POLVO DE LUZ

Por Rigoberto Guzmán Arce

De un ataúd cubierto de rosas blancas, tomé dos en marzo aquel marzo tan lejano, todo parecía como siempre, la esencia de las cosas en su núcleo, las calles con sus ruidos y los movimientos de hombres y mujeres en su dimensión.
El tiempo es relativo cuando deseamos volver a vivir momentos tristes o los de gozo al cerrar los ojos, aunque duela el corazón. Las dos flores radiantes en la tarde, su aroma inundaba la guarida, y allí entre los libros quedaste como un símbolo que no olvidaba Y los días y las noches Seguía lo cotidiano Los relojes en su frenético compás En un ciclo o calendario que era compañía como el año 2020, tocaba a la puerta los inicios del terror, todavía existían los abrazos y los besos, pero lo extraño avecinaba del oriente. Mi alma en desasosiegos, sentía el mar embravecido, en mi sangre, mis pasos. Sentí el temor ante los primeros embates y el aroma de muerte fue cada vez más fuerte de lo insólito era el sonido de un tambor de guerra frente a un invisible, pero que estaba colmando al inmenso planeta. Los sueños dulces golpeaban como barcas a la deriva, llegaron los insomnios en forma de cuervos. La civilización azotada por pandemia, por el SARS CoV- 2, rompiendo caminos del oxígeno a los seres de carne y huesos, frágiles como una flor y en las angustias y sus cuchillos de semanas nos fuimos diluyendo del púlpito otrora invencible en el año que ni mis sombras imaginaron desde niño, estaban ya en la respiración detrás de nuestro cuello, en las manos, la ropa, incesante invadiendo territorios de nariz, boca y mirada.
Las luces del sol no remediaban mis angustias conociendo la muerte a los de lejos, en otro continente, en otros mares, otros murmullos, otras ciudades de nombres extraños, después a los más cercanos a nuestro entorno, de los conocidos, ya develados con sus nombres y apellidos. Hoy mis ojos se acercaron a pesar de que mis labios estén llenos de buenos deseos, las dos rosas inertes ligeras, sus pétalos ennegrecidos, sin perfume destilan polvo. Así el año…así quedará como polvo de flor. También nosotros.
Entonces como refugio, vuelvo a la poesía, a la guarida y las letras de polvo, intensas desean ser luz, caminos de esplendor ante la incertidumbre cuando siento que las sombras recorren como estelas de tristezas, te canto, mi amor, siempre, siempre.
Ven, estreméceme en tu follaje dónde florecen sueños en la piel esplendorosa, en el bosque de árboles de besos y caricias hasta que vuelva el amanecer y se anide la luna en tu pecho, en tu pelo y en tu canto de mujer hermosa.

Eres tan linda, una dulzura de paloma llena de flores, luna coronada de estrellas. Eres una gacela en el territorio de los besos, en cada mirada tuya están las mariposas despiertas ante el asombro de tus ojos brillantes y poseídos por el Dios de la ternura. Estás hecha de constelaciones de caracoles y de vientos de colores. Una imagen tuya y el lobo despierta por la candidez de tu mirada.
Me gusta tanto cuando anochece, me brota la nostalgia sin querer queriendo, siento que se une el pasado y el presente en mi sangre y agolpan como una ola. Antes me encantaba sufrir escribiendo hasta la madrugada, cuando joven y mucha poesía en mis ojos. Caminar entre la lluvia lleno de besos. Cantar las melodías de amor en la conformación de tu cuerpo y eras el amanecer de los deseos como la llama encendida de tu luz natural, tu belleza de mujer. La noche me subyugaba, sus palabras de estrellas y la luna llena resplandecía en tu pecho. Era tan feliz porque un sueño de amor llegaba a mi vida. Al pasar el tiempo siento que el muelle de quedó sin barcas, que el mar se hizo finito y entonces ese poeta nocturnal se fue diluyendo con su bufanda negra y el color oscuro se transformó en claridad, en versos del amanecer, en manos ardientes como hijas del sol, y tu risa se llenó de palomas y campanas. Resulta extraño, nuevo, cada letra me lleva hasta ti. Sensaciones que es como el agua en mis horas inciertas para llevarme al intenso recuerdo del aroma, del sabor de tu existencia dulce, suave que es un regalo sutil como un beso.