El gas tarda en llegar

Por Sergio Mejía Cano

Se dice que no es ético escribir sobre asuntos personales en una columna de opinión; sin embargo, en ocasiones es necesario para dar un enfoque respecto a algunas experiencias personales que podrían dar tema para exponerlo a la opinión pública.

Resulta que, como casi siempre sucede y como si fuera por mala estrella, el gas se termina un sábado por la noche o domingo temprano y también a la hora de estar preparando los sagrados alimentos.

Así que este pasado martes a medio día, se termina el gas. Por diversas circunstancias lo pedí a eso de las 15:00 horas; pero, resulta que la señorita que atendió la llamada, dice que el pedido no se puede atender porque ya se terminó la hora de repartir. Le digo a la señorita que durante muchos años ya lo he pedido a esa hora, y me responde que por este día ya no habría reparto, que lo sentía mucho. Le pregunto a la muchacha al teléfono si mi pedido podría surtir efecto para el día siguiente, diciéndome que no, que tendría que volver a llamar para que se tomara en cuenta mi pedido de nueva cuenta.

Así que, al día siguiente, miércoles, a eso de las 08:00 horas, vuelvo a solicitar un tanque de gas de 30 kilos y añado diciéndole a la mujer que me atendió la llamada lo que se me habían respondido el día anterior, contestándome que los repartos se habían terminado temprano.

Así que, el miércoles se hacen las 10:30 horas y nada que llega el gas, por lo que vuelvo a llamar a la gasera que, por cierto, es de las primeras que se establecieron aquí en Tepic bajo el nombre de una etnia de Nayarit. La señorita que responde a mi llamado lastimero ya, es que el repartidor de la zona de donde llamo anda cubriendo otras dos rutas y que por lo mismo se hace más tardado atender los pedidos, que espere, que posiblemente ya no tarda. Se llegan las 14:00 horas y nada de gas todavía. Vuelvo a llamar a la gasera, y la respuesta es la misma: que el repartidor anda muy ocupado apoyando en otras zonas; pero que ya no tarda en llegar.

Alrededor de las 16:00 vuelvo a llamar para recordar mi pedido, que ya eran más de ocho horas de haberlo solicitado, y con la sorpresa de que me va diciendo la muchacha que está al teléfono que ya se le habían terminado los tambos al repartidor, que iba a tratar de localizar a otro repartidor para ver si le había sobrado algún tanque para que me lo llevaran. Bueno, está bien, respondí. Sin embargo, pasó el tiempo y nanay de gas.

Es obvio que pude haber pedido el gas a otra compañía e incluso, pasó una camioneta repartidora con su altavoz a todo volumen; pero quise ver en qué terminaba este asunto y ver para cuándo se compadecían de un servidor. Así que ayer jueves a las 08:00 horas, llamo a la empresa gasera de los tanques azules para volver a hacer el pedido de mi tambo de gas de 30 kilos y, le comento a la muchacha que atendió mi llamada lo que me había acontecido desde el martes. Me responde diciéndome que se siente muy apenada; pero que va a estar insistiendo con el repartidor para que le dé preferencia a mi pedido.

De nueva cuenta se llegan las 10:30 y nada de gas. Vuelvo a llamar y me dice la muchacha que atendió mi llamada que ya no tarda. Por fin a eso de las 12:40 horas llega el gas. Al estar cambiando el cilindro el repartidor, le pregunto que qué pasa con la empresa, si redujo personal o qué onda, a lo que me responde el repartidor que no hay gente para trabajar, que hay muchas vacantes; pero que no llega la gente a solicitar empleo, por lo que están varias camionetas detenidas por falta de personal, que ahí están las vacantes, pero nadie se acerca para cubrir los puestos faltantes. No se explica qué les pasa a los jóvenes de hoy en día que no les gusta trabajar.

Le comento al repartidor que tal vez sí les guste trabajar; pero en algo más cómodo y confortable y no cargando tanques de gas y menos si a donde van a surtir hay edificios de apartamentos y tienen que subir algunos pisos cargando el cilindro de 30 kilos que no es poca cosa tratando de subir escaleras. Tener que levantarse muy temprano para estar a tiempo en la planta gasera así esté lloviendo, haciendo frio o calor. Y, si bien se dice que las válvulas de los tanques son seguras, de todos modos, se podría decir que literalmente van manejando una posible bomba explosiva, debido a que infortunadamente todo podría suceder que, ojalá y nunca suceda, desde luego.

Le pregunto al repartidor de gas si será por los salarios, a lo que responde que pagan bien y con las prestaciones de ley y salen propinas.

Sea pues. Vale.