Neumólogos y estudios recientes destacan bondades y perjuicios de ambos electrodomésticos

Si bien el verano nos trae las playas, las vacaciones y las horas de luz, también es sinónimo, en muchas ocasiones, de noches en vela por el calor. La buena noticia es que contamos con aire acondicionado o ventiladores, pero…¿qué es más saludable utilizar con frecuencia? Neumólogos y estudios recientes destacan bondades y perjuicios de ambos.

En el caso del aire acondicionado, este presenta notables ventajas. Quizá la más percibida sea la posibilidad de propiciar una temperatura agradable, pudiendo, incluso, escoger los grados exactos a los que queremos estar. Eso sí, en ocasiones se excede de frío, provocando congestiones nasales, dolor de garganta y tos. Incluso personas con enfermedades como renitis o EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) pueden acabar sufriendo episodios agudos. Los expertos recomiendan que, con tal de evitar llegar a este tipo de extremos, se mantenga la temperatura entre 24ºC 28ºC, intentando que la diferencia con el exterior no exceda de los 6ºC. Otra de las recomendaciones a tener en cuenta es la limpieza del aparato. De no limpiar y controlar los filtros, pueden crecer allí bacterias y bacterias que acabamos inhalando y que pueden suponer un problema, en especial, en personas inmunodeprimidas. No todo lo relacionado con este aparato es malo: estudios recientes han demostrado que en periodos de olas de calor ayuda a reducir la mortalidad.

El ventilador, por otro lado, no logra bajar tanto la temperatura, ya que solo remueve el aire. Puede generar un ambiente de unos 5ºC menos, aproximadamente. Precisamente por ello, no supone tanta diferencia con la exterior, como sí ocurre con el aire acondicionado. Además, no irrita las fosas respiratorias altas, como la nariz, la tráquea o los bronquios. Sin embargo, un estudio australiano promulgó que la sequedad que provoca el ventilador puede perjudicar la tensión sanguínea y el ritmo cardiaco. En caso de dormir con él, se debe de colocar a cierta distancia y evitar que el flujo de aire impacte siempre en el mismo lugar, ya que puede resecar los tejidos y acabar produciendo irritaciones de garganta o rinitis, entre otras afecciones.

Aunque ninguna de las dos opciones es considerada por la comunidad científica como «mala» es cierto que el ventilador se lleva la palma, equilibrando pros y contras, como la mejor manera de refrescarse en cuanto a salud se refiere, siempre que se utilice de forma adecuada. Además de más saludable, impacta de manera positiva en el ahorro. En las noches más calurosas, eso sí, puede que no nos sea suficiente para poder conciliar de forma fácil el sueño.