Por: Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

Nuestros Hijos

La buena voluntad que las personas le tengan a quien demanda su apoyo, es función de dos características de la personalidad del candidato. Las características son en primer lugar, la actitud que esta persona tenga hacia sí misma, tal y como se comentó en el texto anterior. En segunda instancia, la actitud que se tenga hacia el resto de personas, entre las cuales naturalmente están las personas que puedan apoyarlo. Esta actitud se puede mencionar como “actitud ante los demás”.
La llave para obtener en la vida oportunidades es la buena voluntad, de quienes deciden. Valorarse en alto grado, contribuye a la actitud que le puedan tener los demás. El otro ingrediente para recibir apoyo, tiene que ver con la buena voluntad de quererlo hacer. Esta buena voluntad está íntimamente relacionada con la capacidad, de proyectar las virtudes personales, sin que los demás se sientan disminuidos. Un sentimiento contrario puede conducir a que se pongan a la defensiva y le hagan resistencia al candidato.
El carisma es la capacidad de influenciar a otros, para que tomen acciones en la dirección que se desea. Algunas de estas acciones están relacionadas con la apertura de oportunidades. El proceso de adquirir carisma se inicia con una auténtica actitud positiva hacia los otros. Las otras personas perciben la autenticidad de esa actitud y en esa proporción brindan o quitan su apoyo. Es mediante el trato e interacción como se dejan ver los verdaderos sentimientos, que generalmente son captados por las otras personas.
La capacidad de identificar las virtudes ajenas que tenga alguien, es captada por un buen observador. Esa identificación le permite conocer el grado de aprecio que tenga el candidato por los demás, ya que las otras personas generalmente responden con reciprocidad al aprecio recibido. En la respuesta suele suceder algo como lo siguiente: “Si tú me aprecias, yo también te aprecio”.
Aprender a identificar y visualizar con claridad los méritos de los demás, es parte de lo que todo buen “trepador de la pirámide de la vida” tiene que cultivar. Esta visión positiva hacia los otros, se proyecta por medio de la interacción. Es en el trato como aflora.
Una manera de proyectar la actitud positiva hacia los demás, se refleja en la disposición para compartir, también llamada disposición para dar. La actitud de dar resulta grata a los ojos de quien recibe, simplemente porque a todas las personas les gusta recibir. Esta actitud tiene dos raíces. La primera es la actitud generosa hacia la gente en general. La segunda es el grado de aprecio que tenga quien comparte, hacia quienes van a recibir.
Poca gente está en disposición de dar generosamente, principalmente cuando se trata de personas que no conoce a fondo. Mucho menos se está dispuesto a compartirle a quienes no se estima o aprecia.
El ochenta por ciento de las personas, está muy pegado a sus pertenencias, a tal grado que no tienen disposición para compartirlas. En general no se quiere dar nada. Esta actitud la perciben los demás. El resultado es que cuando alguien es identificado como mezquino, es rechazado. Cuando se piensa en dar, lo primero que viene a la mente es la disposición para desprenderse de cosas materiales. Sin embargo la avaricia es una actitud que trasciende el campo de lo material.
De cien desconocidos que se cruzan en la calle es difícil recibir una mirada de cariño y una sonrisa. Cuando se da un saludo, no siempre se hace con una mirada de afecto. Hay quienes hasta voltean la mirada, en el momento de estrechar la mano. Muy pocos están en la disposición de ceder un asiento.
Muchos se atropellan por llegar primero a la fila, situación que fácilmente se observa cuando se maneja un vehículo. En la salida de los trabajos muchos corren para marcar a la hora exacta, no regalando ni un minuto más de su tiempo. Pocas personas les comentan a los otros las virtudes que les han observado.
Quien tiene actitudes de este tipo, olvida que todas las personas se encuentran en una vitrina, que es observada por el resto. Los demás observan tanto la tendencia a dar, como la tendencia para retener y a veces hasta para quitar. Quienes deciden, le dan apoyo, a las personas que hacen evidente su grado de generosidad. La generosidad, o la voracidad que otros observan es un camino para venderse, o para dejar de hacerlo.
La inclinación a dar no implica que se tenga que desprender de grandes riquezas. La mayoría de las formas en que se tiene la oportunidad de dar algo es muy barato y a veces hasta gratuito. Su antítesis es la oportunidad de quitar. Hay una gama de grandes oportunidades para dar entre las cuales se encuentran las siguientes: estímulos positivos, también llamados caricias positivas, tiempo, seguridad, ayuda, consejo, información y naturalmente también se pueden dar objetos materiales.
Quien haya cultivado la inclinación para dar recibirá, a lo largo de su vida, mayores oportunidades. Quien no las proyecte no las recibirá. Es en el hogar donde comienza esa forma de actuar que se puede identificar como una siembra. Un hogar en el que se mantiene un diálogo de chismes y de ironías para con los otros, está sembrando en el cerebro y el corazón del niño un espíritu de desprecio.
Quien desprecia no puede reflejar una actitud sincera y espontánea para dar. Un hogar en donde se le haya enseñado al hijo a compartir, lo podrá mostrar con soltura. Por esas razones también en este caso, quienes quieran educar con sabiduría a sus generaciones, tienen que iniciar con la práctica de educarse a sí mismos. Es con el ejemplo como mejor se predica.