LOS MANDATOS II.
(Las Expectativas)
Por Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx):
Instituciones como la sociedad de Control mental Silva y el Instituto Sterling, han realizado experimentos en donde se ha demostrado que la autoimagen se puede cambiar y mejorar, en función de las expectativas que conforman el medio ambiente de los infantes. Hay cambios en la personalidad de los pequeños, que se pueden llegar a dar, cuando se cambian las expectativas.
En estas instituciones se han realizado experimentos con niños menores de siete años, que aún no han comenzado el cambio a su segunda dentición. Se han practicado las experiencias suministrándole al conductor, grupos de niños escogidos al azar, sin haber considerado ningún tipo de prueba psicológica que mida su coeficiente de inteligencia real. Se le ha dicho al profesor los nombres de algunos alumnos con coeficientes mentales más altos de lo normal. Estos nombres también fueron escogidos al azar. Para que este tipo de experimentos resulten, es necesario que los instructores desconozcan el IQ real de los niños.
Después de un período, los escogidos, resultaron con un mejor nivel de aprovechamiento que el resto de compañeros. Cuando se les mencionó a los instructores la forma de selección, mencionaron que ellos habían tratado a todos por igual. Que no podían creer que se trataba de un experimento, pues ellos estaban convencidos que los escogidos tenían mejores aptitudes que el resto.
De forma paralela, los padres se van formando conceptos acerca del valor de sus hijos. Esos conceptos inciden en las diferentes maneras de dirigirse a ellos. Si un padre cree que uno de sus hijos es inteligente y otro no lo es, el trato personal que les dirige es diferente. Esta concepción trasmite mensajes también diferentes.
Cuando la madre considera a su pequeño importante, la manera como se comunica con él trasmite mensajes. El hijo además de las palabras que escucha, está recibiendo los mensajes sobre el valor que le tiene su propia madre. Toda madre es importante a los ojos de sus pequeños y por lo mismo sus opiniones tienen influencia sobre su estado psicológico y sobre sus actuaciones.
Si la madre piensa que uno de sus hijos será útil y que triunfará, le trasmite la idea del éxito. Al ser recibida, ese niño, alimenta y enriquece su auto-imagen. Cuando los mayores que rodean a un infante, piensan bien de él, recibe un mensaje de aceptación. Por lo mismo su auto-imagen crece. Las opiniones de las personas mayores, influencian al pequeño, cuando emiten juicios sobre su persona. Estas opiniones vienen a ser para el menor como una profecía. La profecía puede ser de éxito o de fracaso, en función de esas opiniones.
Cuando la autoimagen mejora, resulta también una mejora de las actuaciones. Esa situación en cierta manera da cumplimiento a esa profecía. Si los padres lo notan y se lo hacen ver, le están dando un refuerzo positivo. Muchas personas son de éxito, porque eso es lo que se esperó de ellos desde su primera infancia. Otros fracasan porque eso era lo que se creía que iba a resultar.
Mediante el intercambio diario, los hijos pueden apreciar el valor que los progenitores les tienen mediante la aprobación de su hacer. Cuando alguno de los papás conversa con su hijo y la comunicación es interrumpida porque se le presta más atención a otro asunto que se considera prioritario, el hijo recibe el mensaje: “Yo no te aprecio tanto”. Cuando se simula ponerle atención, pero en realidad se está pensando en otra cosa, también el hijo percibe lo mismo.
Por ejemplo, cuando la madre lee mientras el hijo habla. Cuando se responden o se hacen llamadas telefónicas en medio de las expresiones del pequeño. Cuando el papá sin disculparse interrumpe lo que el hijo le dice, para atender otra cosa. Cuando se simula estar prestando atención pero en respuesta se sale con otro tema, se le está dando al pequeño un mensaje muy claro: “Tú no eres muy importante para mí”. El trato personal que se les da a los hijos cuando se equivocan, también es parte del mensaje, que proyecta el aprecio que les tienen los padres.
Hay familias que no tienen objetivos y por lo mismo nunca se conversa de ese tema. También hay familias con muy pocos valores morales y por lo mismo tampoco es un tema de conversación. Por el contrario hay familias que tienen estos valores y objetivos familiares muy sólidos, y por lo mismo son temas tratados en las conversaciones diarias.
Los hijos son tomados en cuenta cuando se les involucra. Si se les permite que opinen sobre esos temas considerados trascendentes, se les está trasmitiendo un mensaje: “Ustedes son importantes dentro del seno familiar”. Cuando se les hace participes en las conversaciones estratégicas de la familia, se les está involucrando y considerando personas importantes.
Ese tipo de experiencias también trasmiten mensajes. Si cada miembro de la familia es considerado una parte del andamiaje, y en general, es tratado como un ser inteligente, realmente se le está dando un mensaje de estimación. Los hijos reciben este mensaje.
En cada familia, los hijos pueden o no recibir suficiente retroalimentación sobre sus logros personales en su hacer diario. Si esos niños cuentan con amplia información acerca de lo que se espera de ellos lo cual logran entender y asimilar, aumentarán las probabilidades de que tomen conciencia de su importancia personal. Esa toma de conciencia también aumenta la probabilidad de que respondan con nuevos logros y éxitos.
Cuando un infante entiende la ayuda que le suministra a la familia con sus aciertos o desaciertos personales, también se les está considerando importantes. Se está aumentando la probabilidad de que poco a poco se vayan formando un concepto de su valor personal. Esta concepción va consolidando una autoestima sólida.
Los logros y éxitos de cada quien fortalecen su propia autoimagen, lo que los prepara para nuevos logros. Por el lado contrario, los fracasos destruyen su autoimagen, lo que los vuelve temerosos e inseguros. El éxito progresivo está constituido por el fortalecimiento que se deriva de los éxitos anteriores. Algo semejante al entrenamiento de los boxeadores que mediante sparrings cada vez más calificados se preparan para los combates importantes.
Los padres que les permiten a sus hijos practicar, equivocarse y reintentar, hasta realizarlo correctamente, están preparando triunfadores.