“Nos gusta cantar, beber y bailar todo el tiempo”, añade Héctor Chávez, el verdadero nombre del empresario que cumplirá 60 años mientras alienta al Tri

Sin tequila en Qatar, el desembarco de unos 80,000 mexicanos en el Mundial dispone a las autoridades para evitar un choque cultural entre las reglas locales y una hinchada celebrada por su fanatismo, pero señalada por algunos desbordes.

Además de ser numerosos somos una afición muy folclórica”, resume Caramelo, el hincha número uno del ‘Tri’ que con su sombrero gigante es el alter ego de Manolo el del Bombo, el aficionado más popular de la selección española.

Los latinos deberán respetar las normas generales de consumo (tres horas antes y una hora después del partido, en la zona de fanáticos). Y sobre todo tendrán que pagar entre 9 y 12 dólares por ‘chela’, tres o cuatro veces más de lo que pagan por la cerveza en su país.

Será la mayor presencia de mexicanos en la historia de un país de Medio Oriente, con un tradición jurídica y religiosa diferentes y una lengua distinta”, dijo el canciller mexicano, Marcelo Ebrard al presentar medidas preventivas en agosto.

“No podemos llevar Tequila en el equipaje”, advirtió

En Sudáfrica otro mexicano fue detenido por intentar colocar un sombrero en una estatua de Nelson Mandela, un incidente tomado por los locales como ofensa nacional.

Y más peligroso aún para las aspiraciones de un país que organizará junto a Estados Unidos y Canadá el Mundial de 2026, es el grito homofóbico que muchos fanáticos han convertido en costumbre.

Hasta el 1 de noviembre, la FIFA multó a México en 17 ocasiones por el grito “puto” de sus hinchas cuando el arquero rival se dispone a poner en juego el balón.

Actitudes que perjudican la pasión de una hinchada mexicana que viaja por el mundo siguiendo a su selección.