de locos. Por eso, el Metro de la ciudad de México me parece una obra majestuosa de la ingeniería.

Lamentablemente el año pasado sufrió un “accidente” lamentable. Algunas personas fallecieron y otras resultaron gravemente heridas. Sus vidas dieron un giro radical de 180º en cuestión de segundos. Nadie- o al menos muy pocos- se esperaban que algo tan desastroso pasara.  Ciertas voces trataron de minimizar lo ocurrido normalizando la tragedia y procurando desviar la atención hacia asuntos de menor importancia.

Hace pocos días la jefa de gobierno confirmó que no está de acuerdo con el peritaje hecho por los especialistas y contratados por el gobierno. Lo cual me lleva a pensar muchas cosas. 1. ¿De dónde salió el dinero para contratar a los expertos? Inevitablemente tiene que ser dinero público. 2. ¿Ese dictamen si es que se pagó con dinero público debería de ser de libre acceso? ¿Cómo ciudadanos- y especialmente los de la capital- a quién le podrían pedir/exigir el informe? ¿Se buscará entonces que “otros” expertos evalúen lo ya evaluado? ¿Quiénes son los responsables?

Desde su origen las fallas han sido innumerables. Varios gobiernos pasaron e hicieron – o dejaron de hacer- cosas que les competían. Habrá que tener paciencia – un poco más- y ver cómo se resuelve todo.

Hasta la próxima.

Luis Fajardo Velázquez

luisefeve@hotmail.com