Ojalá y se erradiquen para siempre las corridas de toros

Por Sergio Mejía Cano

No he podido concebir cómo entre los creyentes, religiosamente hablando, entre los más fervientes y fanáticos religiosos, son los que más embroncados están con sus familiares, con sus vecinos, conocidos, etcétera, pues se muestra la mayoría de ellos como los más intolerantes que no soportan otros puntos de vista, sobre todo aquellas personas que, a cada instante, pregonan citas bíblicas y que no dejan de hablar constantemente de Dios.

Si bien se dice que no es ético escribir en una columna de opinión sobre temas personales, a veces es preciso para dar el enfoque necesario a la idea de lo que se trata de abordar. Conozco una familia a la que la mayoría de sus miembros nada más les hace falta traer un rosario en la mano y que cuando les he preguntado cómo están algunos otros miembros de su familia, me sorprende recibir como respuesta que no le hablan a esos tal por cual; pero en forma más despectiva, algo inaudito para mi forma de ser y pensar.

Pero más sorprendente es ver y comprobar que, entre esta clase de creyentes religiosos, son aficionados a las corridas de toros, por lo que ahora están disgustados porque por el momento se han interrumpido dichas corridas en la Plaza México, hecho que ha dado tema, precisamente porque ya se sabe que, entre muchos mexicanos de ambos sexos, existe una gran afición a la también llamada fiesta brava.

Mi papá, Javier Mejía Hernández, era un gran aficionado a la fiesta taurina debido a ser oriundo de Apizaco, Tlaxcala y, porque creció entre las ganaderías que hay en esa región del país; incluso fue torero y banderillero durante su juventud. Y, así como él, la mayor parte de la familia de Apizaco, es gran aficionada a esa fiesta brava, familia con la que jamás hemos salido de acuerdo por la diferencia de ideas respecto al asesinato de los toros en una forma tan cruel y bárbara.

Obviamente que, con lo primero que rebaten es por qué no dejo de comer carne y, porque a las reses también las matan en los rastros. Sin embargo, a muchos desde niños nos dan nuestra carnita asada, por lo que se nos va formando el gusto por ella, crecemos y seguimos en las mismas a pesar de estar en contra de la matanza de reses; sin embargo, es mucho muy diferente cómo matan a las reses en los rastros, a como asesinan a los toros en una plaza de toros, animales que en sí podrían no captar el porqué los están martirizando de ese modo, por lo que lo único que hace es poner en práctica su instinto de conservación y defensa; sin que esto se pudiera tomar como agresividad.

Lo curioso de todo es que, entre los aficionados a las corridas de toros, aducen que esta especie de toros de lidia nacieron para eso, para ser burlados, aprovechando su embiste. Pero, ¿qué no acaso todos los seres vivientes en este planeta nacimos para vivir? ¿Por qué el ser humano tiene que aprovecharse de esas otras especies? Porque también es bueno preguntarse qué significa para esta gente el 5° mandamiento de Dios que dice claramente: ¡No matarás! Y el quitarle la vida a un toro después de ser martirizado cruelmente enterrándole una puya en el lomo, después varias banderillas para, al último ser clavado por un estoque atravesándole el corazón y, si tarda en su agonía, quitársela de golpe con una puntilla en la nuca, con el beneplácito de una afición que aplaude esta crueldad, porque para esa afición eso es un arte.

Pero se entiende que, para la mayor parte de la humanidad ese mandamiento de “no matarás” eso es letra muerta, ya que al no especificar qué es lo que no se matará, pues muchos seres humanos lo aprovechan hasta para matarse entre sí y, desde luego a las demás especies sobre las cuales, por mandato divino el ser humano se siente superior, porque así lo dicen las sagradas escrituras: “reinarás sobre todo demás ser viviente y sobre todas las cosas, etcétera. Mira tú, qué suave.

Ojalá y se llegaran a erradicar las corridas de todos en todo nuestro país, así como las peleas de gallos, las peleas de perros y, los eventos de la charrería en donde se maltrata a caballos y reses.

Se dice constantemente, y hoy lo han sacado a flote los que están protestando por la cancelación momentánea de las corridas de toros en la Plaza México que, la charrería y las corridas de toros son una costumbre y una “tradición mexicana”. Esto desde luego que no es congruente, pues es producto de la invasión española a esta parte del continente en donde hoy habitamos los mexicanos; ¿por qué? Pues porque en este continente no había reses ni equinos.

Sea pues. Vale.