Las prohibiciones aceleran el cacumen de mucha gente

Por Sergio Mejía Cano

Se informa que el gobernador del estado de Nayarit Miguel Ángel Navarro Quintero, en su encuentro con los medios de comunicación señaló que no habrá extensiones en los horarios para el cierre de cantinas, bares, antros de vicio y centros de diversión más allá de las 02:30 horas. Y así mismo, afirmó que no habrá paso atrás en esta disposición, así como la suspensión de la venta clandestina de bebidas alcohólicas, de las que se tiene conocimiento que se llevan a cabo hasta en vehículos.

Todo está bien, pues últimamente se ha incrementado el consumo de alcohol en gran parte de la ciudadanía, tal y como si mucha gente estuviera reponiendo el tiempo de las restricciones que generó la pandemia que obligó al cierre de todo tipo de tugurio y centros sociales y que significó que hasta se suspendieran los eventos familiares como fiestas de bautizos, quinceañeras y bodas; y por si fuera poco, hasta velorios y acompañar a los seres queridos a su última morada en los cementerios. De ahí que tal vez muchas personas estén diciendo aquella máxima de “ahora es cuando” y a darle que es mole de olla.

Desde luego que este incremento en el consumo de bebidas alcohólicas ha generado infinidad de accidentes de todo tipo, sobre todo los automovilísticos y, ya no se diga las broncas familiares y hasta entre vecinos por aquello de las molestias que causan a otras personas el sonido fuerte de música y que a los vecinos no les sienta nada bien.

Sin embargo, el problema estaría en que, tal y como ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad, las prohibiciones despiertan el intelecto de mucha gente que se da sus mañas para evadir cualquier tipo de prohibición o sugerencia. Baste recordar que cuando se implantó la ley seca en los Estados Unidos de Norteamérica, fue el detonante para la aparición de las grandes bandas criminales que se crearon con el contrabando precisamente de licor, bandas conformadas por italianos, irlandeses y judíos, prevaleciendo principalmente las de los italianos que devengaron en llamarse mafias; y todo, por la prohibición de la venta de bebidas embriagantes.

Pero para no ir tan lejos en la historia, aquí en Nayarit en el sexenio del licenciado Celso Humberto Delgado Ramírez (1987-1993), cuando se prohibió la venta de cerveza los domingos, lo que originó que comenzaran a aparecer aguajes clandestinos de venta de cerveza por todo el estado. En el caso de la capital nayarita mucha gente los supo ubicar de inmediato, por lo que no hubo problema para surtirse de cerveza; puntos de venta que la mayoría sabía dónde quedaban.

Esta prohibición para el gremio ferroviario no fue problema alguno, ya que todos los días alrededor de las 10:30 horas llegaba el tren de pasajeros número 4, proveniente del norte con una estancia en la estación de Tepic de media hora, tiempo que aprovechaban no nada más los ferrocarrileros, sino mucha gente para surtirse de cerveza con los agentes de publicaciones quienes eran los que tenían la concesión de la venta a bordo de los trenes de pasajeros. Y, por si fuera poco, a eso de las 13:30 arribaba el tren de pasajeros número 2, también proveniente del norte del país y, a las 13:35 llegaba el tren número 1 de Guadalajara, Jalisco, rumbo norte y, ya a las 16:45 entraba el tren número 3, también proveniente de la Perla Tapatía. Los trenes 3 y 4 tenían una permanencia de 30 minutos y el 1 y 2 nada más diez minutos, tiempo suficiente para que mucha gente se surtiera de cheve todos los domingos de prohibición.

Por esto mismo, los agentes de publicaciones ya venían listos y preparados para atender la demanda de cerveza en la estación del ferrocarril, pues en cuanto se supo de la prohibición, embarcaban cerveza de más de acuerdo a su costumbre para atender precisamente esa demanda en Nayarit, pues por ejemplo los trenes 4 y 3 tenían demanda de cerveza en todos los lugares den donde tenía parada para subir y bajar pasaje y, el 1 y 2, en Ruiz y Acaponeta.

Por la vía del ferrocarril, en la frontera entre Nayarit y Sinaloa, los habitantes de la población denominada La Bayona, todos esos domingos de prohibición de venta de cerveza, cruzaban un río para ir a La Concha, poblaciones cercanas una perteneciente a Nayarit y la otra a Sinaloa, respectivamente, para surtirse de cerveza a discreción, pues en Nayarit estaba prohibida la venta; pero no su consumo, así que nada más bastaba con cruzar un río por el puente del ferrocarril y surtirse de cheve a morir.

Así que existe esa posibilidad de venta.

Sea pues. Vale.