El rey Carlos III siempre ha mantenido una relación muy estrecha con su hermana Ana, su cómplice y el pilar en el que se apoyaba durante los momentos más complicados de su juventud. La princesa real, título con el que se la conoce oficialmente en el Reino Unido, fue la mejor asesora con la que contó el entonces príncipe de Gales durante su turbulento matrimonio con Diana de Gales. Y tras la muerte, el pasado septiembre, de Isabel II, el ahora monarca busca reforzar significativamente el papel de mano derecha que juega la aristócrata.

Como se desprende de la petición que ha realizado el soberano al parlamento británico, Ana y su hermano menor Eduardo podrían convertirse próximamente en consejeros de estado. De esta forma, ambos podrán sustituir al jefe del estado de cara a la realización de ciertas funciones si este se encuentra enfermo o de visita oficial en el extranjero. La elección del conde de Wessex para uno de estos puestos, según apuntan expertos de la casa real, también se entiende como un reconocimiento por su fidelidad y buen hacer. De hecho, podría verse acompañado muy pronto por un hipotético nombramiento como nuevo duque de Edimburgo, puesto vacante tras la muerte, en 2021, del príncipe Felipe.

En estos momentos, tanto el príncipe Harry, quien abandonó la primera línea de representación monárquica hace dos años, como el príncipe Andrés, el hermano más polémico del rey, forman parte de ese privilegiado grupo de consejeros, aunque por el momento no ha trascendido señal alguna de que vayan a ser relevados de sus cargos.

Se espera que la Cámara de los Lores ofrezca una respuesta a Carlos III a lo largo de este martes, una afirmativa, según fuentes de la casa Windsor, habida cuenta de que Ana y Eduardo ya representaron satisfactoriamente a Isabel II en varias ocasiones durante su último año de vida. La posición de Consejero de Estado fue creada por el rey Jorge VI, abuelo materno de Carlos, en 1936 para evitar que ciertos imprevistos y demás ausencias tuvieran que desembocar en períodos de regencia.

Por supuesto, las atribuciones de estos consejeros están muy limitadas y, a menos que lo instruya el monarca de forma explícita, no podrán disolver el parlamento o elegir formalmente al primer ministro. Con la excepción del heredero al trono, que podrá ingresar en este ‘club’ una vez cumplidos los 18 años, todos los miembros de la institución deben ser ciudadanos británicos y mayores de 21. Carlos y Guillermo, por ejemplo, actuaron en calidad de consejeros de estado en la última apertura de la legislatura, en sustitución de la ya fallecida Isabel II.