Por: Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

Nuestros Hijos

En los primeros siete años de vida, quedan definidas la mayoría de características de la personalidad. La concepción que tiene cada adulto de sí mismo, está relacionada con esas primeras grabaciones. Desde el nacimiento comienzan las grabaciones, con sus palabras los padres y otros adultos que rodean al menor, son los que graban esos mensajes. Muchas de estas grabaciones tienen una relación directa con la concepción que el niño se va formando de sí mismo.
Es conveniente que los padres tomen conciencia acerca del tipo de comunicación que les están trasmitiendo a sus hijitos. Esta toma de conciencia tiene una repercusión directa en lo que puede desembocar en mensajes que beneficien o deterioren sus mensajes en la vida adulta de sus pequeñitos. Las palabras que emiten cuando sus hijos pertenezcan a la primera infancia, quedan registradas en sus cerebros. Esa toma de conciencia permite la oportunidad de ir moldeando en ellos, una personalidad triunfadora. Un niño que crece con un espíritu de lucha, ha iniciado la carrera de ascenso.
Entre de las características de personalidad, que los padres pueden ir moldeando está el esfuerzo por grabar en su subconsciente todo aquello que la sociedad considera bueno y deseable. Ejemplo de condiciones deseables se pueden mencionar la responsabilidad, la persistencia, la honradez, la veracidad, la serenidad, la ecuanimidad, la justicia, y en general todas aquellas cualidades, que en la historia han sido consideradas virtudes.
Una manera muy práctica que se puede usar para comenzar a generar grabaciones deseables, es la oportunidad de mencionar su aprobación, cuando el pequeño tiene algún acierto que se ha esperado. Estos padres tienen que identificar con antelación, el tipo de aciertos que desean que queden grabados. Cuando el niño tiene un acierto que los padres han programado, se le puede dar reconocimiento.
Por ejemplo cuando el niño deja de hacer pis en la cama el papá puede decirle a la mamá: “Mira mi vida, Carlitos ya no se orina en la cama”. Cuando el niño se lava las manos antes de comer, también se puede hacerlo. Al escuchar la aprobación esta queda registrada en su cerebro.


Uno de los cuidados que se debe tener cuando se están tratando de reforzar las cualidades que se esperan, tiene mucho que ver con el ejemplo. No son solamente las palabras las que comunican, como dice el refrán: “La palabra convence, pero el ejemplo arrastra”. Si se le está enseñando al niño a no tirar basura en la calle, los padres deben comenzar por reeducarse y no hacerlo. Si se le dice al niño que el cigarrillo es malo, los padres no deben fumar.
Más adelante, cuando este pequeño haya crecido se puede encontrar en una coyuntura como el esfuerzo para tratar de conseguir un empleo. Lo logrará entre muchos candidatos si es capaz de venderse bien. Si se vende mal el elegido será otro. Incluso en la búsqueda de compañera se puede dar una coyuntura parecida. Una muchacha bonita y agraciada, generalmente tiene muchos pretendientes, eso le da opción a escoger. Esa muchacha sin duda seleccionará, a quien ante sus ojos se haya vendido mejor.
Una persona no se vende bien cuando dice mentiras y es sorprendida. Cuando no cumple con la palabra empeñada. Cuando no es responsable. Cuando no acepta sus errores. Todo este tipo de proyecciones son consecuencia de un sentimiento interior de minusvalía.
Una alta autoestima, es la base para llegar a venderse bien. Un adulto aprecia a otro, en proporción al aprecio que el candidato tiene a sí mismo. El aprecio personal, comienza en el hogar. En los primeros años de vida es la oportunidad, cuando los padres pueden ir sembrando la autoestima. Es parte de lo que se puede planificar para moldear una personalidad exitosa.
En el ejemplo mencionado, cuando el niño deja de hacerse pis en la cama, es una buena oportunidad para resaltar su autoestima. Además de mencionar que lo ha hecho bien, la madre puede responderle al papá algo como lo siguiente: “Es que Carlitos es muy inteligente y aprende todo lo que se le dice”.


Naturalmente que estos mensajes pueden ser planificados, de manera que se le dicen al niño después de haberlos analizado en privado. La personalidad de triunfador se puede moldear. Una ilustración de la manera cómo irlo haciendo es la siguiente: cuando el niño se cae y se raspa, y como consecuencia le sale sangre, el padre le puede decir: “Carlitos levántate . Tú eres muy valiente y eso no es nada”. El mensaje de ser muy valiente, queda registrado en su cerebro.
Caerse, y levantarse de un golpe recibido, es un suceso de le puede suceder al niño muchísimas veces. Si los padres aprovechan ese tipo de coyunturas para reforzar la importancia de levantarse con entusiasmo, estarán sembrando en el subconsciente de los pequeños el deseo de lucha. Ese espíritu es el que requiere todo triunfador.
Mucho más adelante un adulto que tenga grabados este tipo de mensajes, como por ejemplo, quedarse sin trabajo, es más propenso a levantarse de su situación, que otra persona que no haya recibido mensajes que lo alienten a sobreponerse,
No es fácil ser padre. Nadie nace aprendido. La reflexión previa, de las situaciones que se pueden presentar, son la base para planificar el tipo de palabras que se debe usar. Lo anterior significa que se puede reflexionar, que cada momento y cada situación, es una oportunidad para emitir las palabras que previamente se hayan planificado.
Este proceso es un camino directo para que sus pequeños comiencen a ser parte de una legión de triunfadores. Que Dios le permita a los padres y abuelos, la sabiduría para aprender, asimilar e implementar este tipo de mensajes.