Los astrónomos sospechan que su inclinación se debe a las interacciones gravitatorias con Neptuno

Un nuevo estudio sugiere que una luna perdida de Saturno, a la que los científicos llaman Crisálida, tiró del planeta hasta que se desgarró, formando anillos y contribuyendo a inclinación

Los anillos de Saturno son un claro indicio de que el planeta gira inclinado en un ángulo de 26,7 grados con respecto al plano en el que orbita el Sol. Los astrónomos sospechan desde hace tiempo que esta inclinación se debe a las interacciones gravitatorias con su vecino Neptuno, ya que la inclinación de Saturno precesiona, como una peonza, casi al mismo ritmo que la órbita de Neptuno.

Pero hace unos 160 millones de años, el equipo estima que Crisálida se volvió inestable y se acercó demasiado a su planeta en un encuentro de rozamiento que separó el satélite. La pérdida de la luna fue suficiente para sacar a Saturno de la influencia de Neptuno y dejarlo con la inclinación actual.