PERIÒDICO IMPRESO

Por: RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

Escribir para un periódico a final del siglo XX era un sueño, una odisea, una pasión que solamente sentía en mi sangre, el mar embravecido intentando domarlo con palabras, en la secuencia de la escritura, ir delineando mis pensamientos enfrascados en las ideas e imágenes. Desde niño tenía esta obsesión escondida. De adolescente escribí para mí y las mujeres, brotaron las poesías y algunos relatos inconclusos. De joven, vinieron los diarios en cuadernos y otros en agendas, intentando seguir el de mi amigo Guadalupe alias Piupil. Eran tiempos de limitaciones para publicar, hubo intentos en revistas o periódicos regionales que no trascendieron, pero estaba latente, fermentándose el deseo cada vez más intenso. Se presentó el momento en el nuevo Meridiano de Ixtlàn, noticias estatales y pocas municipales, pero sentí necesidad de ir a solicitar un espacio por medio de una columna semanal, aceptaron. La titulé Rueda del tiempo, el trajinar de mi visión, la especie de crónica y opinión y una dosis de poesía en prosa. La escribía todos los miércoles en la mañana porque salía los viernes, el jueves era el viaje del editor a Tepic para que se publicaran las novedades. Refugiado en mi guarida libresca y enfrente de una computadora de escritorio, lograba escribir de dos a tres cuartillas y guardarla en los increíbles discos de 3 y media, así se le conocían en la papelería. Duró unos meses el periódico, era incosteable y para mí una sensación tremenda en cuerpo y lama, había logrado publicar para un periódico. Solicité a la competencia periodística colaborar y aceptaron, El Regional, así con más difusión a lo regional. De nuevo a inventar el nombre de la columna, la llamé Marquesina, como si la vida fuera un teatro o un cine.  Escribí entrevistas, crónicas, recuerdos, personajes. Durante la semana iba armando el escrito, el borrador y lo concluía el jueves, el jueves lo llevaba antes de las tres de la tarde a con el director general y corresponsal, Francisco Javier Nieves, el disco y él lo capturaba para enviar en un camión de pasajeros a que alguien lo recogiera. A los meses surgió la opción de enviarlo por correo electrónico y Francisco ya contaba con la carpeta de información y noticias y pronto iba al insólito Ciber, y mandarlo digitalmente por medio del Internet. Era un martirio porque varias veces no había buena señal y allá en Tepic rellenaban el periódico con lo que se tenía al alcance. Me atrapó en ese tiempo en la urgencia de publicar dos libros y aceptar ser parte de la administración pública municipal y dejé en pausa escribir para el periódico. Todavía estaba latente mi ardiente consuelo, me llegaron las depresiones y me dediqué a mi trabajo cotidiano de profesor de secundaria. Lamento haber desperdiciado esos años porque pude escribir más y mejor, pero no me quería repetir, escribía de manera esporádica cuentos, poesía de amor y otras dolorosas, falleció mi madre y era una tormenta sentimental, me refugié en el alcohol, quería pensar otras cosas, sentir tonterías.

Eran inevitables dos fenómenos, la comunicación estaba en una asombrosa transición, el Internet llegó como un dragón de veinte cabezas y fueron cambiando nuestros días cotidianos por la velocidad, el dinamismo social y tecnológico. El otro fenómeno: estaba mi corazón listo para volver a escribir de verdad, ya con la constante paciencia y el amor profundo a la palabra. El periódico se había fusionado como Express Regional de alcance estatal y de buen tiraje. Aquí en estos tres municipios del sur, se vendían 800.

Yo estaba feliz con mi nueva columna titulada Claroscuro, así somos los humanos, luces y sombras. Se me ocurrió escribir de mi vida, pasajes que me dejaron huella, de lo que recordaba, de las calles y de viajes y regresos. Lleno de vigor escribí Relatos de Pasión, Report -Arce, y Entrevist- Arce, en el mismo diario, haciendo malabares con mi segundo apellido. Así escribí durante años, enviando mis trabajos entre semana y el de la columna los jueves por correo electrónico con Internet doméstico y Lap Top. Llegaron las luchas incesantes entre lo gratis de leer los periódicos digitales y los impresos que se venden en los puestos, desgraciadamente el impreso perdió la batalla. Ante esta lamentable situación, yo deseaba seguir comprando el diario y leer mi columna los viernes, busqué un espacio en alguna página del Realidades de Nayarit. Todo bien, salía la columna los sábados, de acuerdo. Llegó la terrible pandemia del Covid 19 y los urgente era lo básico, la edición impresa disminuyó, terrible.

Realidades en este presente tiempo se ha enfocado a publicarlo por vía digital y en redes sociales. A mi ciudad ya no llega el periódico en físico, el voceador me comenta y me siento triste. Es doloroso saber que tengo la nostalgia por aquellos años históricos cuando leer el impreso era una maravilla, el resultante de aquellos tiempos del siglo XIX y XX se ha terminado.