El 2 de octubre de 1968 sobrevivirá por generaciones

Por Sergio Mejía Cano

Pues, como se dice coloquialmente: el horno no está para bollos y se llega el 54° aniversario de la masacre de aquel 2 de octubre que jamás se olvidará; y ahora aunado al reciente octavo año del no menos trágico suceso de aquella noche del 26 de septiembre de 2014, por lo que las marchas para exigir una justicia que, al parecer nunca llegará, se seguirán dando año con año.

Desde luego que no nada más estos tristes acontecimientos han enlutado a nuestro país, pues también están las matanzas de Aguas Blancas, de Tlatlaya, San Fernando, Pasta de Conchos y un sin fon de trágicos sucesos que, enumerarlos a todos ellos se llevaría páginas y páginas; lo que sí es evidente es que, hasta el día de hoy, la impunidad ha imperado en la mayoría, si no es que en todos los casos, pues no se ve que haya una justicia contundente y no nada más paliativos para calmar a la opinión pública, presentando en la mayoría de los casos a puros chivos expiatorios o personajes menores; pero jamás a las cabezas que, intelectualmente comandaron que se llevaran a cabo las represiones y desapariciones, así como ocultamiento de pruebas y minimizar el número de muertos, como se ha documentado en el caso del 2 de octubre de 1968, de que jamás se sabrá con exactitud la cantidad de asesinados ese día y, no nada más fueron estudiantes participantes en las protestas estudiantiles, sino de población en general como mujeres, niños y ancianos, gente de todas las edades.

Obviamente que no faltan personas que critiquen por qué ahora haya jóvenes que protestan por el 68, siendo que nada más de oídas saben de aquello; sin embargo, es bueno recordar que si bien entre los manifestantes podría haber jóvenes que ni les va ni les viene, sino que participan en las marchas únicamente para hacer bola y así echar fuera sus propias frustraciones, también hay descendientes de las víctimas y sobrevivientes, así como de estos mismos y, además, participación de gente dolida por cómo actuó e gobierno de aquel entonces encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, quien asumió públicamente toda la responsabilidad de los hechos; pero lo más patético, fue que el Congreso de la Unión en pleno aquel día en que Díaz Ordaz asumió toda la responsabilidad, le aplaudieron a rabiar como si haya reconocido una responsabilidad digna y no una infamia que enlutó infinidad de hogares de mexicanos que posiblemente nunca van a olvidar la crueldad mostrada por ese presidente que se dijo responsable. Y precisamente, entre los que jamás van a olvidar estos tristes acontecimientos, están los mexicanos conscientes que, de voz a voz han estado trasmitiendo a sus descendientes lo que aconteció aquel fatídico 2 de octubre que jamás se olvidará precisamente porque subsistirá en el recuerdo común, tal y como se recuerda ahora la noche del 15 de septiembre y el día siguiente, el 20 de noviembre y demás fechas conmemorativas. Así que por esto y más, siempre habrá fechas luctuosas que persistirán en la mente de los mexicanos por siempre y para siempre.

Si bien el ejército mexicano no quedó bien parado que digamos aquel 2 de octubre, por haber sido señalado en su momento como el principal agresor de la población que quedó tendida en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, y también ha sido señalado con parte de culpa en los hechos ocurridos en la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa; ahora con la sustracción por medios cibernéticos de documentos y archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), el ejército vuelve a estar en el ojo del huracán, por lo que pudieran revelar esos archivos y documentos, por lo que gran parte de la ciudadanía está a la expectativa de lo que pudiera darse a conocer en los próximos días, porque pudiera haber algo relacionado con el caso Ayotzinapa y tal vez hasta de aquel fatídico 2 de octubre de 1968.

Se entiende que a lo largo de estos largos 54 años después de los acontecimientos de la noche de Tlatelolco, ha habido historiadores y enterados del asunto que en cierta forma han desligado a una parte del ejército de aquel entonces, al afirmar que hubo una parte del ejército que no estaba enterado del llamado “batallón Olimpia” , que se dice, eran soldados vestidos de civil que se identificaban entre sí con un guante o trapo blanco en la mano derecha y que fueron los que iniciaron todo el malogrado desgarriate. Pero de lo que sí no hay duda, de acuerdo a lo documentado, de que sí participó una parte del ejército mexicano de forma furtiva.

Sea pues. Vale.