Que la covid-19 se transmite principalmente por el aire, es una realidad indiscutible a estas alturas

México. Jueves 29 de abril del 2021.- (Agencias).- Lo hace a través de los ya famosos aerosoles, que no son más que pequeñas partículas de saliva o fluido respiratorio emitidas por las personas al respirar, hablar, gritar o toser.
Aunque es evidente que los aerosoles emitidos por personas sanas no son un problema, los emitidos por personas infectadas pueden contener virus. El problema es que se mantienen flotando en el aire durante minutos u horas y, en ese tiempo, se pueden desplazar varios metros.
En ambientes interiores mal ventilados, los aerosoles de una persona infecciosa se distribuyen por todo el espacio con el riesgo de que otras personas se contagien al inhalarlos. El aire de una habitación cerrada funciona como una piscina: si hay un surtidor en la piscina que saca agua con colorante (nuestro virus), al cabo de un rato toda la piscina (nuestro aire) habrá cambiado de color. No importa si estoy cerca o lejos del surtidor: el agua estará coloreada.

¿Cómo sabemos
todo esto?

Aparte del conocimiento prepandemia de dinámica de fluidos y aerosoles, en el último año se han hecho múltiples estudios. Algunos de ellos han detectado SARS-CoV-2 infeccioso en el aire en interiores. Experimentos en animales han demostrado que existe contagio sin contacto en absoluto.
También se han estudiado múltiples eventos de supercontagio en los que una sola persona infecta a muchas que solo se pueden explicar por transmisión por aerosoles.
Incluso se ha determinado que infectarse en ambientes interiores es 20 veces más probable que en exteriores, lo cual de nuevo solo se puede explicar por la transmisión por aerosoles. La revista de salud The Lancet ha publicado recientemente un artículo que no deja lugar a dudas en cuanto a la importancia de la vía de transmisión por aerosoles.
Se sabe que las personas infectadas contagian principalmente antes de tener síntomas (presintomáticas) o sin llegar a desarrollarlos (asintomáticas). Así, se hace imposible, a falta de test de diagnóstico inmediatos, fiables y abundantes, saber quién es infeccioso y quién no lo es. Por tanto, se ha de actuar como si todas las personas lo fueran. Nos hemos de proteger continuamente.