RIGOBERTO GUZMÀN ARCE

                                         DULCE AGONÌA

Puede parecer una obsesión, la oscura fragancia, de una flor en el viento.  Profunda y ante extrañeza rasgando sus pétalos de sangre y cenizas. Se agolpa de forma tan suave que conozco el tiempo taciturno sigue su vuelo y en el silencio mis sentidos, sus huellas de laberinto van forjando el seguimiento. Como la ansiada lluvia o caída de hojas estoy a pesar de mis sueños confundido porque detrás de este rostro de horas en desvelo por no saber por lo lejano es que aquí estás tan cerca de mis ojos pero no imagino el corazón que late en tu pecho inocente no contemplar el horizonte o el vuelo de mis deseos en tu nido de tus manos Incierto, aquí despierto estrujado porque a pesar de mis gritos no lo escuchas ni siquiera sabes que existo que al pasar frente a ti quisiera seguir como las sombras pero soy el agua de manantial que necesito te acerques o llevarte hasta tu boca he intentado respirar cerca de ti, pero me contengo tengo miedo que siga como un fragmento, un murmullo para tu vida, estoy tan incierto como el fuego de mi habitación que ante un soplo se apague y no pueda escribirte estos versos de amor. Me cuesta la frase que abre el lugar donde se encuentra tu presencia, pero está llamando a mi sangre y es en el campanario donde existes. Temeroso me acerco no deseo causarte extrañeza ni que vueles como paloma azorada y jamás vuelva es extraño hay un sentimiento que por el instante de tu viento de tu mirada al horizonte el clarear de tu risa. En otra puerta, el portal, despertó un mundo y descubro tus lejanías y tus raíces. No concebía mi alma que un ser de siglos de luces milenarias respirara el mismo aire que yo en el instante y sus huellas de girasoles de lluvias y de estrellas se posaran en mis ojos ante la canción más bella: vivir. El agua emana la noche tiene manos súbita presencia que detienes vacilantes pasos. No es el sonido del humo ni la estrechez de tu espacio el que rompe el que sangra, no es turbiedad de insomnios mientras que fuera donde sientes ya tu vestido de flores completo. Se abraza a tu cuerpo es tu primero el que se sientes se dibuja el capullo te dejas llevar mientras la lluvia canta en cada poro del interior suave sobre todo bajo el farol se cuentan los destellos de comuniones el reflejo de tu sonrisa, el pelo que se ata al cuello tu espalda, tus muslos mientras enciendes tu propia ceremonia, beso tus pies desnudos. Por la intensidad su cuerpo busca el abrazo un fuego completo lo deseaba los besos del agua. No eran suficientes y ante la inmensidad de la noche oscura en esa esquina sintió detrás la caricia más fuerte provocadora le tomó su camisa y con sus manos blancas primero delicada reacción para dejarse seducir y sentir sus besos en el cuello y delirantes una silueta que imantaba sacudía los deseos. Solos, completos, ciño tu cintura mientras sus brazos sedientos cubrieron toda presencia quietos en la densidad las promesas quedaron en sus labios perfectos, besos ansiosos de nuevo por otros labios cuando sus ojos encontraron lluvia de complicidad para no olvidarse. Sensaciones que la suavidad llama en cada poro es representación del fuego en una pequeña caricia, sentir cuando recorriendo es la piel que se funde entre las manos compartidas con el frío y el calor se estremecen de tus labios nuevos para besos nuevos besarte con los ojos, cerrar más el espacio y la lluvia personal es de compartir la desnudez que estamos solos en el todo y en la nada solamente señales de tus sonidos que en el atardecer un horizonte de colores nos envuelve y a la luna la impregno estremecido y embriagado cuando espera tu ensueño el balcón de cortinas. Guiño de complicidad y sentirnos en la luz del amor que guardamos por tanto tiempo, seguimos inciertos palparnos, olernos, saborear, escucharnos, decirnos en el espejo profundo que descubrimos en nuestros cuerpos territorios infinitos del universo. El amanecer nos sorprende un despertar de roces de poesía de unión de piel que gusta y subyuga tu mirada me llama para contemplar la luz de tu alegría es el fulgor de latidos el clamor en cada respiración.  Eres tú la versión de violines, es amarte, diáfano sin preguntas ni respuestas entregado para sentir el despertar de la sangre como la sonrisa eterna porque basta una palabra tuya, el sonido de tu voz para encender mi hoguera si estás conmigo. Ven otra vez, estreméceme en tu follaje donde florecen sueños en la piel esplendorosa en el bosque de besos y caricias hasta que vuelva nuestra noche y se anide la luna en tu pecho en tu pelo y en tu canto en mujer hermosa eres dulzura de paloma coronada de estrellas, eres una gacela en el acontecer de los besos.

En cada mirada tuya están las mariposas despiertas ante el asombro de tus ojos brillantes y poseídos por el Dios de la ternura, estás hecha de constelaciones de caracoles y de vientos de colores. El lobo despierta por la candidez de tu mirada y volvemos a la linda incertidumbre. Esta dulce agonía. Encender juntos amor mío.