Una de cada tres mujeres reportó que sufrió violencia al ser atendida durante el parto; mientras que una de cada diez cesáreas se practica sin consentimiento de la madre, situación que revela el clima de agresiones contra las personas gestantes.

Danaé Itzel Ramírez Arjona, egresada de la Universidad Iberoamericana Puebla, explicó que la violencia obstétrica es cualquier acto violento por parte del personal médico hacia una persona embarazada, desde comentarios ofensivos hasta la aplicación de procedimientos inadecuados antes, durante y después del parto.

La ganadora de la Beca Tesis del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla (Concytep) 2022 recabó testimonios que indican una falta de conocimiento sobre el tema y, en ocasiones, se desconocía el concepto de violencia obstétrica.

Hay una serie de patrones sociales que han orillado a que un rol de maternidad esté sujeto a ciertos aspectos que nos dicen que si no los cumplimos somos malas madres, y, por ende, menos mujeres”, explicó.

Las agresiones tienen una relación estrecha con los roles de género porque en la sociedad se pide que la madre sea perfecta y no pueda quejarse, añadió la egresa de la institución que forma parte del Sistema Universitario Jesuita.

Lo mejor es que tengas un parto vaginal, mal llamado parto natural. Si es cesárea eres menos mujer; si no lactas, eres menos mujer”.

El vínculo con círculos feministas la impulsó a hacer sus prácticas profesionales en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres en Panamá. Posteriormente, se mudó a Oaxaca por seis meses para hacer su servicio social en la sociedad civil Nueve Lunas, organización dedicada a la preservación del oficio milenario de la partería.

Como parte de su proyecto de titulación, la egresada de la Ibero desarrolló un kit informativo sobre la violencia obstétrica, la forma en que ocurre y las instituciones a las que se puede acudir si se es víctima. El proyecto fue devuelto a Nueve Lunas con una versión en náhuatl de la sierra Nororiental, la lengua de la región.

Ramírez Arjona se vinculó con un grupo de parteras de San Andrés Cholula y aprendió acerca de los procesos de sanación colectiva entre madres experimentadas y embarazadas primerizas.

Empiezan a asumirse como mujeres poderosas que pueden decidir sobre sus cuerpos. Muchas cosas cambiaron durante la pandemia. Los bebés de las madres cholultecas nacieron. Con el encierro coronavírico aumentaron los partos caseros”, destacó.

Ramírez Arjona explicó que la apertura social a las discusiones en materia de género ha desenterrado una modalidad de violencia que prevalecía en el anonimato y ahora busca aprovechar este contexto para refrendar los saberes de las mujeres que le dieron su primera experiencia con la guerra: una que se libra en los cuerpos gestantes.