ESTAMPAS EMOCIONALES

POR: RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

El cuerpo de un gato agazapado, la silueta de las orejas en estado de alerta en el follaje del ficus. Nos mira desde un techo vecino disfrazado de noche. Atrás la cúpula de la iglesia El Santuario que sus luces artificiales se van confundiendo con la natural que se acerca al ritmo de las nubes de diferente vapor y matizadas de los grises claros y negros en su recorrido para el este. Relámpagos atronadores y a la distancia de unos cuantos minutos el horizonte de las montañas oscuras llega acompañado de la lluvia. Es un viernes sentimental y me lleva a los confines de la reunión de colores, en este momento íntimo de la vida cuando mi corazón emerge en el brindis y el agua también son los cubos que enfrían las copas de licor que pronto se terminan en mis labios. La hermosura llega con la cabellera nocturnal del paisaje que se sacude la lima y nuestro gato se queda quieto ante la maravilla cotidiana de la procesión solemne y poderosa del agua. Lo que ven mis ojos se iluminan y no termina el espectáculo de las siluetas de la luz y sus sombras.

En una gran ciudad donde las luces de la noche iluminan todo, camino despacio y en solitario voy hojeando un libro nuevo. Es el año que se quedó como otros y me detengo entre la gente que corren para tomar el colectivo y otros para esconderse de la lluvia que comienza con su canto y su danza. El libro que leo por partes se llama “El silencio de la luna” de mi bien llorado y amigo José Emilio Pacheco. Me refugio en un lugar arriba de unos locales comerciales y pido una cerveza. Oscurece y saco una pluma de mi bolsa de la camisa que se me pierde entre papeles. Como si fuera una pequeña tragicomedia descubro en un balcón a los transeúntes que caminan y corren por la vida, y los edificios después de varios minutos se van quedando tristes y sombríos por la ausencia de luminosidad, parecen enormes como la agonía. Pienso en el tiempo, en los que han estado aquí y escribo algo para calmar mi corazón afligido: “el hoy es el botín tan invaluable del pasado y el futuro, una lucha sin tregua, el hoy pierde abruptamente porque lo han desgarrado su significado original…el anuncio comercial se apaga después de las nueve y es la noche que llueve, el color morado de Suburbia desapercibido para los pocos que caminan, pero mañana al caer la tarde iluminará más que nosotros cuando ya no estemos como el soplo del presente”.

Cuando menos pensamos allí está en nuestro paisaje. La última vez fue de mañana, llegó el arco de colores por la conjunción de humedad en la atmosfera, la posición terrestre. Son regalos de la vida que desde un avión se contemplaría como un círculo. De niño me iba por los caminos a los ríos tratando de revelar el secreto que donde iniciaba estaba una olla llena de monedas. A falta de obtención del tesoro escribí una poesía al amor en forma de arcoíris. Es la reunión del agua, la luz en el espacio y el ángulo exacto de 138 grados para que este bello fenómeno investigado por Isaac Newton lo tengamos en nuestros ojos y aquí lo tengo de nuevo en la multiplicación de paisajes cuando menos lo imaginamos, aparece y más en solitario. Leyendo que son extraños y difíciles de grabar a los que son cuádruples y los más extraños hasta quíntuples. Es la fiesta en su máxima expresión el espectro del rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Sólo he sido testigo de tres al mismo tiempo. Fue el martes catorce y una sensación de felicidad se apoderó Desde mi alma.

Voy en busca de las sombras de las noches largas y vinos amargos. Una burbuja de cristal, de un amanecer incierto de constantes tormentas que revela mi alma. La ventana se abre de par en par y el paisaje surge triste y solitario, luces artificiales como faros a la deriva de barcos fantasmales que la bruma los envuelve en mares ignotos. La iglesia inmóvil y la colina inundada, las casas en el abismo que troca por el sonido que lo atrapa todo como siluetas de agua de colores variados del gris.

Aunque ya son horas de alba, el reloj marca las seis y sigue el cielo en su duelo y su alegría, en el movimiento y los ciclos renovados. Desde las entrañas, una atmósfera que cubre como el capullo previo a mariposas de luces naturales que retardan su presencia me ponen nostálgico por los ayeres repentinos.

Escampa y se develan rostros del tiempo que busca irrumpir como el beso nuevo en labios lindos, en la fogosidad que la canción de la vida, contagia y viene el encuentro de la melodía eterna del blanco y gris antes que el azul domine y regresen los sonidos del tiempo rutinario. Antes que venga el deslumbrante ir y devenir del día. Antes que se pierdan las notas de canciones instrumentales en tu olvido.