CERCANÌA DEL VERANO 

POR: RIGOBERTO GUZMÀN ARCE  

Un junio de vorágine, de dos lluvias, una al atardecer y otra lenta durante la noche, tiempo de reflexión, detenernos un momento para escribir el diario en esta mañana fresca y llena de pájaros en la ventana. Afuera bullicio y el paso veloz de los motociclistas. Es sábado 5, número que me gusta, desperté siete de la mañana, otro número que me gusta, y estoy en la guarida. Estoy activo en las transmisiones y ando solo en Charlas Callejeras, programa en El Regional, le di otro giro ya en recorrer algún barrio o calle para dar a conocer la microhistoria, la vida cotidiana de mi comunidad. Se acercan las elecciones y qué complicado se ponen, guerra sin cuartel. Estaremos atentos mañana realizando la cobertura. Ojalá que se lleven las votaciones en calma, es el deseo de muchos. A pesar de algunas consideraciones, sigo creyendo en la fiesta democrática. Conozco a todos y espero que tengan éxito en la aceptación popular. Se va terminando la primavera y viene el verano con sus atardeceres los más preciosos del mundo, me emociona porque nacen hermosos y muy sentidos poemas de amor, por la fertilidad de la naturaleza y por los ojos de mujer, por las cadencias en su caminar y los sonidos amorosos que están presentes en mi corazón 

Cuando tengo el ánimo lo vuelvo hacer, abro algún libro para releerlo. Hay algunos desgastados y deshojados cómo desafiando al tiempo y los viajes. Juntarlos y guardarlos en cartones, cubrir travesías, casas de alquiler y amigos que se querían quedar con ellos. De lo que me da valor son los libros que logré adquirir y leer en lugares lejanos. Lo relevante es que en momentos de pobreza y lleno de juventud en lugar de comprar ropa o perfumes, compraba obras literarias, un sediento que no conciliaba el sueño y no comía bien por seguir leyendo. Un libro bajo el brazo y en mi mano en los jardines, portales, camiones, esperando el amor y las almas abiertas como mariposas o palomas. En California, Managua, México, Guadalajara, Tepic, buscando librerías, perderme y encontrarme en anaqueles, horas y horas con un gozo supremo de encontrar al autor deseado, la novela antigua, los cuentos recientes y los poemas necesarios. Muchas quedaron en el olvido, la Retes sigue abierta, extraño El Topo en el centro de Guadalajara. No concebía la vida sin leer. En mis maletas libros, en mi cuarto libros. El primer librero fue una tabla de cama sujetada con alambres y clavada en la pared, algunos de Rius y Ramón López Velarde. A los meses compré un librero con Chepe Hernández, había cumplido un sueño y de pronto se fue llenando de magias, maravillas, árboles y frutos, estrellas y lunas, de territorios abundantes y desolados. Ya instalado en la actualidad le pedí al arquitecto que necesitaba un estudio, al concluirlo busqué que colocaran libreros blancos en las dos partes indicadas y desde entonces para pensar, sentir mucho, reflexionar, escribir, leer y archivos tengo este espacio que es mi guarida para defenderme del ruidoso, del necio, del tóxico. Aquí tengo el equilibrio para seguir con raíces, para volver a empezar, para el relajamiento sentimental y más en estos tiempos azarosos. Descanso leyendo, escuchando música y jugar ajedrez. La vida continúa. Toca filmar en esta ocasión en la mañana y al mediodía. Sigo en pijama y escuchando el trinar de pájaros.  

Siempre me recuerda el verano a tus ojos lindos, los que venían con el arcoíris incluido. Las lluvias de tus besos en el atardecer de colores cambiantes porque los destinos de corazones y labios eran fundirse en el crisol más allá del horizonte. Florecientes tus palabras y las noches eran tentaciones hasta alcanzar el alba de los silencios. Amor del alma, amor despierta que el verano toca a tu puerta. Mira los senderos de gotas de rocío, los murmullos del tiempo y las luces compartidas, desde las sombras de los pájaros hasta el relámpago que enciende los sentidos. Déjame que de nuevo te lleve a mis ríos de las pasiones, al puente de piedra donde quedaron perdidas las esperanzas y con tu cesto de amor recojas la lluvia y en tus manos la vida vuelva como si fueran los primeros sentimientos. Amor, amor, despierta de ese sueño fatal que ya toca a tu puerta mi verano. El eterno, el que no me deja que me lleve la corriente del olvido y que limpia el pecado y bendigo tu rostro que desde la bruma resurge para no separarnos jamás.