Las medidas, similares a las impuestas al gigante Huawei en 2019, se centran en el sector de los semiconductores

La rivalidad cada vez más áspera entre Estados Unidos y China está a punto de escalar un poco más. En un área fundamental de la competición y donde la primera potencia mantiene aún una clara ventaja: los semiconductores. Washington planea imponer nuevas restricciones al uso de sus productos para impedir que Pekín pueda emplearlos en el desarrollo de su propia tecnología o en áreas estratégicas como los supercomputadores o el armamento de nueva generación.

La Casa Blanca podría anunciar las medidas esta misma semana, según han filtrado altos funcionarios a medios estadounidenses. Se trata de un momento especialmente inoportuno para China: el gigante asiático se encuentra en pleno periodo de vacaciones por su día nacional, y a apenas un par de semanas antes del congreso quinquenal del Partido Comunista en el que entre alharacas el presidente Xi Jinping quedará nombrado para cinco años más, por lo menos, de mandato.

La idea, según las filtraciones, es imponer a otras compañías chinas restricciones similares a las que la Administración de Donald Trump decretó sobre Huawei, el gigante tecnológico con sede en Shenzhen, hace tres años, mediante la denominada “norma de producto directo al extranjero”, o FDPR. Esta regla, que Washington también ha aplicado a compañías rusas a raíz de la guerra en Ucrania, prohibiría a cualquier compañía en el mundo vender a compradores chinos productos en los que se haya utilizado determinada tecnología, maquinaria o software estadounidense.

En concreto, se prohibiría la venta a empresas o individuos chinos de semiconductores que se utilizan en súperordenadores, en equipos militares o en inteligencia artificial para el desarrollo de sistemas de vigilancia de la población. Que Estados Unidos perdiera su posición de liderazgo en esta área “pondría en grave peligro” la seguridad nacional y perjudicaría a sectores de la economía del país, según un informe de la Agencia Nacional de Seguridad de 2016. Y episodios como la prueba de un misil hipersónico el año pasado demuestran que China ya compite, y supera, a Estados Unidos en áreas punteras de tecnología miliar.

Algo que Washington no está dispuesto a permitir. Ni que China se convierta en una fuente de suministro de alta tecnología a otros países, ni que pueda utilizar esa tecnología en armamento puntero.